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7 4 21 

La Muerte del Tirano 

Drama en 5 actos dividido en 13 cuadros 

TERCERO DE LA TRILOGÍA 

EL SOL DE LA HUMANIDAD 

SEGUNDA PARTE DE 

LA LIBERTAD CAÍDA 



POR 



JOSÉ FOLA IGURBIDE 



BARCELONA 
CASA EDITORIAL MAUCCI 

Gran Medalla de oro en las Exposiciones de Viena de 1903, 

Madrid 1907, Budapest 1907 y Gran Premio en la de 

.Buenos Aires de 1910 

MALLORCA, 166 



°\ 



LA MUERTE DEL TIRANO 






Digitized by the Internet Archive 
¡n2013 



http://archive.org/details/lamuertedeltiran2679fola 



PEDIDOS a: 

Sociedad General Española 
de Librería. 
Ferraz, 21. -MADRID 




La Muerte del Tirano 

DRAMA EN 5 AOTOS DIVIDIDO EN 13 CUADROS 

TERCERO DE LA TRILOGÍA 

EL SOL DE HA HUMANIDAD 

SEGUNDA PARTE DE 

LA LIBERTAD CAÍDA 



POR 

JOSÉ FOLA IGURBIDE 



Estrenada con éxito extraordinario en el Teatro 

Apolo, de Barcelona, 

la noche del 4 de enero de 1913 



SEGUNDA EDICIÓN 



BARCELONA 
CASA EDITORIAL MAUCCI 

an Medalla de oro en las Exposiciones de V'iena de 1903, 
Madrid 1907, Budapest 1907 y Gran Premio en la de 
Buenos Aires de 1910 
MALLORCA, 166 



Esta obra es* propiedad de su autor, y nadit 
sin su permiso, podrá representarla, traducir]; 
ni reimprimirla. 

La «Sociedad de Autores Españoles», eslj 
encargada del cobro de los derechos de 
presentación. 

Queda hecho el depósito que marca la le;| 



ACTORES 



REPARTO 

PERSONAJES 

CATALINA, viuda del filósofo Ovaldo Padewski 
ALEJANDRA, hija del general Gurben. . 
fULIA PADEWSKI, hija de Catalina. . . 

ESTEFANÍA, doncella . , 

ROBERTO PADEWSKI, ingeniero mecánico. 

KUROK, viejo revolucionario 

GENERAL GURBEN, ministro de Rusia. . 
GUILLERMO PADEWSKI, ex capitán de 

granaderos 

PRINCIPE FERNANDO. . , . . . . 
3RGANILLERO AMBULANTE, (anciano de 
8o años), i * . t t * • . • i . . 
EXTRANJERO. . s -. . » e * . . . 
POLICÍA I. . s * . . , . . . . . 

POLICÍA II. * s 

EL DOCTOR. . i , » ,. 

UJIER 

TENIENTE FISCAL. . g 

¡AYUDANTE 

LABRIEGO I. . i > : 

LABRIEGO II. . 3 

LABRIEGO III. ... : 

CALABOCERO 

CORONEL ALCAIDE. * , . . , . . 
EMPLEADO. , i . . ..(.... 
CORONEL I. . . ; . s B í . . . . 

CORONEL II. « ¡ v . . . 

CABALLERO I. . t 

CABALLERO II. . » ....... 

SOLDADOS. 
El primer acto en Berlín, los restantes en San Pet^ersburgo. 
Época contemporánea, 

Dirección escénica: DON MIGUEL ROJAS 



Sra. 


Pujol. 


» 


Ferrer.v 


» 


Guitard. 


Srta. 


Valero. 


Sr. 


Rojas. 


» 


Carnicero 


» 


Perelló. 


» 


Delor. 


» 


Extrems. 


» 


Sanchiz. 


» 


Sierra. 


» 


Castells. 


» 


Sierra. 


» 


Mer. 


» 


Crespo. 


» 


Extrems. 


» 


Martí. 


» 


Mer. 


» 


Sanchiz. 


» 


N. N. 


» 


Crespo. 


» 


A. 


» 


Carrasco. 


3» 


Castells. 


» 


N. N. 


» 


N. N. 


» 


N. N. 



TITULO DE LOS CUADROS 



i. o Claro de luna. 

2.o El libertador cautivo. 

3-Q Los Hércules .de la Idea. 

4.a El hombre de piedra. 

5.0 La Estrella del Norte. 

6. Q El príncipe herido. 



7.° El espectro de Beatriz. 

8.0 La orden de libertad. 

9.0 Kurok desesperado. 

10 La sorpresa. 

1 1 Trágico himeneo. 

12 Al baluarte de la Libertad. 



13 Trágica muerte del Tirano. 



ACTO PRIMERO 



CUADRO 1.Q 

ila de gran tono donde se destacan numerosos objetos de arte so- 

I bre todo en pintura. Al foro galería que da al jardín. Una 

ventana a la izquierda en primer término haciendo frente a la 

salida derecha que se supone conduce a un gabinete. Puertas 

también laterales en segundo término. 



ESCENA PRIMERA ! 

JULIA - % 

I Qué destino tata adverso ! Ahora que 
mi fama de artista se ha hecho uni- 
versal... iCuando poidemos rodearnos 
hasta de los esplendor ejsj que presta el 
lujo... mi madre se muere... Se mue- 
re; sí. Inútil es que el Médico trate 
de ocultarnos la vendad. Está car- 
diaca npjs Ha dicho p¡ero esta enfer- 
medad del corazón es muy larga; 
muy laboriosa. ¡Como quien dice... 
No tiene nada. La semilla ha dado 
sus frutos. Ha ¡sufrido tanto la po- 



8 



bríq... Su coriazón &e madre $e hSs; 
visto tañíais veces torturado que a 
fin... Pasai, (nuibb de lágrimas, pasa 
(Pausa.) ¿Y¡ Roberto? Dos meses ski 
escribirnos... '¿Habrá oculto en esí 
tardanza algún nuevo dolor ? ;¿ Cuan 
do romperá esta cadenfa de desdi- 
chas ? , i 



ESCENA II 

Dicha y -ESTEFANÍA (por el foro con algunas cartas) 



Estefanía 

Julia 

Estefanía 

Julia 

Estefanía 



Julia ^ 
Estefanía 



Julia 



Estefanía 

Julia 

Estefanía 



Julia 



I S eñorita ! 

¿Llegó el correo? 

Sí, pero... 

¿No hay carta de mi hermano? 

No, señorita. Aquí están las que m< 

ha entregado el cartero para el se 

ñorito Guillermo. He repasado la 

sobres y... 

¿Ninguna de San PetersburgO!? 

Ninguna. (Deja las cartas que trae sobr 

un velador.) 

Entra; dísíelo a mi madre... Poco im 

paciente que la he dejado. Yo no mi 

atrevo. 

Tampoco yo me atrevo mucho. 

¿También tú? 

Apíenas me ve entrar en sui cuart* 

clava en mí aquellos ojos tan grande 

que tiene. Creo que la tristeza k> 

hace más: grandes todavía. 

Es el afán que siente, que no caft 

en ellos. 



— 9 



Estefanía 






Julia. 
Estefanía 



Julia 

Estefanía 
Julia 
Estefanía 



¿Usted cree que necesito decirla 
nada? No hace falta. No espera a 
que se despeguen mis labios. No. 
Extien&e con gran desaliento el bra- 
zo y exclama: — Bueno, vete... Otro 
día será... — ¡Pobre señora! ¡Pobre 
señora ! 

Sólo tu aflicción me faltaba. 
Dispénseme señorita, pierio ¡no lo &ue- 
do remediar... Me da mucha pena... 
¡Mucha penal Es una picardía que 
su hermano no escriba. 
¿Le habrá ocurrido algo? ¿Tú qué 
opinas de esa tardanza? 
¿ Qué sé yo ? (Suena dentro, en el cuarto 
derecha, un timbre prolongadamente.) 
Ya llama. La devora la impaciencia. 
Corre. 

Allá vqy. Los malos tragos, pasaír 
los pronto. 



ESCENA III 

JULIA 



I Cuál me late el corazón ! No es extra 
ño que haya enfermado' el de mi ma- 
dre. Tan rudos golpes há recibido 
que ya se niega a servir de sostén a 
la vida. Cuánto daría porque se reci- 
biera carta de mi hermano para pres- 
tarle siquiera ese consuelo. Ya vuel- 
ve Estefanía. 



— 10 



ESCENA IV; 

Dicha y ESTEFANÍA (desalentada por la derecha) 



Julia 

Estefanía 

Julia 

Estefanía 



Julia 
Estefanía 



Julia 
Estefanía 



¿ Quié ? (Interrogándola con ansiedad.) 

Hpy ápteras ¡se ha movido. 

¿No extendió el brazo como otras 

veces! ? 

Me miró y volvió a blajar; la cabeza 

bücienldjoj.,.* — ¿Tampoco? ¡Cómo ha 

de seii! 

¿Y tú? 

¿ Qué había de hacer ? ya estaba todo 

dichiq... Me retiné. Ahora sólo falta 

quie usted me dé piermiso piara ir a 

llorar a mi gabinete... Así desahogo 

mi pieria... 

¿ Quién vietne? Debe ser mi hermano. 

Sí. El '&'. (Dioe esto Estefanía desde el\ 
foro antes de hacer mutis. Luego vase por el 
foro izquierda.) 



¡ ESCENA V 

Dichas y GUIíLLERMO (por el foro derecha, acompañado de un 
empleado de casa de comercio quien trae un organillo) 



GülLL. 


Buenos días. 


Julia 


¿Qué traes? 


Guill. 


(Al empleado.) Déjalo aquí sobre está: 




mdsíta. 


Empleado 


¿Manda alguna ptra cosa el señor? 



11 



jUILL. (Dándole una moneda de 'plata.) .Toma. 

Puedes retirarte. 
empleado [Muchas gradas señorito. (Vase foro 

derecha.) 

i 



ESCENA VI 



JULIA, GUILLERMO 



¿Quieres decirme? 
Ante todo. ¿Y nue¡stra madre? 
Lo mismo. 

(Fijándose en las cartas que dejó Estefanía 
y tomándolas para mirar los sobres.) ¿ Car- 
tais? A ver. 

No tet canses. No Hay ninguna de 
Ro!b<e>rtq. 

Una nueva 1 decepción. 
Repasa lps sóbrete. Desengáñate. 
NiO¡. Noi hay ninguna. Deben haber- 
se lextraviadoi ;sus cantáis. 
¿Tantos correos? 

| Eso piensp yo... tantos corneos! E<s- 
peremojs ¡a mañana. 
Espleremos. ¿Qué has comprado? 
(Mira. (Desenvolviendo los papeles que cu- 
bren el organillo.) 

Un organillo... ¿Has comprado un 
organillo? 
¿ No lo veis ? 
j Pero, Guillermo ! . . . 
¡Muchia eis tu isprpiiqsa. ¿No p|uedo yo 
cprnptrari un oírgahillo ? 
Sí, pero... 
Voiy a satisfacer tu curiosidad. ¿No 



12 — 



Julia 
Guill. 

Julia 
Guill. 

Julia 



Guill. 

Tulia 

Guill. 



Julia 
Guill. 

Julia 
Guill. 

Julia 

Guill. 



viejne al jardín toldas las tardes 

obscurecer un pobre hbmbtfe con un 

pírganillo? 

Sí. 

¿ No Id ha caído en gracia a núes ir 

madre ? 

jAh 1 ! Sí. Sí. 

¿ No te has fijado cómo se embelesa 

oyendo la muisiquilla? 

¡Tienes razón. Castígame por torpe 

Has comprado' el organillo pjara dar! 

le un alegrón al pobre viejo. 

Ahora corríejs demasiado. 

¿ Hay más! ? 

Atiende. El pobre viejo me dijo 

otra tarde... medio llorando.— jQu< 

desgracia señorito ! ¡ Estoy desespe 

radol — ¿Y eso?, le pregunté. — Si 

señora madre me ha hecho saber su 

delsiepjs de que toque una melodía 

que se llama «Claroi de luna». Y esg 

mqloidía no está en el registro de m 

órgano. De modo que no puedo com 

placer a la péñora. 

¡ Clarpí de luna ! ¿ Aquella melodía que 

Emma tocaba al piano? 

Sí, pero no llores. Hay que ab ! rir w. 

camino eln este Mar Rojo de núes 

tras lágrimas o- suspendo' el relato* 

Prosigue Guillermo, prosigue. 

Pues bien*. Aquí está el «Claroi 

luna». 

Ya comprendo. ¿Quieres que te 

un abraco ? 

No hay ningún inconveniente. 

abrazan. Guillermo besa la frente de 

hermana,) 



d< 

d< 

(Si 

sí 



— 13 — 



j Y qué más: I | Qué mas! 
Recorrí todos los almacenes de músi- 
ca de Berlín, hasta que encontré en 
uno de ellos el precioso organillo 
con la inspirada melodía. Ahora tie- 
nes tú que adivinar lo que falta. 
En primer; lugar ese organillo es gara 
el viejo. 

Tal descubrimiento; no hace mucho 
honor a tu sagacidad. 
Ya voy cayendo. 

Poco a poco se va lejos, como dice 
un refrán. 

El organiller¡o yehdra esta tarde 
como todos, los días. 
Es de suponer. 
Entrará en el jardín... 
Tienes talento, h'ermana. 
Tocará el «Claro de luna». Y qu£ sor* 
presa tan dulce $ara nuestía madre.; 
¡ Magníf ico ! j Magnífico ! ¿ No $e coíi- 
mover á demasiado ? 
Le dijo al organillero que sería muy 
feliz... muy feliz oyéndola. 
Entonces noi hay más que hablar. 
Manos a la obra. Supongo que le 
habrás avisadoi para que venga a 
recoger ¡el órgano. 
(Consultando el reloj.) No debe tardar. 
Esta es la ¡h|ora y los pobrels son muy 
cumplidos. . 



i : : : >;.;;. -14- , • i 

ESCEiNA VII I 

Dichos y ESTEFANÍA (por el foro) 

Estefanía | Señorito ! 

Guill. t Ya ¡estáj allí. 

Julia No le detenidas. Que pa.se. (Vase Es- 

. ¿ . ¡ tefanía.) 



Julia 
Guill. 



ESCENA VIII 

GUILLERMO, JULIA 

,Ya viejas como $& alegra. 
Presumo que s$. 



OrGan. 

Guill. 

Organ. 

Guill. 

Organ, 



Guill. 



ESCENA IX 

Dichos y el ORGANILLERO (por el foro) 

¿Dan lpist señores perjmiso?, 
Ya le esperaba. Adelante, 
¿Míe híabfié retrasado? 
No se inquiete. Ha sido puntual. 
A mí que me den trabajos y fatigas, 
A todo me acomodo; pero a cum- 
plir con las pjerisjoínas nadie me gana.. 
Soy un termómetro, y eso que ya me 
tiembÜan las¡ pierna.?. 
Vamojs al caso. 



— 15 — 



Yo toe voy con usted a todas par- 
tes, ^enofrito. 

¿No me dijo que mi madre?... 
Sí sepoír,. me dijo que sería muy feliz 
oyendo el «Claro de lima». Y que esa 
anciana vale más o>roi que pesa. Sólo 
me afligen dos cosas. ¿ Las digo ? 
Dígala^ bíueln hambre. 
La jprimer¡a; que siento que se Kalle 
tan e|nfe£ma... digo*... no tanto como 
yo me figuro. La segunda es que se 
p|arece mucho a oíía santa que yo co- 
nocí, que era mi madre y casando lo 
mío con lo otro... Aquí me atasco. 
¡Voy a sacarle del atolladero. Fíjese 
e|n 'esté pírigajnillo. 

Lp vi ajpíeinajs entré y dije p^rá mi 
siayp;. Ya tenemos «Claro de luna». A 
ojo ajvizor, tampoco me ganan mu- 
chos. 

Se lo: lleva y esta tarde toca esa me- 
lpjdía desde el jardín. 
Tampoco me ha caído en saco ro- 
to... | Vaya un instrumento de rechu- 
pete ! Debe tener unas voces celestia- 
les. El mío ya cerdea como un casca- 
jo. El otro día se quedó más sordo 
que una tapia... Se está cayendo de 
viejo él pjojbbecillo, pierb así y todo 
me sa¡ca de apuras. Es el báculo. 
!d!e los oichleiita! años que llevo a cues- 
tas. ¿Le hjabrá costado un dineral?, 
No mueblo. Doscientos marcos. 
Se ljO hiato regalado a usted, señori- 
to;. Yo tengo más olfato para la mú- 
sica que un pierdo gachón. 
EEómelp y¡ arwlalndo con 'él. j 



16 



Organ. 



GUILL. 

Organ. 

Guill. 

Julia 

Organ. 

Guill. 

Organ» 

Julia 
Organ. 



Guill. 

Organ. 

Julia 



Qrgan. 

Guill. 
Organ. 



Iulia 



(Cogiendo el organillo J Flamante me lo 
llevo y flamante volverá a esta casa; 
No tengan cuidado alguno de que 
se vaya a estropear en lo más -míni- 
mo. Cae en buenas manos. Veinte 
años está en mi poder el mío y apar 
te de que cascarrea un poco y se! 
queda sordo apenas caen cuatro go 
tas> cualquiera diría que está nué¡ 
vo. Afinao si que está cuando m 
llueve. 

Esa ie!s cuenta de usted, amigo. 
¿ Cómo que es cuenta mía? 
Díselpí tú, Julia. 

Lo hemos comprado p&rla usted. Es 
un regalo que le hacemos;. 
¿Para mí? 

Sí, hombre, si. Puede llevárselo. 
■No, noi. ¿Dónde iríamos a parar; i] 
(Dejando el organiUo sobre la mesa.) 
¿Qué hace?, 

¿ Doscientos marcos y paira mí ? E: 
no es posible. Ni que fuera yp e! 
mismo Beethoven. 
Y tan posible. Cargue coln 1 ¡él. 
Mire usted que me lo llevo, señora 
De esoí se trata precisamente, de qun 
se lo lleve. Para eso lo hemos com 
prado. 

¿Es decir que por parte de ustede 
no h'ay inconveniente? 
Ninguno. 
(Tomando de nuevo el organülo jEntonce 
que venga en buena hora... Nunc, 
sable uno bastante. 'Quién había d 
pensar que... 
Esto le había caído en saco rote 



— 17 — 



Y tantoi. Juraría que anda por aquí 
la mantot de aquella noble anciana. 
¿ Ser yo dueño de este organillo ? Va L 
mojS que esto hace llorar,... Aun pp 
saben ustedes lo mejor. Sépase to- 
do... Me da todas las semanas reser- 
vadamente, diez marcos: { j Diez mar^ 
eos por una mala sonata I ! Eso no isie 
ha visto nunca. Y ahora este orga- 
nillo que acaba de salir de la fábrica. 
Me parece que Dios noi está en lo 
justo. Tantoi bien para mí y tanto* 
como le regatea la salud a esa ben- 
dita señora. Si pudiera con mi sangre 
devolvérsiela yo mismo me daría el 
tijeretazo en íaJs venas. 

Basta, que estamos todos padeciendo. 
Déjale Guillermo. Que hable cuanto 
quiera. 

¿ Puedo ya irme ? 
Cuando guste. 

¿A ver si ericen que lo hb robado? 
Pero aquí están mi cara y mis cabe- 
llos blancois. 

Y aquí estamos nosotros. 
Muchas gracias por] esta oHra de cari- 
dad. Me voy... ¡Me voy! Parece que 
estoy aquí amarrjado. y que me tiran 
desde la calle con otra cuerda. Que- 
den con, Dios. Hoy vendré un poco 
más tarde para que tengamos claro 
de luna en el jardín y claro de luna 
en el organillo. Queden con Dios. 
Que Dios, le ¡acompañe, buen viejo. 
(Vase el organillero por el foro.) 



— 18 — 



GulLL. 

Julia 



Guill. 
Julia 
Guill. 
Julia 

Guill. 

Julia 

Guill. 

Julia 

Guill. 



Julia 



ESCJEIN A X 

GUILLERMO, JULIA 

No le caHe en el pecho el júbilo quÉ 
siente. Hemos hecho la felicidad d|¡ 
un pobre. 
Para felicidad la que sentiría nuestrÉ 
madre. Yo¡ me ocultaré para atisbárv 
la. Quiero; piarticipiar] *de la agradable, 
sorpresa. Ya la estoiy viendo. Emple* 
za la música. Presta atención. Su cara 
se anima. Junta las manos. Se con- 
mueve dulcemente. Asoma una lagri- 
mifaj a sus oijos, pero sonríe con duí 
zura... Entonces yo corro a tí pana 1 
decirte... Guiller!mo. ¡Tuyo es e 
triunfo! Ya es feliz nuestUa madre. 
Sabes! pintar. 
Eso dicen. 

i Qué lástima que tanta dicha... I 
¿ Por qué se anubla tu semblante de 
eise modo? 
Hace tiempo que quierlo' decirte una 
cosa y np me atrevo. 
Atrévete. ¡Mirja si te comparendo que 
ya me haJsi entristecido. 
Luego ¿ adivinas^, también que... ? 
Que nps quedamos sin madre. 
Buen trabajo me ahorras . Temí que! 
el golpe fatal te hubiera sorprendido! 
en pieria ilusión. 
Hace tiempp que llevo clavada iesjs¡ 
espina. ¡ 



— 19 — ! 

Ya ¡estamos metidos en el zarzal. 
Baja la voz, por si acaso... 
Supongamos que;.. 
Supongámoslo. 

Cuando eso ocurra, yo... yo... Dejé- 
moslo piara otro día. 
No hace falta, Guillermo. 
¿También lq has adivinado? 
Sin querer me lo dijiste la otra taróle. 
¿Qué esi ello? Vamojs a ver. 
Piensas irte a Safa Petersburgo ¡al 
lado de Roberto. 

Sí, hermana, s¡í. Eso es lo que he de- 
cidido, 
yoi también. 
¿Tú? 

Cajla. Se oye ruido. Ya Hablaremos. 
Debe ser nuestra madre. Me voy al 
despacho a leer estas car¡tas. Evite- 
mo|S todo motivo para que nada sos- 
pjeche. 

Sí; porque es muy sagaz. (Vase Guiller- 
mo segunda puerta izquierda.) 



ESCEiNA XI 

CATALINA por la derecha. JULIA sale a su encuentro 



JLIA 

Utalina 

Itlia 

Ktalina 



rLiA 



Ven madre. Apóyate en mi brazo. 
Yo sola. Yo sola. 
¿Será ppjsiblle? 

Míralo. (Catalina toma asiento en un sillón 
que habrá muy cerca de la ventana de la iz- 
quierda.) 

Bravo. Esa ejs buena señal. Se cono- 
ce que va;s recuperando las fuerzas. 



— 2ó — 



Catalina Qiátaídme esta opresión que siento] 
en el pecho. Fortaleced mi cuerpo. 
Desvaneced la tristeza que llevo en 
el alma. Quitadme de la memoria es-j 
tas dolorosos imágenes 1 ... Y veréis 
qué pronto me pongo buena. 
¿Y por qué no se mitiga tu pena?, 
¿Y por qué no se fortalece tu cuer,-! 
po? ¿Qué miras? No hay nadie: 
Criejí que se lo¡ preguntabas al médico,] 
Te chanceas. (También eso es dej 
buen agüero!. 

Quiero; oiMdar; que estoy; enferma^ 
pero ej mal que padezco se encarga 
de recordármelo. 

Hoíy e$tás mucho mejor que aye 
Mejor que ayer siempre estoy. Com 
que está más cerca el mañana. En s 
rio, hija mía. ¿Qué dice el médico 
Que sólo sje trata de una impresión 
moral. Que en cuanto pase la primaj 
vera... Eso es; en cuanto pase la 
primavera y. . . 
Y venga el otoño... 
El cambioi de estación influye much'c 
en esta clase de enfermedades. 
Ya lo creo que influye... No dice má 
el doctor... Así que caigan las fio 
re|s... Se pongan amarillas las hojas 
de los; árboles... Se empañe el azu 
del cielo y sobrevengan las lluvias 
y los hielos... me p;onclré buena; com 
pletamente buena. 

Julia Sin ironías, madrje, sin ironías... Yí 

Verás como rjecobrariás la salud. | Oh 
Tengo esa seguridad. El corazón m 



Julia 



Catalina 
Julia 

Catalina 



Julia 
Catalina 



Julia 



Catalina 
Julia 

Catalina 



21 



Catalina 



Julia 
Catalina 
Julia 
Catalina 



Julia 
Catalina 

Julia 
Catalina 



Julia 
Catalina 

Julia 

Catalina 



Julia 



Catalina 

Julia 

Catalina 

Julia 



loi dicta; y a íníi el echazón; no me en- 
gaña. 

Al- contrario!. Tu etfes la que engañas 
al corazón. Fíjate allá a lo lejos. (Seña- 
lando a la ventana.) ¿ Qué Ve$ ? 

Nada. .. ' ' 

Mala ¡vista tiene¡s. 
I Qué veis 1 tú ? 

I Aquél camino que m pierde en lon- 
tananza, tno els el que conduce a la 
frontera rusa ? 
Sí. 

I Y no viene por allí Roberto ? Fíjate 
bien. V 

No viene, madre, no viene. 
Hartas veces me hias asegurado que 
vendría... También eso te lo dictaba 
el corazón. 

No... Noi vieíne. (Enjugándose los ojos.) 
Te dstoy afligiendo. ¡ Pobre hija mía I 
Ven. Datne un beso. 
I Maidre ajdor ada ! 

(Besándola en la frente.) Ya lo ves. Ro- 
berto no viene. Ni aun siquiera es- 
cribe. 

Ya escribirá. No creas que su situa- 
ción le permita hacerlo siempjre. Ber- 
lín no es como San Petersburjgo... 
Nosotros podemos escribir cuando se 
nos antoje $ero Roberto se encuentra 
en ptrais condicionas. 
Eso que dices ya es más razonable. 
No hlay que pierder la es^peranza. 
Si me prometieras no afligirte de- 
masiado... 

Haré cuanto pueda piara complacerte. 
Haiblai. 



— 22 — 



Catalina Me muero; Julia. Sé que me muero. 

Julia Calla:. 

Catalina ¿No me dejas teñe* ningún des- 
ajh|o$o? 

Julia Sí. Sí. Desahógate. 

Catalina No quisiera morir sin vjeM a Roberto. 
Mis pjojs se pierden como pjara ií a ¡su 
¡encuejntro pjoírj ajquel camino. ; Yerjle ! 
Contemplar su imagen adorada y mo- 

; ; ¡ rir¡ luego;... Tal ívtem mi diclia. A vo>- 

sotros piedazos de mi corazón, ya os 
tengo aquí. Sois el soporte de mí 
vida. . . Pero a él, a Roberto, no puedo 

i Verle más que con los ojos que mi- 

¡ ran hacia dentrjo. Sólo esa esperanza 

, ¡ me anima. Mi cuerpo se Halla ya tan 

quebrantado que sólo el Hilo de mi 
voluntad lo sostiene... Si yo quisiera 
Cerraría los ojos para siempre... Para 
no abrirlos jamás. 
I Madre! 

No. No temas. Quiero vivir para ver- 
le. Quiero vivir, Julia, quiero vivir. 
Pero tú no haces nada de tu parte. 
¡Tienes razón. Debo sacar fuerzas de 
flaqueza. (Levantándose,) Ya estoy en 
pie. Vamos. 
¿ Dónde ? 

Al jardín. Quierio respirar aquel aire 
embalsamado, antes de que muera 
el día. Además estoy en deuda con 
tus flores. Vamos. 

Julia ¡Que me place. VamOs. (Vanse por el foro 

izquierda apoyándose Catalina en el brazo 
de Julia.) 



Julia 
Catalina 

Julia 
Catalina 



Julia 
Catalina 



i ' — 23 — l/ : f'í/¿ í "I 

ESCENA XII 

GUILLERMO (por la segunda puerta izquierda) 

Guill. ¿Van aj jardítn? Me alegro. Debe 

sentirsie hoy más animada. Por allí 
asoman. Qué pálido está su rpstro. : 
Qué huellas tan profundas va maij- 
cando en él la enfermedad que pa- 
dece. El caj$o es que dice que el o> 
ra£ón mpi le duele... ¿Qué nerida es 
esa que noi hace daño? Ya compretor 
do... El corazón que mata es uno y 
eljque duele es otro... [Madre de mí 
vida! jAÜI El doctor. (Dice todo esto 
Guillermo desde la galería.) 



escena: xiii 

Dicho y el DOCTOR (por el foro derecha) 

■ 

Guill. Mire a la enferma. 

Doctor ¿Paseando por el jardín? Cogiendo 

íloresl Muy bien. 
Guill. ¿ Quiere usted que blajemosí 

Doctor No. iPresícindamoís hby de la visita. 

No le recordemos la enfermedad ya 

que se encuentra más animada. 
Guill. Venga aquí. Doctor. Tediemos que 

hkblaf. (Bajando al primer término.) 

Doctor Me tiene a síis órdenes. 
Guill. Séame franco. Deseaba verle para 

üeicírgel|o;, A . : ¡¡MI maidlíel 



24 



Doctor 

Guill. 

Doctor 

Guill. 

Doctor 

Guill. 

Doctor 



Guill. 

Doctor 
Guill. 



Doctor 



Guill. 
Doctor. 



¿Qué deseaba saber? 
¿ Podemos abriga;? alguna esperanza ? 
■No. 

¿Debe morir... cuando?... 
Cuando ella quiera. 
¿Coma? 

Se encuentra en tal estado que cual- 
quier causa moral deprimente basta- 
ría para rpmpieF el hilo de su vida. 
¡Me asusta. ¿Y una impresión dulce, 
aunque llena de melancolía? 
¿Qué impresión? 

¡Me explicaré, Aquí viene todas las 
tardes un |ppbre organillero. Entra 
en el jardín y le da serenata a mi ma- 
dre. La tal musiquilla la embelesa. 
El otro día le expresó sus deseos de 
0¿r una pieza muy melódica que se 
titula «Claro de luna». Esta es una 
de las piezas que tocaba al piano mi 
desgraciada hermana Emmá. Para 
abreviar 1 ... He comprado un organillo 
que tiene esa melodía en el registro; 
y esta misma tarde tendrá lugar la 
primera audición. Mi madre dice que 
sería muy feliz oyéndola. ¿Qué le 
parece? ¿Lo- considera peligroso? 
La música melódica es un sedante 
para el alma. No hay inconveniente, 
puede oiría. Aun voy a ser con usted 
más explícito. Si tal emoción atentase 
contra la vida de la enferma la muer}- 
te sería tan dulce que bien podría 
aceptarse como un equivalente... ¿Me 
comprende ?, 
Oh" Sí. 
Le dejq. Antes de que vuelva. 



25 



GUILL. 

Doctor 

Guill. 

Doctor 



¿ Decididamente ? 

Mi retirada es también un remedio. 
¿ Hastia coando ? 

Hasta mañana. (Vase el Doctor -por don- 
de vino,) 



ESCENA XIVj 

GUILLERMO 



GuiLL. 



¿Qué haces Julia? Ayúdala a subir la 
escalinata. ;.Queno quiere ? Allá vov 
yo... ¿Tampoco? ¡ Ahí Valiente. Dale 
el brazo, Julia, dale el brazo... Así. 
No comprendes que guede fatigar- 
se demasiado. 



ESCENA XV 

Dicho, CATALINA y JULIA del brazo (foro izquierda) 



Catalina 
Guill. 

Julia 
Catalina 






Julia 



Si no es por tí, subo yo sola. (Catalina 
con un ramo de fores.) 
Ya que te encuentras hby tan anima- 
da no detjesj cometexj ninguna impru- 
dencia. 

Ven, toma asiento. Restaura tus 
fuerzas. 

(Se sienta en el mismo sillón que antes ocu- 
para.) \ Cómo se han alegrado las flo- 
res al recibir mi visita ! Creían las.po- 
brecillas que ya no volverían a verme. 
Buen chasco, se hap, llevado. 



26 — 



Guill. lQué r^rno tan Klermo'so! Huelen 

muy bien esp¡s jazmines. 

Catalina iToma hijo,, toma. (Dándole una flor.) 

Guill. Muchas gracias,, madrecita, muchas 

gracias. 

Catalina Pónsíelo Julia,¡ para que lo luzca e& 
la amiericana. 

JULIA ,Cpn mil amotrleS!. (Julia le pone la flor en 

el -ojal de la americana.) 

Guill. i Magnífico! 

Julia Te cae muy bien. 

Guill. Con esta flor; y mi gallardía. jEh! 

¿Qué tal? Madre. ¿Qué tal? - 

Catalina ¿No te da nadie flores más que tu 
madre ? 

Guill. No las quiero. 

Catalina ¿ Alguna gentil berlinesa, tampoco ? 

Julia ¡Quién sabe I 

Guill. No, Julia. Mi corazón está virgen, 

cubierto con los harapos de mi anti- 
guo uniforme. Cuando eria capitán 

\ ¡ de granaderas acariciaba otfas ihi- 

: '. siomes. 

Julia '¿Será tu pecho de mármol? 

Guill. Como el tuyo aproximadamente. 

Catalina Te ha cogido, Julia. 

Julia Mi plechb es un arca que la indife- 

rencia ha cerrado' con siete llaves. 

Guill. Un botón de rosa sin estallar* 

Julia Galante estás^ Guillermo'. 

Guill. Pago mi deuda. 

Catalina Galantería por galantería. 

Guill. Hay un joven que... 

Catalina ¿Pretendiente ¡tenemos? 

Julia No hagas caso, madre. 

Catalina Ni Guillermo, ni tú. Pori lo visto no 
guiefeeis. hboerjme abjuela. 



— 27 — 



GüILL. 

Catalina 
Guill. 



Más adelante. 

Daos! prisa; gorjqule gídsumo que vais 

a llegar tarde... Muy tarde. 

jYa JíQ oyes Julia. Hay que correr: 

muchto. 



ESCENA XVI 

Dichos y ESTEFANÍA (por el foro derecha) 



Estefanía 

Catalina 

Estefanía 



Catalina 

Julia 

Guill. 

Catalina 

Guill. 

Catalina 



Dispensen; si lelsi interliuirripjo. 

¿Qué hay? 

Un señor que iptje^unta pjor el señorito 

Guillermo. Dice que trae un encargo 

de San Petersburgo. 

Debe ser de Roberto. ¡Loado sea 

Dios I ; 

No hay duda. 

Introdúcele a mi despacho. 

No. No. De ninguna maneta Guilleí;- 

mo. Recíbele aquí mismo. 

Pero, mamá, comprende que como 

se trata de... 

Ha de ser en mi presencia. Hazle 

entrar, Estefanía. (Vase Estefanía.) 



Julia 



ESCENA" XVII 

Los mismos menos ESTEFANÍA 

Podía hablar p)rímefe> con Guillermo, 
y despué£. ¿ . 



— 28 — 

Catalina ¿Tú, también, Julia?... ¿Queréis que 

ej ansia mate a vuestra madre. 
GuiLL. Cúmplase tu voluntad. 



ESCENA XVIII 

Dichos y EXTRANJERO (por el foro derecha con un cuadro 
envuelto con papeljes) 



GuiLL. Pase usted. Tome asiento'. 

Extran. No, muchas giraciaJs. Diré a pié firme 
el objeto que me trae. 

Catalina ¿Viene usted de San PeteísburgoT 

Extran. Lfógiué a Berlín ayer tarde. 

Catalina ¿ Conoce a mi hijo Roberto ? ¡ 

Extran. Muchb. 

Catalina ¿ No e& él, quien le envía ? 

Extran. Para iel caso*, es lo mismo, señora. 

Catalina >Yo sdy su madre. No extrañe el inte- 
rés que me tomo. 

Extran. La saludo con el mayor ries^peto. ¿Y, 
esta señorita? 

Julia Para cuantos me cohoceri en Alema-. 

nia soy Raquel de Selmman. Para 
usted Julia Padewski, hermana de, 
Roberto. 

Extran. Usted ya supongo que es el herma- 
no mayor. 

Guill. Para servir a usted. 

Extran. Eiste encargo paria la señorita Julia. 

(Le entrega el cuadro que trae,) De parte 

de Kurok. 
Julia j Mi cuadro! jMi cuadro 1 

Extran. Exactamente. 
JULIA (Quitando los papeles que cubren el cuadro.) I 



— 20 



El misrnd. i La libertad caída I (Besan- 
do el cuadro.) Míralo. | Madre I 
Sí. La libertad caída. 
Caída o no caída, como dice Kurok*. 
Con qué efusión le daría un abrazo. 
Le hallarían desconocido. Para des- 
pistar a la policía tuvo que desfigu- 
rarse cortándose la barba con gran 
dolor de su corazón, porque la tenía 
en mucha estima. Voy a referirles 
un caso muy extraordinario que ha 
producido una gran sorpresa. En San 
Petersbiurgoi se ha creado* un cuerpo 
especial jde pjolicía. Hará como dos 
mesqs, un foragido< dio muerte a un 
infeliz pordiosero piara roblarle unas 
monedas de pjata que llevaba. Dos 
individuos de aquel cuerpo, trataron 
de detener al miserable asesino, pero 
éste lpis arrojó al suelo descalabrán- 
doles por completo. Casualmente lle- 
gó Kurok. Cogió al blandido como 
quien coge un figurín en una tienda 
de modas, lo levantó en alto y lo arro- 
jó al suelo con tal fuerza, que allí 
quedó sin sentido. Sabedor de todo 
ello el Comandante llamó a Kurok 
y le ofreció una plaza en el propio 
cuerpo de pplicía, prometiéndole que 
sería muy pronto ascendido a sar- 
gento... Kurok, rechazó la oferta en 
pirincipiiO', mas luego, pensándolo me- 
jor... 
¿ Cómo ? 

¿ Ha ingresado en la policía ? 
Sus atenciones lleva. Se ha captado 



30 



la confianza de sus jefes y creo que 
tratan de ascenderle a teniente. 

Guill. Me deja absorto. 

Julia Algo bueno; maquina. Es muy hombre i 

Kurok. 

Catalina ¿Y mi hijo Roberto? ¿No le ha 
dado ningún encargo para su ma- 
dre ? :¿No trae ninguna carta ? 

Extran. No. No señoría. 

Gtjill. Madre. Este caballero' tendrá que ha- 

blarme de algún asunto reservado, 
y con tui pjermisbi... 

Catalina No, Guillermo. Diga que no, señor: 
le suplico que nada me oculte. Há- 
gase cargo del ansia que debe sentir 
esta pobre madre. 

Gtjill. Está enferma. 

Catalina No. No estoy enferma, pero si que- 
réis matarme, ¡acuitadme la veridad. 
Quiero conocerla por amarga que 
sea. Prosiga, señora prosiga. Me con- 
fío a su lealtad. 

Extran. No sé si debo... 

Julia Guillermo, hay que calmar la ansie- 

dad de nuestra madre. 

Gtjill. ¿Qué le ha ocurrido a mi hermano? 

Extran. No se trata de ninguna desgracia 
irreparable. 

Julia j Ah ! Entonces. . . 

Catalina Bien. ¿ Qué le ha ocurrido? 

Extran. Desapareció de San Peterjsburgo, ha- 
rá como cosa de dos meses. 

Catalina ¿ Y no se le encuentra ? 

Extran. No, señora. 

Catalina Y su amigo Kurok... ¿tampoco? 

Extran. Kurok acepta el pjuesta que ocuga en 



— 31 



Catalina 

Guill. 

^Catalina 

EXTRAN. 



Catalina 

Julia 

Catalina 

Extran. 



JULIA 
GulLL. 

¡Catalina 
Extran. 



Catalina 

fexTRAN. 
GUILL. 



la policial piara esio mismo... Para 
buscar á su hijo, como él dice, 
(i Misericordia divina! Eso es que 
le han matado.) 

No te alarmes madrie. Se habrá au- 
sentado. 

El no dejaría de escribirme sí pudie- 
ra hacerlo. 

Media una circunstancia ¡que hace 
más extraña y misteriosa la desapa- 
rición de Roberto. 
¿ Cuál ? Refiérala. 
Peroi calma tus ansias. 
Bien, sí. ya e¡scucho coft tranqui- 
lidad. ¡ 
Dos días antes, casi al borde de un 
precipicio, detuvo los caballos des- 
bocados del coche donde iba Alejan- 
dra, la hija del General Gurben. Esta 
no rodó al precipicio por el arrojo 
temerario de Roblerjto. 
Irrisión de la suerte. 
Burlas del destino. 
¿ Sabía Roberto que... ? 
No, péñora. Cuando Alejandra bajó 
del coche piara darle las gracias $or 
isa* acción humanitaria y generosa; 
diciéndole que era la hija del general 
Gurben, Roberto quedóse estupe- 
facto. 

¿Y usted cree que este hecho puedteá 
hallarse relacionado' con la desapa-, 
rición de mi hijoi ? 

Nada puedo afirmar;. Cito el caso 
como una rara coincidencia. 
Cierto que es muy extraño. 



— 32 — ¡ 

Extran. Cumplida mi misión^ les rjádo permi- 
so para retirarme. 

Guill. ¿ Permanecerá eíi Berlín algún tiem- 

po? j 

Extran. Despidámonos. Así lo exige la natu- 
raleza de los asuntos que ¡me han 
traído. Adiós señora y no pierda las 
esperanzas... Asiente sui espíritu. 

Catalina Muchas gracias, señor; muchas gra- 
cias. 

Julia Recíbalas también de mí parte. 

Extran. Adiós,, señorita. 

Guill. ¡Yo le acompañaré hasta la salida. 

(Vase el Extranjero por el foro derecha 
acompañado de Guillermo.) 



ESCENA XIX 



CATALINA y JULIA. (Empieza a obscurecer) 



Julia No hay tanto motivo piara que te afec- 

tes de ese mqdo. Tranquilízate (Pau- 
sa.) Por eso no queríamos que ha- 
Vblase en tul presencia ese extranje- 
ro... ¡Madre! ¿Te sientes peor? ¿No 
me contestas ? ¡ Dios mío ! ¿ Qué tie- 
nes ? ¿ Por qué no hablas ? ¿ Te has 
enfadado conmigo?... ¿Nada dice^? 

Catalina ¡El cuadro de la Libertad I ¡El cua- 
dro de la Libertad 1 

Julia ¿ Quieres verlo ? Aquí lo tienes pues- 

to en el caballete para que puedas) 
contemplarloi a tu sabor. (Julia coloca 
el cuadro con el caballete junto al sillón que 
ocupa Catalina.) 



— 93 — ' 

Catalina ¡Guillermo! Que venga Guillermo* 
Julia ¡ Guillermo 1 | Guillermo: I (Acercándose al 

foro para llamarle.) 



ESCENA XX 

Dichas y GUILLERMO (por el foro derecha) 



GUILL. 

Julia 

Guill. 

Catalina 

Julia 

Guill. 

Catalina 



Guill. 
Julia 



Catalina 



Guill. 
Julia 



¿Qué ocurre? 
Te llama; nueistria madre. 
¡Madre! 

iVen, Mjo mío. Aquí a mi lado, Julia. 
Aquí me tienes. 

¡Qué espantosa palidez ll r¡ Madre! 
¿ Qué es esto ? 

Llegó mi hora, hijos míos. Voy a 
morir... Aquí la imagen de la Liber- 
tad, ídolo de vuestro padre... Allá 
leí camino que se pierde a lo lejos, 
triste, S(olitar]io... Junto a mí> vosotros;, 
¡Madre,! 

¡Madre! (Dentro, en el jardín, se oye el 
organillo tocando «Claro de luna» a la vez 
que el astro de la noche ilumina los árboles 
del jardín y el grupo de los personajes por 
el reflejo que entra por la ventana.) 

¿Oís? «Clarq de luna». ¡Es Einma 
que viene por el alma de su madre ! 
Adiós!, hijos míos, adló(S. (Muere dulce- 
mente.) ¡ 

¡Ha muerto! 

.Guillexmo. ¡Yai es feliz nuestra ma- 

arel 



FIN DEL ACXQ PRIMERO 



ACTO SEGUNDO 



CUADRO II 

aposento de cárcel con una gran puerta en el foro de dos hojas 
para que, al abrirse éstas, pueda verse el fondo de la sala 
llamada del tormento con los instrumentos de tortura que se 
indican en el diálogo. Un canasto en un ángulo. Sobre una 
mesilla una linterna. Por todo asiento un banco junto a una 
mesa con recado de escribir. 



ESCENA PRIMERA 

ROBERTO 

¿Y mi madre? Estará esperando car- 
ta de sjui hijo. ¡Pobre mádi-e de mi 
vida! ¡Kujrok no debe tener, noticia 
alguna de mi paradero- La situación, 
no puede ser más grave para mí. 
¡Nuestra causa está perdida. Mis com- 
pañeros de comité, unos tuvieron que 
emigrar, otros fueron deportados y el 
resto... el r^esto... (Descubriéndose.) ¡Glo- 
ria a dos már,tireis I Antes se asalta- 
ban las cárcelels. Caíala las pajcedes..* 



— 36 - 

Se rpmpían las cadenas... Alióte na- 
die interrumpe este silencio sepul 
eral. La Libertad en Rusia, es una 
sombra. jUn cadáver!! (Pausa,) ¿Y si 
solicitara la protección de Alejandra 
la hija del General Guambien?.... ¿Nioy 
•No- Eso nunca. Mi altivez rechaza 
toda limosna piorj servicios prestado 
a la Humanidad. (Pausa.) J.Por qué 
me tendrán tanto tiempo incomuni- 
cado ? Vuelvo a mis cavüeos de todos 
los días... ¿Habrán averiguado que 
daba lección de matemáticas con ur 
nombre supuesto ? He aquí lo mái 
grave. No. No. Mis documentos s< 
hallan extendidos en toda regla. Ye 
soy Ernesto Larriviere y no Robert< 
Padewski. Me tranquilizo. (Pausa. 4 
Habrán ejnoointrado en mi domicilie 
algjo que.,, Libtrojs de ciencias exac- 
tas... Física. Geometría. Algebra. Fui 
precavido ¡pjoír.si acaso... ¡Horror 
Ahora que recuerdo... ¿Y el croqui: 
que tomé de las prisiones militares! i 
¿ dónde lo puse ? Calma. Calma. Den 
tro de la carleta. -Sí. Sí. Allí lo<d«jé 
Imperdonable descuido. Petfo no, nt 
han debido ejncoíntrarjo. El Fiscal 
me hubiera; interrogado sobre este 
punto. Mas, siendo así, ¿por qué n< 
me ppnen en libertad ? ¿ Por qué nw 
tienen encerrado en una prisión tai 
estrecha y obscura? Mi pensamiejn 
tp gira inútilmente. El caso 'es que tíc 
descubran rni nombre verdadero. D* 
Ip contrario soy perdido. Oigo gasos 
¡Debje sefl el fiscal de la causa. 



— 37 



ESCENA II 

Dicho, TENIENTE FISCAL acompañado de un Oficial y cuatro 
soldados 



Roberto 
Fiscal 



Roberto 
Fiscal 



Roberto 

Fiscal 

Roberto 

Fiscal 
Roberto 

Fiscal 

Roberto 

Fiscal 

Roberto 

Fiscal 



Roberto 
Fiscal 



¿Nueva declaración? 
No. Vengo solamente para que firme 
la ratificación de sus anteriores de- 
claraciones. 
No hay inconveniente. 
Aquí está el sumario. La ratifica- 
ción se halla ^ya extendida. Fíjese 
bien en k> que ha declarado. Esta es 
su primera declaración. 
Sí, Sí. Ya lo veo. i 

Entérese. 

No hace falta. Mi firma S(e halla es- 
tampada al pie. La reconozco. 
Su segunda declaración; hela aquí. 
Conforme. Conforme Ernesto Larri 
viere. Eso es. 

¿ No tiene nada que añadir ni quitar ? 
No señor. 

¿ Se ratifica en todas sus partes ? 
Me ratifico. 

Entonces, firme aquí; debajo de la 
ratificación ; pero léala ; primero, 
léala. 

(Lee la ratificación.) Firmado. 
Ernesto Lariiviere. Muy bien. Hay 
que cumplir con estas formalidades 
de trámite. 



38 



ESCENA III 

Dichos y AYUDANTE (por el foro) 



Ayudante 

Fiscal 

Ayudante 

Fiscal 

Ayudante 

Fiscal 



Ayudante 



Señor Fiscal. 

¿ Qué orden viene a transmitirme ?, 

I Ha declaradoi el r£o? 

Acaba* ¡de firmar la ratificación. 

Entérese de este pliego. (Le entrega 

un pliego que lee el fiscal.) 

Puede manifestar a Su Excelencia 
que serán cumplidas sus órdenes y ■ 
que esta tarde a las seis me hallaré 
en sUi despacho cojn el reo. 
Está bien. (Saludando. Vase por el foro.) 



! ESCEiNA IV, 

Dichos, menos el AYUDANTE 

Fiscal Ya lo hia oído usted. El General de- 

sea interrogarle personalmente. 

Roberto Lo celebro. Así pbdr¡é hablarle y 
acaso convencerle de que son infun- 
dadas las sospechas que han recaído 
sobre mí. 

Fiscal Por mi par¡te exp¡erimentaría una gran 

satisfacción. 

Roberto Gracias (señorj Fiscal. 

Fiscal Hállese usted listo para las cinco 

dé la tarde. 

ROBERTO Lo estaré. (Vanse todos por el foro, menos 
Roberto.) 



MUTACIÓN 



— 39 



CUADRO III 

Telón corto de bosque 



ESCENA PRIMERA 

POLICÍAS i. o y 2.Q (por la derecha) 



Policía i .a 

Policía 2. q 
Policía i .a 
Policía 2. q 
Policía i .a 



Policía 2.a 



Policía i .a 
Policía 2.a 

Policía i. a 

Policía 2.a 

Policía i. a 



El caso es que asciende como la es^ 
puma. 

Kuorok es un demonio. 
Silencio. ¡No pronuncies ese nombre. 
Es verdad. 

Aunque despedazaran tus carnes en 
el tormento |no debiera salir a i tuis 
labios. 

No, compañero. Teniendo conciencia! 
del daño que f producía me dejaría 
matar primero. Este descuido se debe 
a la maldita costumbre que se nos 
ha plegado. Tú también dijiste eai 
cierta o¡casión delante del comandan- 
te una atrocidad. 
¿Qué dije, amigo Roldoff r 
Dijiste. Ya he dado la orden al Sar- 
gento Kuiro'k, mi Comandante. 
I Mil rayos! Estaba por arrancarme 
la lengua. 

Yo me hallabía presente y; creí al oírlo 
que la tierra sé abría a mis pies. 
El Comandante no se fijaría a cauísa 
de que del Sargento Kurpk al Sar r . 



40 — 



¡gento Trepoíff; tó Va mtidi'a diferein;- 
cia. Casi vienen a sonar lo mismo. 
Desde hoy, ni siquiera te permito 
que me llames compañero. ¿No te 
llamas tú Patrik ? ¿ No me llamo yo 
Roldoff? Pues ya lo sabes; Patrik y 
Roldoff. 

También solemos equivocarnos por r 
que tampoco son esos nuestros nom- 
bres de pila. 

Hay que enmendarse Patrik. 
Por mi parte te autorizo parla que 
me des una bofetada si vuelvo a 
pronunciar el nombre de Kurok. 
Descuida, que así lo Haré. 
Con toda tu fuerza. 
Volvamos al sargento. 
Échale un galgo. No sabes que ya 
es Teniente. 

Lo dichb; la maldita costumbre. . 
¿ No te has fijado que parece un te- 
niente con todas las de la ley? 
Y nosotros. Vaya nadie a conocer 
que debajo de este uniforme se es- 
conde nuestra filiación de ciudada- 
nos. 
Policía i.q Y de conspiradores empedernidos. 
Policía 2. q ¿ Cómo se Jas habrá compuesto para 
meternos en este cuerpo de pjoliría? 
Policía 1 .Q ¿ Qué sé yo ? Es muy hombre Kurok . 
(El policía 2.® le da una gran bofetada.) 
Dame otra en la mejilla derecha; 
pero bien fuerte. 
POLICÍA 2.Q Toma.. (Dándole otra bofetada,) 
Policía i.Q Muy bien. Así escarmentaremos. 
Policía 2. Q Si por un descuido se descubriera el 



Policía 2.Q 



Policía i.q 



Policía 2.Q 
Policía i.q 



Policía 2.Q 
Policía i.q 
Policía 2.Q 
Policía i.q 

Policía 2.Q 
Policía i.q 

Policía 2.Q 



— 41 



pastel... r ¿Qué prefieres: que te de- 
porten a Siberia o que te fusilen ? 
Policía i.q Me tira más lo segundo. Entre el 
fuego y la nieve prefiero el fuego. 
El calor entona más el cuerpo. 
y del teniente Trepof f, ¿ qué harían ? 
Añicos. 

Calcula tú lo que ocurriría sí alguien 
le dijese al oído al General Gurben : 
Esíe teniente de policía que tiene us- 
ted a sus órdenes es Kurok. 
| Toma! (Dándole una bofetada.) 
¡ Otra ! (Presentándole la otra mejilla.) 
jY van clds ! (Dándole una segunda bofe- 
tada.) 

Policía 2.Q Me has hecho ver las estrellas. Ahí 
viene el teniente. 



D OLICÍA 2.Q 

Policía i.q 
Policía 2.Q 



Policía i.q 
Policía 2.Q 
Policía i.q 



ESCENA II 

üchos y KUROK en traje de teniente de policía (por la izquierda) 



KUROK 

Policía 
Policía 
Kurok 



Policía 
Kurok 



jHola, amigos! 

i.Q Enhorabuena, mi teniente, 

2.Q Lo mismo digo. 

Gracias, ¡camaradas. Ahí van un par 
de rubloís paria que echéis un trago a 
mi salud. 

2.Q Así Jo haremos. (Tomando las monedas 
que le entrega Kurdk.) 

Pero cuidado con excederle en la 
bebida. Ya debéis comprender que la 
menor imprudencia puede poner tér- 
"mino a la comedia que estamos reprfc- 
jSeíntando. No os hago esta recomen- 



— 42 



Policía 2.a 
Kurok 



Policía i.q 

Kurok 
Policía i.q 

Kurok 



Policía 2.a 
Kurok 

Policía 2. q 



Kurok 
Policía 2.a 
Kurok 
Policía i. Q 



Kurok 



ídación p<>r temor] a la muerte. Tarde 
o tempranoi todos liemos de ser fusi- 
lados, peroi el caso es que nuestro 
sacrificio resulte provechoso. 
Ya h'emois tornado precauciones. 
Hacéis bien en tomarlas. Sin adver- 
tirlo delante de los jefes, soltáis cada 
Kurok que me estremecéis de pies 
a cabeza. 

Acabamos de castigar esa maldita 
costumbre. 
.¿ Cómo ? 

Nos hemos dado "de bofetadas mu- 
tuamente. 

Ya me he fijado al llegar, que te- 
níais Jqs carrillos encendidos como 
tomates. Esto os recomienda a mis 
ojos. Vamos 1 a lo esencial. ¿Qué has 
averiguado tú, Patrik ? 
Nada, mi Teniente. 
¿Y aquel extranjero cuyas señas ca- 
saban copa las de Roberto ? 
Hice el hurón por espacio de muchas 
noches. Al fin topé con él y sufrí 
otro desengaño. 
¿ No era Roberto ? 
No, s¡eño<. 

Y tú, Roldoff, ¿qué has conseguido ? 
Valiéndome del piase que me fué en- 
tregado, eché un vistazo* por todas 
las cárcelels, y no hallé ningún sem- 
blante que se le pareciese remota- 
mente. 

Me está royendo un gusano el cere- 
bro. ¿Lo habrían matado? Vosotros, 
¿qué opináis? 






43- 



POLICÍA* ?2.Q 
KUROK 



Policía i.q 
Policía 2. q 
Kurok 
Policía 2.9 



Policía i.q 
Kurok 

Policía 2 .*> 
Policía i.q 
Kurok 



Entre la opinión de usted y Ja mía, 
no cabe ni el canto de un rublo. 
Como averigüe quién ha sido el ma- 
tador, pp¡r, (elevada que sea su alcur- 
nia, ya puede contarse entre los muer- 
to¡s. Renunciaré gustoso a la vida. 
¡Vosotros os slalvarléis! a tiempo Ya os 
pondré en condiciones de que podáis 
ganar la frontera. 
:Nia¿ señor. 
De ningún rnojdo. 
¿No aceptáis mi ofrecimiento? 
Saldremos a la calle dando vivas a 
la Libertad y combatiremos contra 
todos Hasta que nos hagan piedazosl 
Queremos perder la vida. 
El pueblo está como adormecido por 
el dolor. No seréis secundados. 
No importa. 
No impprta. 

Dadme un buen apretón. Yo creí 
que sólo había un Kurok en el mun- 
do. Adiós, compiañeros. (Vase por la 
izquierda.) 



ESCENA III 

POLICÍAS i.o y 2.0 



Policía i.Q 
Policía 2. q 



¿Qué te parece? 

Que nadie le gana ni a fuerza de pu- 
ños, ni a bondad de corazón. 
Es un niño grande. 
Roberto le tiene préocuipjado. 
Policía i.q Colmo que le llama su hijo, 



Policía 
Policía 



i.Q 

2.Q 



44 



Policía 2.& Si logra averiguar quién ha matado 
a Roberto, no quisiera encontrarme 
en el pellejo del matador. 

Policía i. o Ñi^yo tampoco. 

Policía 2.Q ¿Sigamos nuestro camino? 

POLICÍA I. q Andando. (Vanse por la derecha.) 



MUTACIÓN 



CUADRO IV 



Despacho en el palacio del General Gurben. Puertas laterales 
y al foro 



ESCENA PRIMERA 

Aparecen por el foro KUROK y el AYUDANTE 

Ayudante Espere aquí sus ór¡denes. Su Excelen- 
cia no tardará en salir. 
KUROK Muy bienw (Vase el Ayudante por el foro.) 



ESQEíNA II 

KUROK 

Estos son los pasos difíciles. He de 
habérmelas con un carácter muy du- 
ro, con el tirano de San PetetfsbWgp 



45 



como le llama el pueblo. Sí Ka mata- 
dio a Roberto, debo ir con pies de 
plomo gara averiguar la verdad gorr 
que el teriieno es muy resbaladiza 
'¿ Cómo empezar ? Aquí está lo más 
pleligroso. Encauzada la conversa- 
ción, lio quie sigue ya no ofrece tanta 
dificultad. Aquí no valen puños. Hay 
qute tener astucia. El oso no sirye 
para el caso. Quien triunfa es el zo- 
rro. Me veo precisado a mudar de 
{piel. Para eso me he cortado la bar- 
loa. Aquí viene. A cuadrarle. 



ESCENA III 

Dicho y GURBEN (por el foro) 



Hola. 

A la orden de mi Gefreríal. 
(Tomando asiento en su mesa despacho.) Le 
be mandado llamar porque tengo que 
nacerle una confianza. 
Procuraré merecerla. 
En primer! luigaf de'be uste'd saber que 
na sido ascendido a QDeniente p|Or 
mis indicaciones. 

Lo presumía^ mi general y le estojy 
muy agradecido. 

Por mis jefes, he tenido ¡noticia de 
las brillantes áptitu&ds policiacas que 
usted posee, unidas a un valor reco- 
nocido. También me han dicho -que 
tiene usted una fuerza hérjeúlea, 
Así parece, mi General. 



46 



GURBEN 



KüROK 
GüRBEN 



KUROK 



GURBEN 



KüROK 
GURBEN 
KüROK 
GüRBEN 



Ejerce admirablemente sus funciones 
persiguiendo a la gente de mal vivir ; 
pero, no se tríata de eso, teniente Tre- 
pqff . Hay que cambiar de rumbo. 
No es ésa precisamente la misión 
de este Cuerpo especial de policía 
que yo he creado. ¿Conoció usted al 
teniente I van ? 
Bastante, s^, señor, 

Era mi hambre de confianza. Mi tira- 
zo derecho. Apareció con el cuerpp 
destrozado en el fondo del preeipi.- 
cio, y aquiel crimen Ha quedado im- 
pune. De este mismo despidió h ( a 
desaparecida un cuadrio que yo tehía 
en mucha estima y aun no se sabe 
quién ha sido el ladrón. Todos estos 
hechbíS indican elaramejnte qme en 
cierto modo aun estamos a merced de 
los conspiradores. El dragón de mil 
cablezas!, aunque muy quebrantado 
ptur mis golpes, vive todavía ocuilto ; 
en süjs madriguejiaS. Aquí tiene usted 
su verdadero objeto...- ¿ Qué le pa- 
rece?- 

La opinión pjública indica como cons- 
piradores principales... No sé si de- 
bo... 

Hable usted con entera confianza. 
Este es un asunto que absorbe toda 
imi ate¡nción. ¿Quiénes son los indi- 
cador ? 

Lois hermanos Padewski. 
Buten instinto tiene la opinión. 
(No. No le ha matado.) 
También anda mezclado entre ellos 
ptro conspirador] muiy ¡BjelígUoso* 



47 — 



Ese debe ser Kurok. 
Exactamente. Se le distingue por una 
barba que, le llega hasta la mitad 
üel pechlo. 

La barba puede cortarse, mi general. 
Efectivamente. ¡Prosiga usted. 
Ese Roberto ha desáparjecido comple- 
tamente. A mí no' me ha sido posi- 
ble encontrar ninguna huella de su 
paso. Tan iejs¡ así, mi general que... 
Perdóneme Vuecencia... 
Dígalo todo, sin miramiento alguno. 
Que h ! e llegado a creer; que se le ha- 
bía quitado de en medio para asegu- 
rar; la paz de la Nación. 
¿Y cómo? 

¡Ya se sab'e cOmo se llevan a cabo es- 
tos actos. Se conduce al reo a un ca- 
mino desierto,, a media noche. Se le 
pasa a cuchillo'. Se abre un hoyo. Se 
entierría el cadáver y todo queda re- 
ducido a la sombra y al misterio. 
Conozco el procedimiento $ero no 
es aplicable en todos los casos. 
¿ De mo|do> que puedo seguir mis pes- 
quisas en busca de Roberto? 
Perdería el tiempo las timos amenté. 
¡No está en San Petersburgo. 
¿Sería una indiscreción preguntar 
a Vuecencia ? . . . 
Se lo ha tragado la Tieríra. 
(¿Lo habrá matado?) 
Procure capturar a ese Kurok si le 
es posible. ¡Debe usted olfatear su 
madriguera. 

Mi general, si yo no capturio a qse 
iKurok, no le captura nadie. 



■ — 48 — 

Gurben Para concluir;. ¿Quiere usted oHtenei 
mi confianza plena? Será revesíidí 
de cuantos poderes considere nece 
Jsariois; p¡ara llevar a cabio su cometí 
'do- En una palabra. ¿Desea suris 
tituir al teniente I van en el car^gjc 
quie éste desempeñaba? 
KüROK Reconocido a Vuecencia, mi General 

Gurben Que me place. Hoy mismo se exten 
¡deíán las órjdenes opoítuflias. Vengs 
todos los días a íeciblr mis instruía 
cióles;. 



ESCENA IV 

Dichos y AYUDANTE (por el foro) 

Ayudante Dispiénseme Vuecencia. 

Gurben ¿Por qué interrumpe? 

Ayudante Su hija la señorita Alejandría. 

Kurok (Debe haberle matado.) 



ESCEiNAV, 

Dichos y ALEJANDRA, elegantemente vestida (por el foro 

ALEJAN. Aquí estoy. (Vase él Ayudante.) 

Gurben Hija mía... Estas no son horas 1 para. 

Alejan, Bien. Bieln. Tomo asiento. 

Kurok ;Con su permiso, me reato. 

Alejan. No. ;No se retire usted. 

Gurben ¿Quién manda aquí? 

Alejan, Ahora marido yo. 



49 



¿Qué hago, mi general? 
Espere usted. Secamos lo que quiere. 
¿Es usted el teniente Trepóff?, 
El mismo:. 

Teng|o ¡noticiaos de que es usted un 
hurón. 

Un zorrp, señorita. 
Mejor todavía. Voy a ponerfle a rpfriue- 
ba. Haista ahora me lie valido del Coh 
mandante Solk, pera ¡baK! El Co* 
mandante Solk es un señor muy pan- 
zudo. [ 
Habla con más respieto, híja mía. 
Bueno. Un señor muy respetable p|e- 
rp con mucha panza. No me sirve, 
y amos al cas o. ¿Se enteró usted de 
lo que dijeron los periódicos cuan- 
do se desbocaron los caballos de 
mi coche? 

Conozco el suceso en todos sus: de- 
talles. 

¿Entonces sabrá también que un 
hombre arrojado me salvó la vida 
comprometiendo la suya? 
Sí, por cierto. 

Aquel hombre tan fuerte como gene^- 
roso, no vino a recibir- de mi mano el 
premio a que se hizo acreedor. 
Peor para él. 

Debe ser uno de esos jóvenes al- 
truistas que no aceptan recompensa 
alguna por servicios humanitarios, 
mas yo deseo pagarle mi deuda. Me 
aseguró que habitaba en San PeterjSh 
burgo, sin darme las señas de su do- 
micilio. ¡El Comandante Solk no ha 

4 



50 



GURBEN 
KUROK 

Alejan. 
Kurok 

Alejan. 



Gurben 

Kurok 

Alejan. 

Kurok 



¡pulida avleríguarjalsy. [Teniente iTre- 
pjoff, {si usted consigue averiguar; mi 
¡riaradierio (y traerle a mi presencia, 
le prometo piarla un plazo que será;! 
muy breve el ascenso; a capitán. Con 
tu piermispi p|apá. 
1 Hija I ¡ Hija l 

(A éste pas¡o voy a ser general muy 
pronto.) 
¿Nadja dice?, 

Señorita; por; hallar a ese mozo sa-¡ 
crificaría hasta mi propia existencia. 
Así se habla. Le nombro mi Tenien- 
te de Policial de confianza. Vendrá a 
mi casa toidjois los días 1 a recibir ór- 
¡denes;. 

Bueno. Bueno 1 . Retírese usted. Ya ha- 
blaremos de es¡o. 
Con su J)¡ermisí>. 
Lo dichlo Tieniebte Trjepoff . 
(Al hacer mutis.) (Me voy con la espina 
atravesada.) (Vase Kurok por el foro.) 



ESCENA VI 

ALEJANDRA, gurben 



Gurben 



Alejan. 
Gurben 
Alejan. 



Alejandra, te prjoliibb que en presen- 
cia de mis subordinados te mezcles 
en asuntos de carácter oficial. 
No tienes corazón, piapá. 
¿ Por qué dice,s éso ? 
Porque tratándose del htambre que 
salvó la vida de tu hija, debiera pa- 



— 51 



rURBEN 



recente ppoq cuanto se hiciera p^ra 
averiguiar, su paradero. 
Una cosa es el agradecimiento y otra 
los altois debieres que me impone el 
¡cargo que ejerza 

Por esoí interjvengo en el asunto ; para 
ahorrarte ese trabajo. Sigue desem- 
pieñando tus deberes. Yo me encarjgo 
de lo demás, 

No me explico un interés tan grande. 
Te lo explicarías si hubieses venido 
conmigo en el coche cuando se desa- 
bocaron los caballos. 
¿ Merece premio ? Que venga a re- 
coglerlo. / 

No lp esperes. Se trata de un joven 
valiente, arrojado... generoso. 
j Con qué vehemencia te expresas ! . . . 
Cualquiera diría al oirte, que te ha- 
bíais enamorado de ese desconocido. 
Casi,, casi, pajp[á. 

¡Diablo! Eso es todavía más grave. 
¡Haces bien en advertírmelo. Proba- 
blemente será un muchacho de hu- 
milde posición. Algún plebeyo obs- 
curo. 

Un hombre que al bbrjde de un preci- 
picio se yergue frente a unos ca- 
ballois sin freno y tierie además una 
hermosa figura, si no es un ángel o 
el mismo Dios en forma humana se le 
aproxima bástante. 
Siempre fuiste exagerjacla en tus apre- 
ciaciones. Los nervios exaltan tus 
fantasías. 

¿ Serás capaz de no cofcicederlle a esa 
acción todo el mérito que tiene? 



52 



Gurben Mas no para enamorarse de ese( 
modo. 

Alejan. No hay necesidad de que tú te ena- 

mores. La enamorada en tal caso ten- 
go que ser yo. 

Gurben Abusas del inmenso cariño que te 
profeso. Recuerda que he prometido 
tu mano... 

Alejan. ¿A quién? ¿A ese fatuo de Rosclek? 

Gurben ¿Acaso no es un arrogante mozo? 

Alejan. ¡Bah! 

Gurben ¿ No es poseedor; de una inmensa for- 
tuna? 

Alejan. ¡Bahl 

Gurben ¿ No te profesa un verdadero cariño ? 

Alejan. Bueno, pues que arriesgue su vida 

por mí, como hizo el otro.., y enton- 
ces ya hablaremos. 



ESCENA VII 

Dichos y AYUDANTE (por el foro) 



Ayudante 

Gurben 

Ayudante 

Gurben 
Alejan. 



Gurben 
Alejan. 



Con permiso, señorita. 
¿ Qué ocurre ? 
Acaban de llegar a palacio' el Fiscal 
y el prisionero. 
¡Ahi! sí. Retírate Alejandra. 
No, papá. Esto tiene más encanto de 
lo que yo* creía. En casa me aburro 
soberanamente. 

Pero hija, ¿no comprejndes, que...?! 
Dame ejse gusto. Presenciaré la es- 
cena desde la sala contigua. Me ocul- 
taré detrás de los cortino¡nes. 



53 



rURBEN Haz lo que te plazca. Que pasen. (Vase 
Alejandra por la izquierda. La mesa del 
despacho tiene que hallarse a li izquierda 
para que al entrar Roberto s& coloque a la 
derecha frente por frente.) 



ESCENA VIII 

Aparece ROBERTO custodiado por un Oficial y ocho grana- 
deros en pos del TENIENTE FISCAL 



Fiscal 

GURBEN 

Roberto 
Gurben 
Roberto 
Gurben 



Roberto 
Gurben 



Roberto 

Gurben 

Roberto 

Gurben 

Roberto 
Gurben 



Aquí está el preso mi general. (Pausa.) 
Usted dice llamarse Ernesto- Larri- 
viere de nacionalidad francesa? 
Sí, señor. 
¿Su oficio era... ? 
Profesor de matemáticas. 
Aquí está la sumaria que se h'a incoa- 
do. La he leído y he penetrado en su 
fondo. ¿ Habitaba usted en. la calle 
de San Pedro y daba lecciones con 
carácter privado? 
Así es. 

Se le imputa el delito de espionaje. Se 
hallaba usted tomando un croquis del 
Palacio imperial cuando* fué sorpren- 
dido por mis agentes secretos. 
Rechazo el calificativo. Yo no soy 
espía. 
¿Ah, no? 
No, señor. 

¿Qué interés le movía al tomar el 
croquis? i 

Un interiés pütrameüte artístico. 
Pero es el caspi que en su domicilio 



54 — 



Roberto 
Gurben 

Roberto 
Gurben 



Roberto 

Gurben 

Roberto 

Gurben 

Roberto 

Gurben 

Roberto 
Gurben 
Roberto 
Gurben 



Roberto 

Gurben 

Roberto 

Gurben 

Roberto 
Gurben 



se Ha encontrado, otro croquis. El de 
las prisiones militare^. Pase lo del 
interés artístico! por lo que respecta 
al palacio impjerial, pjero, ¿ y aquellas 
, prisiones que carecen! completamente 
de estética? 
Son arqueológicas. 
Ah', vamos¡. ¿El arte por un lado y 
la arqueología por¡ otro? 
Eso mismo,. \ 

A otra cosa. De las .averiguaciones 
que se han practicado, resulta que 
efectivamente ¡hubta en París un su- 
jeto llamado Ernesto Larrivierie,; 
Doctor ejn ciencias exactas. 
Allí cursé mis estudios. 
¿Y apr elidió el idioma ruso»? 
,Y el alemán. Me son muy famiUareís 
los tres idiomas. 
¿Ha viajado usted muchlo? 
Sí, señor. 

Se conoce que tiene usted el don de 
la ubicuidad. 
¿Por qué? 

Porque tiene dos caras, corno Jano. 
No comprendo. 

Aquí está la fotografía de su homóni- 
mo Ernesto Larriviere, de París. 
Acerqúese para mirarla. 
(Después de ver la fotografía,) (El retra- 
to de mi amigo.) 

¿Es usted ese Eirnejsto Larriviere? 
Pero, ¿esta fotografía?... 
Se h!a recibido ayer por la vía diplo- 
mática. ¿ La reconoce ? 
Este retrato no es el mío. 
¿ Entonces, cómo ? . . . 



55 — 



Roberto 

Gurben 

Roberto 
Gurben 



Gurben 

Roberto 

Gurben 

Roberto 

Gurben 



Fiscal 



Gurben 

Fiscal 
Gurben 



Roberto 



Sénior General. .D'uldb de la fidelidad 
de semejantes informacloínes* 
Nos hallamos en el mismo* caso. ,Yo 
también duido de usted. 
Digjo la verdad. 

Buenoi Vuelva a ocupar su gue;sto. 
(Roberto se aparta de nuevo , para ocupar 
su primer sitio.) 
¿ Afirma que no es espía ? 
Lo repito. 

¿Ppr qué se hla puesto pjálído? _ ; 
Cuestión de temperamento. 
Señor Fiscal, ¿la estancia donde |se 
halla recluido el prisionero, ofrece 
condiciones de seguridad ? 
Si, mi General. Es una prisión ais- 
lada en un torreón separado del cuer r 
,p0 principjal del edificio. Sólo hlay eb, 
¡esa prisión dos a$os¡entos:. Uno de 
ellos lo ocupa el prisionero. El otro 
hace oficio de sala de tortura. 
Muy bien. Ordene usted que se don 
bien los centinelas. 
Se cumplirán sus órdenes. 
Ya veremos Iqs resultados 1 que ofre- 
cen las nuevas averiguaciones que se 
están practicando* en París. Condúz- 
canle a su prisión. 

(Soy píerdido.) (Al hacer mutis. Vanee 
todos por el foro menos Gurben.) 



— 56 — 
ESCENA IX 

Aparece ALEJANDRA alborozada (por la izquierda) 

Alejan. ¡Papá! ¡Papá de mi alma! 

GuRben ¿Qué alborozo es éste? 

Alejan. ¡Ese hombre I.-. lEse hombre!... 

GuRben ¡Bien! ¿Qué ocurre? 

Alejan. Es él ¡Eis él! 

Gurben ¿Quien? 

Alejan. ¡ Mi salvador ! 

Gurben ¿Cómo? 

Alejan. El joven que detuvo 1 los caballos de 

¿¿¿i! mi coche. 

Gurben ¿Ese espía? 

Alejan. El mismo, papá, el mismo. 

Gurben Debes estar soñandov Desierta. 

Alejan. Le he reconocido perfectamente. 

Gurben Me sorprende tan rara coincidencia. 
Lo siento mucho. 

Alejan. ¿No te regocijas? 

GuRBEN ¡Buen regocijo! Se trata de un reo 

de estado muy sospechoso. 

Alejan. ¿Muy sospechoso? 

Gurben/ Sí, hija mía, sí. Me produce honda 
pena tener que defraudar tus ilusio- 
nes. Hemos capturado a un reo de 
gran entidad a juzgar! de lo que re- 
sulta de las informaciones que se 
han practicado. 

Alejan. ¿Por qué? Porque le sorprendieron 
tomando un croquis del palacio im- 
perial? Ni que hubiese atentado con* 
tra la vida del prppjo Empjerador.- 



57 — 



No desbarres, Alejandra. 
¿Le crees delincuente ? 
Y 'mucho. 

¿ No te has fijado en su noble fisono- 
mía? ¿No rilas reparado en aquella 
frente serjena? 

Sólo me he fijado en la palidez que 
cubrió su semblante señando Se vio, 
cogido; en la trampa. 
Supongo le gofrdrás enseguida en li- 
bertad. 

Estás loca sin duidaw 
¿No has oído que me salvó la vida? 
No importa. 
¿ Y eres tu mí padre ? 
Mi ¡autoridad está mas alta. 
Tu autoridad. Tu autoridad. ; Serías 
capaz de castigar; a ese hombre? 
Si se comprueba su delito, será cas- 
tigado. 

Padre, tú no tienes buenos senti- 
mientos. 
¡Alejandra! 

¿Te he ofendido? Perdóname. ¡Oh'* 
sí, perdóname l Advierte que estoy 
temblando. Todo mi ser se estreme- 
ce pensandoi en el premio que tratas 
de otorgar a mi generoso salvádori. 
I Piedad para él I Piedad pata tu hija ! 
Eres muy vehemente... Nada te im- 
portaría que tu gadije faltase a su dea 
bler y hasta se cubriese de ignominia 
sólo por dar satisfacción a tus ca- 
prichos. 

iCaprichlosl ¿Así juzgas lofe geintí- 
mientois más puros del alma ? 



— 58 — 



GURBEN 

Alejan. 

GüRBEN 

Alejan. 



GURBEN 



Alejan. 
Gurben 

Alejan. 



Gurben 
Alejan. 
Gurben 
Alejan. 

Gurben 
Alejan 



Cuestión de ¡noimlire. No discutamos 
¡por ieso>. ; 

Papá. Antes dije que no tenías bue 
nos sentimiejnto$. Ahora digo que no 
tienejs corazón. 

Vete. Vete al pfunto. i 

(Tomando asiento.) Ordena a tus salda- 
dos quie me conduzcan a un calabo- 
zo. Lue¡go haz que me sometan al 
tormento. Que despedacen mis car- 
nejs.,.. Que triture^ mis huesos. Todo 
eso me haría menos daño que tu con- 
ducta!... ¡Me has matado, padre! 
(Llora.) y 

(Maldita ¡casualidad. No es posible 
complacerla. Se triara de un reo> de 
gran imppritancia pjolítica. Acaso ;pje- 
ligra la vida del Emperador...) 
¿ No te conmueve mi llanto ? 
Me conmueve, pero no hasta el pun- 
to de hacerme olvidar, mi deber. 
Pon a ese hombre e¡n libertad. Te lo 
ruega tu hija con lágrimas en los 
ojos.. 

Imposible. 

¿ Es tu resolución irrevocable ? 
I Irrevocable ! 

Entonces, basta de lágrimas. Escu- 
cha paga. Ese joven es mi esperanza. 
¿ Vas a decirme que le amas ?, 
Me interesó desde que le vi al bajar] 
del coche para tenderle la diestra... 
Ahora al contemplar! su desdicha, 
viéndole prisionero, me ha conmovi- 
do profundamente... El interés que 
fen un princip[ioi despertó en mi alma 
ya se ha convertido en amor... 



— 59 



Pasiones r de lía juventud. Ponías 
un freno; 

Más grandes y humanas que tus pa- 
ciones; 

¿Tratas de ofender! a tu pad^e?, 
Npf. No quiero ofenderte. Si no hay 
¡sonibir^s en tui conciencia no te bí- 
teres!. , ' 
Me voy, para no escucharte. 
Te jseguiré. No te vayáis. 
¿ Qué pretendes ? 

Quiero! decir-te sin olvidar que eres 
jmi padre lp¡ quie nunca hubiera sa- 
lido de mis labios. Me vituperas p¡or 
este ¡sentimiento generoso que hace 
vibrar toda mi alma, cuando ahora 
mismo tul estás escandalizando a la 
sociedad pierjsiguiendo con; tus amo- 
res seniles a elsa Raquel. 
Calla. 

A esa alemana que ha hecho su apa- 
rición en San Peteísbuirgo como un 
astro de qpüilencia y hermosura. Tú : 
¡el hombre de Estado, el inflexible, 
el incorrupto... te has guesto a la al- 
tura de lois calaveras más licencio- 
sas' y liblertino^. 
Déjame ... j Lo mando 1 
Mitigia tui cóleíra... Serena el espíri- 
tu). Advierte que yo te hablo con la 
mayor frialdad... Yo soy! así. Has 
retorcido mi cótfazón y ahora salte 
el zuimot a mis labios, Quieío respe- 
tarte hasta el fin, pero todos tenemos 
deberes. Tul dices qtie cumpjles con el 
tuiyo. ; Yo tengo que cumplir con el 
mífQ. (Pausa J [íjuí matante a disgustos; 



60 



a una santa mujer... Esa mujer... era 

tul esposa... ¡Era mi madre l 
GURBEN Calla. Calla, (Agarrando a su hija de mala 

manera por él trazo,) 
Alejan. {Suelta, que me haces dañol [Qué 

afición le tienes a la tortura! 
GuRBEN Di cnanto tdngas que decir. Acaba. 
Alejan, Estabas auseinte^.. ,Yo reciba cuando 

murió su último suspiro. La cerré 

los ojos... La di el postrer adiós... 
i La ¡despedí en la sepultura... He ¡guaír 

dado el secreto en mi corazón... 

¿ Sabes lo que me dijo al morir ? 
GuRBEN ¿ Qué ? . .". ¿Qué te dijo ? - 
Alejan. «jTu padre me mata, hija mía! » 

GuRBEN ¡Maldición! (Déjase caer en un sillón 

cubriéndose el rostro con las manos.) 

Alejan. (Casi ai oído de su padre jSi aun te inspi- 
ro; algún afecto... Si mi dicha te in- 
teresa tanto como esa Raguel a quien 
tratas de hacer; tui querida, concéde- 
me la gracia que te pido. La libertad 
del prisionero;. Mataste a la madree, 
no mates también a la hija. Adiós. 

GuRBEN ¡Alejandra! (Poniéndose de pie con acen- 

to imperativo^) 

Alejan. ¡ La libertad ! . . . ¡ Padre ! . . . ¡La li- 

bertad ! . . . (Casi al hacer mutis desde el 
foro, $or donde desaparece.) 



FIN DEÍL ACTO SEiGUNDO 



i íioj ulqrnuo 



ACTO TERCERO 



CUADRO V 

Sala muy opulenta con salidas al foro y laterales 



ESCENA PRIMERA 

JULIA (vestida con exquisita elegancia) 

X Cuánto tarda Guillermo I La intran- 
quilidad me pone nerviosa,., j Ay de 
¡nosotros si alguien, le reconociera I ,.. 
Pero se ha transformado por com- 
bleto... Además se tila teñido el ca- 
bello... Espi ha operado un cambio 
completo en su fisonomía... No hay 
nada en su persona que denuncie 
al antiguo Capitáh de j^ranadetfos.,,. 
Ya está aquí. 



GUILL. 

Julia 

Guill. 

Julia 

Guill. 
Julia 

Guill. 

Julia 

Guill. 

Julia 
Guill. 



Julia 
Guill. 



Julia 
Guill. 



— 62 — 
ESCENA II 

Dicha y GUILLERMO (por el foro) 



Vuelvo» como hJe salido. 
¿Nada lograste averiguarj? 
Nada. 

í Qué habrá sido de nuestro her 
mano? 

<i Qué sé yo ? 
¿Has hablado con alguno de sus an^ 
tiguos compañeros ? 
Han sido fusilados la mayor parte. 
¿Y el Comité? 

Tuvo que disolverse. La desbandada 
ría sido gieneral. 
¿Ya Kurpk,; no le has visto ? 
Tampoco^ ¡pero ya le hallarle. Fué 
en mí una gran torpeza no Haberle 
preguntado al extranjero* que nos vii 
sitó en Berlí[n r el nombre que ha de- 
bido adoptar Kurok para ingresai 
en el cuerpo' de Policía. Calezco de 
datos para orientarme. Además ten- 
go que ir con pies de plomo... No me 
hallo tan desfigurado como yo creía* 
¿Te hlan reconocido? 
No te alarmes. Al doblar una esqui 
na me hallé cara a cafa con mi anti- 
guo jefe, el comandante de grana- 
deros. 

Válgame Dios. 

Repito que no' te alarmes. Yo seguí 
impertérrito mi camino, pero el co- 



— 63 



maridante se detuvo y oí perfecta^ 
mente £u exclamación. 
¿Qué djo? 

Se parece a Gtoüleijino. 
Tienes razón. Debes ir con pies de 
plomo;. 

Tentaciones me dieron de retroceden 
para decirle: jYo soy, mi coman- 
dante ! 

¿Estás loco? [ 

Tengo* la seguridad de que me hu- 
biera dado un abrazo. 
O te hubiera llevado preso. 
No, querida hermana. En la milicia 
hay también caballeros quie antes se 
(dejan matar que cometeri una felo- 
nía. El Cpmandahte es uino Be esos 
caballeros. i' 

Si por desgracia somos descubiertos, 
no vaciles, Guillermo; mátame. Pre- 
fiero perder; la vida antes que verme 
en ¡aquel doloroso trjance que arre- 
biato la existencia a nuestra infeliz 
jhermana!. 

Moriremos ¡matando. 
Cúmplase nuestro destino. Despidá- 
monos desde ali'ora, por si no pudié- 
ramos hacerlq en la ocasión suprema. 
(Le alarga la mano que Guillermo estrecha 
conmovido.) 
Despidámonois,. 

Hasta más allá de la muerte, Gui- 
llermo. 

Hasta más allá de la muerte, Julia. 
Ya se ha; serenado mi espíritu. ¿ Has 
leído algún periódico? 
Muichjos, 



64 — 



Julia ¿Traen incienso? 

Guill. ¡Todos hablan de la hermosa alema- 

na: de 'Raquel de Schumann. Uno de 
ellos te llama la Estrella del Norte. 

Julia He ¡conseguido mi objeto. El Prín- 

cipe Fernando se ha prendado loca- 
mente de mí.., ¿Y Gurben?... 

Guill. ¿Ya le has fascinado? 

Julia Como al otro. La hermosa serpiente 

se va enroscando en su corazón. 

Guill. Te admiro Julia. ¿ Quién te ha dado 

esas artes? 

Julia Han salido del fondo de mí voluntad. 

Querer es poder... El déspota ya ha 
caído a mis pies pjero no bañado en 
sangre todavía. 

Guill. No manches tus manos. Cuando 11er, 

gue el momento yo aplastaré a la 
víbora. 

Julia Ni tú, ni yo. 

Guill. ¿Quién ha de ser? 

Julia El Príncipe Fernando. 

Guill. Eres diabólica. 

Julia Ellos, los grandes, los fuertes... los 

pjoder osos... ocasionaron nuestra des- 
ventura... Ahora que se "destruyan 
ellos. 



ESCENA III 

Dichos y UJIER (por el foro) 



Ujier El Príncipe Fernando. 

Julia Que pase. (Vas* el ujier.) 



— 65 — 



ESCEINA IV 

GUILLERMO, JULIA 

Julia Vete Guillermo y no olvides nunca 

que eres mi secretario particular. 

Guill. Cuidado 1 , Julia. 

JULIA Nada temas. (Vase Guillermo por la iz- 

quierda.) 



ESCENA y 

DicÜa y el PRINCIPE (por el foro) 

Príncipe ¿ La encuentro sola ? j Cuánto me 

place ! 
Julia ¡AbJ! Mi querido Príncipe... ¡Quién 

sabe si noi lo estoy tanto como parece ! 
Príncipe Diga que ¡estaba pensando en mí... 

Oh 1 , dígalo, encantadora Raquel. 
Julia Qué lástima tener que decirlo... : No. 

No pensaba en usted. 
Príncipe Me agrada esa franqueza. 
Julia Sobre la mentiría... 

Príncipe En cambio yo voy a demostrarla _que 

su recuerdo np' se separja de mí. 

(Abriendo un estuche que trae, conteniendo 

un collar.) 
Julia ¡Hermoso collar! ¿Todavía hay di- 

nero paila corngrar tain ricas joyas ?. 



66 — 



Príncipe 

Julia 

Príncipe 

Julia 

Príncipe 

Julia 

Príncipe 

Julia 



Príncipe 



Julia 

Príncipe 

Julia 

Príncipe 

Julia 

Príncipe 

Julia 

Príncipe 

Julia 

Príncipe 
Julia 



No tan valio&as como usted merece. 
Lie ruego que la acepte. 
¿Es para mí? : 
Claro. 

I Oh; Principie! 

¿Hizo< un mohín de disgusto? 
De contrariedad. 

¿Noi le agrada esta' joya? Compraré 
otra de más valor. 
No me hia comprendido. Obséquieme 
usted con flores no con joyas... Ga- 
nará a mis ojoís mucho más. ¡Las flo- 
res son más generosas que las perla&í. 
Nos ofrecen su natural hermosura 
desmteresadamente... Las perlas!, no. 
Palabra de honor, Raquel. Conste 
que mi obsequio no envuelve ningún 
conrpro¡rniso. 

Lo sé principie,, lo s r é. Líbreme Dios 
de creer; que trata de comprarme. 
I OH; no! 

Amor mercenario... 
Con usted, jamás. 
Le encuentro muy razonable. 
Suya es la joya. 
:No. 

¿No la acepjta? ¿Me desaira? 
Vamos por partes: ¿Cuál es su ob- 
jeto ? *¿ Agradarme ? 
¿Quién lo duda?, 

Pues bien, a mí me agrada mucKb 
más un bben deseo que una al- 
haja... Acepto el primero. y rechazo 
la segunda. Si esto le contraría, en- 
tonces:, Habrá collar 1 , plegó rio agrado. 
¿Qué prefiere? 



— 67 — 



Príncipe 

Julia 

Príncipe 

Julia 

Príncipe 

Julia 

Príncipe 

Julia 

Príncipe 

Julia 

Príncipe 

Julia 



Príncipe 
Julia 

Príncipe 
Julia 

Príncipe 
Julia 
Príncipe 
Julia 

Príncipe 

Julia 

Príncipe 

Julia 

Príncipe 

Julia 

Príncipe 



Retiro- el collar. Me ha convencido 
usted. Vale más un ramo de flores. 
iMuchfo más. 

No tanto como... ; 

¿Por qué se detiene? 
No me atrevo. 

Atrévase. [Tiene mi indulgencia. 
¿Sí? ; 

Plenaria. 

No tanto como un beso. 
En la mano* Bese usted. 
¡Ah! j Raquel, Raquel! (Besando la 
mano que le ofrece Julia.) 
(Retirando la mano.) Basta. Los besos 
tienen alas... Son como las maripo- 
sas... primero se posan en una ma- 
ta de musgo... 
Y luego... luego... 
Esto son metáforas... No lo dije paila 
que me cogiera en semejantes redes» 
Acabe la frase. 

Luego en el capullo sin abrir de al- 
guna rosa, por ejemplo. 
Estoy viendo la rosa. 
Ja, ja, ja. "1 

Ya no es capullo sin abrir. 
¡Tengamos seriedad. Déme alguna 
noticia. ¿Qué hay de nuevo? 
Pero, ¿ocurre algo en el mundo, 
fuera de aquí ? 

¿Adulador Jiasta ese extremo? 
Yo sólo pienso en una cosa. 
_¿Y no le queda tiempo para pensar 
en otra? 

No. ¿Quiere saberla? 
Se tiene interés porfío que se ignora. 
De modo, que... 



— 68 — 



Julia Me gusta vivir en él pensamiento 

ajeno pero no con tanta exageración. 

Príncipe Cruel. 

Julia Loi de siempre. Primero la joya, des- 

purés el bespi... luego* la esperanza y 
por último el rleprocnfe. 

Príncipe Noi valga la fíase. 

Julia ¿ Ya no soy cruel ? 

Príncipe Noi; por el contrario, digo que es 
piadosa, magnánima, indúlgeme. 

Julia Así nunca reñiremos. 

Príncipe ¿Le pesa? 

Julia ¿Pesarme?... No, príncipe, no. 

Príncipe Llámeme Fernando. Fernando a 
j&ecas. 

Julia Bueno; pues Fernando. 

Príncipe Así, no. 

Julia Usted quisiera que le llamase ¡Fer- 

nando ! ¡ Fernando' ! 

Príncipe ¡Así. Así! 

Julia No puede ser. 

Príncipe ¿Por qué? 

Julia Porque parecería que estábamos re- 

presentando «La Dama de las Ca- 
melias». Paso lo sentimental; pero 
no lo cursi. 

Príncipe Me ha vencidoi. Tiene más talento 
que yoí. ¿ Quién fué su maestro ? 

Julia ¿ Mi maestro? El dolor. 

Príncipe Se ha conmovido. 

Julia Un poco de rocío del alma piara el 

recuerdo de mi padre. 

Príncipe Un fdescubrimientoi a¡cabb de hacer. 

Julia ^ ¿ Cuál ? 

Príncipe Ya sé por qué no acepta el collar. 

Julia ¿Por qué? j 



69 



Príncipe 

Julia 
Príncipe 
Julia 
Príncipe 



Julia 

Príncipe 
Julia 

Príncipe 
Julia 



Príncipe 

Julia 

Príncipe 

Julia 

Príncipe 

Julia 

Príncipe 
Julia 



Porque valen mucho más las perlas 
quie brotan de sus ojos. 
Ésa frase noi le ha salido: mal. 
¡ Raquel ! j Raquel ! 
Volvemos a lo cursi. 
Cuando' la vi en la ópera, dije... Es 
cpmo i muchas. Luego al hablarla, 
p¡ensé. Es como* pocas. Ahora digo, 
que es usted como' ninguna. 
Eso se parece a un memorial. ¿Qué 
desea? ¡ > 

Que acepte la joya. 
Todo ¡puede arreglarse. ¿ Cuánto le 
ha ¡costado? 
Cinco' «nil rublos. 

Aquí en San Petersb'urgo hay mu- 
chos 1 £>¡o!bíres. Repartiremos entre ellos 
esa cantidad. 

Pero Raquel... ¿ Qué Harán los po- 
bres con tanto dinero? 
¡Oh, Príncipe I 

¿ Habré dicho alguna totntería ? 
Casi, casi. 
Soy un mentecato'. 
El error de usted depende de que el 
dinero^ está mal repartido'. 
No se hable más del asunto. 
Así me gusta. 



— 70 — 



escena yi 

Dichos, UJIER (por el foro, anunciando) 



Ujier Su Excelencia. 

Julia El General. Que pase. 

Príncipe Gurben. Este viejo que me molesta. 

(Vase el Ujier,) 



ESCENA VII 

Aparece GURBEN (vestido de paisano con muy afectada elegan- 
cia. Trae un pequeño ramo de flores) 



GuRBEN ¿ Interríuimppi ¡algún diálogo intere- 

sante? 

Julia Pase usted, mi querido Gurben. 

GuRBEN Salud, principie. 

Príncipe Bienvenido. (Secamente.) 

Gurben Como conozco su vocación . . . (Ofrecién- 

dola el ramo que trae.) 

Julia Lindo ramillete. Me van a llamar la 

reina de las flores. 

Gurben Ya dicen que es usted la Estrella 
del Norte. 

Julia (A Fernando.) (¿Sabía usted eso? Lo 

traen los periódicos.) 

Príncipe No. No lo sabía. No los leo. 

Julia General. Permita que regale al prin- 

cipie una de estas flores. 

Gurben Con pnuichb gusto. 



— 71 



Príncipe Gracias, Raquel. (Julia coloca la flor 

en el ojal de la americana del príncipe.) 

Julia Esta ¡es muiy linda. Fíjese, príncipe. 

Príncipe Yo no veo la flor... veo la mano. 

JULIA (Después de ponerle la flor.) No hablemos 

de pie. Sentémonos. (Se sientan.) Nada 
hay que me guste tanto como estas 
pierias de la Naturaleza que tienen a 
Dios, por joyero... Usted,, General, 
me comprende. Le nombre mi jardi- 
nero mayor. 

GuRben Me enorgullece ese nombramiento. 

Tendrá usted flores todos los días. 

Príncipe Al General le comprende todo el 
mundoi y al que no tiene esa penetra- 
ción lo manda a la Siberia. 

GuRBEN Hay un camino más corto. Allí hace 

mucho fríp<. 

Julia ¡ Tanto como a mí me gustan los paí- 

ses nevados ! . . . Mándeme a la Sibe- 
ria, General. 

Príncipe Conspire, y verá qué pronto... 

Julia ¿ Sería capaz de hacerla ? 

Gurben No. 

Príncipe Desconfíe usted Raquel. El General 
¡es de piedra. 

Gurben No sería capaz. Siento^ tener que con- 

trariar al principie. 

Príncipe ¿Si yoi fuese el conspirador? 

Gurben En ese caso no hky duda. 

Julia El principie no conspira, ni sable nada 

de lo que ocurre en el mundo. Acaba 
de decírmelo. 

Gurben No tendrá tiempo. # 

Julia Ja, ja, ja. 

Príncipe Gracias, General. 

Gurben ¿ Por qué me da las gracias ? 



72 — 



Príncipe Porque merced a su ingenio acabo 
de ver de nuevo> el capullo de la rosa. 

Gurben ¿ El capullo de la rosa ? 

Príncipe ¿Le revelamos el secreto, Raquel? 

Julia No hay inconveniente. 

Gurben ¡ Ah 1 i Ya comprendo. Se ha quedado 

usted corto, querido príncipe. 

Príncipe ¿Cómo! que corto? 

Julia Expliqúese. 

Gurben Algo hay más hermoso que un car 

pullo de rosa. 

Príncipe ¿Más nermpsoí? Imposible... ¿Qué 
hay más hermoso? 

Gurben Dos capullos de rosa. 

Julia Bravísimo', General. 

Gurben La galantería no' está reñida con las 

armas aunque al príncipe no le aco- 
mode. 

Príncipe Me batiré en, retirada. - 

Gurben Como> quiera. 

Julia Pido la paz para entrambos comba- 

tientes. Coinviértase el capullo de rosa 
en ramo de olivo. 

Príncipe El ramo de olivo para el General, 
para mí el capullo de rosa. 

Gurben En todo arrjeglo de paz, las condicio- 

nes las impone el vencedor. 

Príncipe Me batía en retirada peroi he tomado 
la ofensiva. 

Julia Hablemos de otra cosa. La otra no- 

chle hicimos comidillas de salón. Ha- 
blóse de qué usted a pesar! de sus nu- 
merosas Falanges de cosacos y policía 
a sus órdenes no ha podido apoderan 
se de cierto famoso conspirador^ 

Gurben No ¡soy invencible. Confieso mi de- 



— 73 — 



Julia 
Príncipe 
Julia 
Gurben 

Julia 



Gurben 
Príncipe 



Gurben 

Príncipe 

Gurben. 



Príncipe 
Julia 



Gurben 
Príncipe 



rrota. Supongo que debieron referirse 
,a Roberto Padewski. 
¿Lo recuerda usted, principie? 
Efectivamente. ¡Ese es süi nombre. 
¿ No se tiene noticia de su ^paradero ? 
Todas* mis tentativas para atraparle 
lian resultado infructuosas. 
Pero, ¿ dónde se oculta ? ¿Por dón- 
de anda ? 

Esa es la incógnita. 
También se habló de que Su Ma- 
jestad le había pfrecidoi a usted el 
mando implerial del .Ejército _que oj]ie- 
ra en la Malnchuria... ¿Eso és cierto, 
General ? 

Np, principie; no es cierto. Prefiero 
egtas batallas de fipires. Aquí la vic- 
toria se consigue más fácilmente., 
Lo siento porque abrigo la seguridad 
jque usted en, la, Manchuria se cubri- 
ría de gloria. 

¡Su (Majestad el Emperador!, no me 
ha hecho indicación alguna sobre 
este particular;. Allí guerrean muchos 
jóvenes de apellido ilustre, príncipes 
.algunps de ellos,, que prefieren, ha- 
ciendo' honor a su patria, las penali- 
dades de la campaña, a las dulzuras 
y comodidades que ofrece la corte. 
Ya veo que dispara con bala rasa. 
Hay que ponerse en lo justo, ptrín- 
cipe. Cuando* el General vayu a la 
Manchuria piara cubrirse de gloria, 
puede usted acompañarle. 
Magnífico 1 , Raquel, magnífico. 
(Levantándose.) Completamente derro- 
tado. 



— 74 — 

Julia ¿Nos deja usted? 

Príncipe Se agotaron todos mis recursos. (Con 
sultando su reloj.) Además, advierto que 
triemos pasado el tiempo "deliciosas 
imente. ¿ Me acompaña usted, Ge- 
neral ? 

Gurben Con mucnb gusto. 

Julia Como quieran- Hasta otro día. Adió\ 

General. (El General besa la mano que le 
tiende Raquel.) 
PRÍNCIPE Adiós, Raquel. (Disgustado.) (Vanse los 
dos -por él foro:) 



ESCENA IX 

JULIA 



Se van despechados... El príncipe 
sale con los ojos encendidos. Se des- 
pidió sin darme la mano. Se conoce 
que le ciega la ira. ¿Y Gurben? Aquí 
puso< sus labios. El bbso que estam- 
pó en mi mano, me produjo el mismo 
efecto que si me hubiesen aplicado 
en ella un bo'tóm de fuego... Hay que 
seguir representando la comedia.., 
(Dentro rumores.) ¿ Quién habla tan re- 
cio? Deben ser ellos. ¿Y ese golpe? 
Una bofetada. No> han ppdido conte- 
nerse. 



— 75 — 
ESCElNA X 

UJIER (por el foro) 

Sleñorita.... 
¿Qué hJa ocurrido? 
Un suceso muy lamentable. El prín- 
cipe le ha dado una bofetada al Ge- 
neral. Este le agarró po^ el cuello, 
mas se contuvo diciendo. — Somos ca- 
balleros. No luchemos como los mo- 
zos de cordel. — Luego acabaron de 
bajar la escalera diciendo. — I A muefr 
te! ¡A muerte 1 
Enterada. Puedes inte. (Vase el Ujier.) 

■ .-i 
ESCENA XI ¡ 

JULIA * 

Terminó la comedia. Ha empezado 
el drama. En tí confío, Fernando. 
Sírveme de instrumento de justicia. 
Cuando te veas delante de tu rival, si 
es con arma de fuego, apúntale a la 
frente. Derríbale. Y si es con espada 
o ¡florete, atraviésale el corazón. ¡Si 
mueres en la demanda, ya llevaré 
yp ílofces a tu sepultura, bañadas con 
la sangre del Déspjota. j Mátale Jsín 
vacilar I jA fondo! ¡A forido! (Vaae 
por la izquierda.) 

MUTACIÓN i 



— 76 



CUADRO VI 

Telón corto de bosque 

ESCENA PRIMERA 

Sale LABRIEGO i.o por la derecha y se dirige a la izquierda 
para hacer señas a LABRIEGOS 2.a y 3.a 

Labr. i A jE'híl ¡Venid! {Venid acal Quie rea-' 
cios estáis. Dejad la faena por unos 
instantes. Venid. 



ESCENA II 

Dicho y LABRIEGOS 2.Q y 3.0 (por la izquierda) 



Labr. 
Labr. 
Labr. 


2.9 
1.9 


Labr. 


2.9 


Labr. 
Labr. 


1.9 
2.9 


Labr. 
Labr. 


1.9 

3. Q 



¿ Qué quieres ? 
¿ Por qué nos llamas ? 
Mirad hacia aquella parte. (Señalán- 
doles la derecha.) ¿Qué veis ? 
Mira tú hacia esta parte. (SeñMndoles 
la izquierda.) ¿ Qué ves ? 
Muchos coches. 

Aun hay otro que no se ve porque 
está tapado por la arboleda. 
¿ Y qué hacen ahí ? 
Para que lo comprendas hombre. 
Aquellos caballeros han bajado de 
estos coches. 



— 11 — 



Labr. i.q 

Labr. 3.Q 

Labr. i.q 

Labr. 2.Q 

Labr. i.q 

Labr. 2. q 

Labr. 3.Q 

Labr. i.q 

Labr. 3.Q 

Labr. i.q 

Labr. ¿ q 



i.Q 
2.Q 
3- Q 

2.Q 
I.Q 

3- Q 
i.Q 
2.Q 
3- Q 



Labr. 2.Q 
Labr. i.q 



No puede ser. 
¿En qué te fundas? 
En que los caballeros están a un lado 
y los coches; a otro. 
Naturalmente. Como que Mam pasado 
por aquí. 

Y viéndolo, ¿permanecéis tan tran- 
quilos ? 

¿ Quieres que paguemos los vidrios 
rotos ? 

L01 mejor es que cada cual vaya (a 
sui faena. 

¿Qué habéis sabidoi? 
Que digla éste lo que oyó decir a un 
cochero. 
Cuéntalo'. 

Dijo que estos señores son grandes 
¡personajes, como que Hay entre ello$ 
un General y un Príncipe y que vie- 
nen desafiados. 

¿Y para eso vienen tantos coches? 
Esos señores se desafían alsí. 
Se matan de común acuerdo. 
Mirad. ¡Mirad. 

Allí hay dos que dan pasoís. 
Eso es que miden el terreno. 
¿ Qué Hacen aquellos otros ? 
Han sacado unas pistola^. 
Vamos a nuestra faena. No vayan 
a disparar! y se quede alguno' muerto 
en el campo. Y01 no h!e visto nada.. 
Ni yo< tampoco. Vemos que estos 
líos traen malaJs consecuencias. 
Yo me quedo hlasta ver esto en qué 
piara. (Vanse por la izquierda Labriegos 
2. Q y 3.Q.) 



— 78 — j 

ESCENA III 

LABRIEGO i_.o 

¿ Tanto tiempo piara examinar unas 
pistolas ? . . ¿ Se las dan a escoger ? f ¿jY 
qué hacen después de haberlas to- 
mado? Se sejpjaran... ¿Y ahora qué 
hacen? Se colocato. frente por. frente. 
¿Serán captaces de hacerse fuego?. 
Se apumtain^.. (Suenan dentro dos dispa- 
ros.) Han "dispiarado. Cayó al suelo 
uno de ellos., Van a recogerlo. ¿Y, 
qué hace el otro que no escapa ? 
[Qué barbaridad 1 ¿Qué hacen aho- 
ra ? Le cogen en brazos... Sacan 
unas vendas. Le curan. Entonces, 
¿para qué le han herido ?.. . Vaya 
un modo de matarse que tienen es- 
tos señores. Hacia aquí se dirigen. 
Voy a reunirme con mis compañeros. 
(Vase por la izquierda.) 



ESCEiNA IV 

Aparecen por la derecha el PRINCIPE, en manga, de camisa, 
ensangrentado y desfallecido. Viene sostenido de dos amigos 
que casi le llevan en brazos. Detrás el MEDICO. 

Cabal. i.Q Anijmo, Príncipe. 
Príncipe Deteneos!. Os lo suplico... un instante. 
Dejadme tomar aliento. 



:■■ 



/1EDICO 

^ÍNCIPE 
/TÉDICO 

y RÍNClPE 

"ABAL. 2. q 
MÉDICO 



_ 79 _ 

No convierie perder, tiempo. Otro es- 
fuerzo, Principie y adelante. 
Sientoi uin dolor terrible. 
Aspire bien fuerte. Bien fuerte. (Apli- 
cándole un frasco.) 

Es inútil. Se rae va la luz de los ojos. 
Sosténganme. (Se desmaya.) 
ISe ha desmayado. 
Al coche. Al coche. (Vanse todos por la 
izquierda. El Príncipe en brazos de sus 
amigos j 



ESCEiNA M l 

parece el GENERAL GURBEN de paisano. (Derecha). Dos 
CORONELES de uniforme que se supone son los padrinos 



rURBEN 
'ORÓN. I.Q 

"ORÓN. 2. Q 

jURBEN 



"ORÓN 2.2 
jURBEN 

ORÓN I.Q 
rURBEN 



Deploro lo ocurrido. 
Usted ha procedido como debía, mi 
general. 

Era preciso lavar con sanare la 
afrenta. 

Aguardemos un poco para que se 
adelanten los del otro grupo. Efecti- 
vamente, él principie me infirió el 
más grave ultraje que pjuede hacerse 
a un soldado. 

Buena leccióp, ha recibido. 
Bien o mal} era preciso, como usted 
dice, lavar la mancha. 
La herida efe grave, según parece. 
Creo que tiene el nombro derecho 
atravesado. La bala quie él me dis- 
paró p^só rozándome la frente. Pos 
O tres centímetros menos y me deja 



80 — 



CORON. I.Q 
PüRBEN 



CORON. I.Q 
GURBEN 



en el sitio. No obstante, repito quie lo 
siento*. El principie personalmente no 
me era • desafecto. Es un buen mu-| 
chacho; pero muy fogoso, demasia- 
do violento... Hay que evitar ahora 
que cunda el escándalo. 
¡Seremos mudos por nuestra piarte. - 
Manden recoger todos los periódicos 
que hablen del asunto. Hay que 
amordazar a la pirensa. 
Eso es lo que tenía pensado. 
Ya k> han subido al coche. Ade- 
lante. (Vanse todos por la izquierda.) 



MUTACIÓN 



CUADRO VII 

La decoración de cárcel del Cuadro Segundo 



■ ESCEiN A PRIMERA 

Aparece ROBERTO tendido en su camastro soñando en 
voz muy alta 

Roberto ¿Qué querrán hace? esos hombres? 
¿Dónde conducen a mi hermana? A 
la sala de tortura. ¿Qué zarpas de 
hierro son aquellas ? Garfios paria (fes 1 - 
pedaj&f, la carne ¿ Y aquellas ruedas!? 



81 



Máquinas para triturar los Huesos. 
I Miserables I j Dejad a esa rosa ¡de- 
licada ! ¿No veis cómo tiembla en 
vuestras garras como un pajarillo? 
I Tened piedad dé ese ángel I ¡ Com- 
padeceos de sus miradas angustiosas ! 
Beatriz, hermana mía,.. No puedo ir 
en tu auxilio. Estoy prisionero. Me 
tienen atado. No extiendas los brazos 
.hacia mí... Es inútil. ¡ Oh, tfabia ! ¡ Ob¡, 
desesperación ! ¡ No pjuedo' moverme ! 
¿Qué miro? ¡Atan el cuerpo de mi 
hermana a la rueda!... ¡Van a mar- 
tirizarla ! | Qué angustia tan grande 
$e pinta en; su faz!... j Verdugos I., . 
i Sayones f... ¡Deteneos! ¡No me es* 
cuchan! ¡Gira la rueda!... ¡Qué ho- 
rror !... I Beatriz ! ¡ Beatriz 1 (Poniéndose 
de pie y despertando.) ¡Qué horrible pe- 
sadilla ! i Acabo de ver, a mi hermana 
en el tormento 1 Allí, en aquella sala 
de torturas. Estas sombras me estre- 
mecen... ¿Dónde está mi linterna? 
¡Aquí! (La enciende.) ¡Luz! ¡Luz! ¡Se 
me apareció la pálida imagen en el 
fondo de aquella sala. A ver. Las 
puertas se hallan entornadas. Las de- 
jaron así para intimidarme. (Aire las 
puertas de par en par.) La rueda sinies- 
tra... ¡Los garfios de hierro I La pá- 
lida imageri fué una creación de mis 
delirios. (Mira de nuevo las puertas J¿ Flo- 
tará el alma de Beatriz sobre este la- 
go de sombras ? ¡ Caed de mi frente, 
pesados sueños ! ¡ Huid, fantasmas ! 
(Oyendo dentro ruido y en voz muy alta.) 

6 



— 82 — 

¿Quién va? Alguieh; se acerca. ,Qui- \ t 
siera huir de la raza humana. ¡En- 
volvadme, tinieblas 1 



ESCENA II 

Dicho ALEJANDRA y CORONEL ALCAIDE por la derecha. 
ALEJANDRA cubierta la faz con un velo 

Alcaide Allí tiene al prisionerto. He accedido 
a sus fuegos por consideración a su 
persona. Le suplico que no hlaga muy 
larga la entrevista. 

Alejan. ¡ Gracias, coronel ! (Vase el Coronel.) 



ESCENA III 

ALEJANDRA, ROBERTO 



Roberto ¡Un,a sombra! 

ALEJAN. ¡Soy yjo! (Descubriendo su semblante.) 

Roberto ¡Alejandra! 

Alejan. ¡Sí, Aldjandra! 

Roberto ¡Orif 

Alejan. ¿Ue sorprende mi venida? 

R.OBERTO ¡ Creí que era una sombra,- y es una 
luz! 

Alejan. Soy un alma agradecida que busca 

a su bienhechor. 

Roberto Esta es una morada obscura. Ni si- 
quiera penetra en ella la luz del día. 
Aquí no> hay más que un prisionero 



Alejan. 



Roberto 

Alejan. 

Roberto 



Alejan. 



Roberto 
Alejan. 

Roberto 

1 

Alejan. 
Roberto 

Alejan. 



oberto 

Alejan. 
Roberto 



cargado de recuerdos que son triste- 
zas y de cadenas que son desdichas* 
Comprendo sui amargura. Yo haré 
que recobre usted la libertad muy 
prpntov 

Dudo que pueda conseguirlo. 
¿En qué se funda ? 
Pongamos que sea usted la gratitud.;^. 
Que haya brotado en su alma ese no- 
ble sentimiento... Que surge esta ola 
de su corazón... Se estrellará contra 
la roca. 

Fuerte es el pechio de mi padre. ¡ Su 
corazón es de piedra, mas yo lo 
ablandaré con mis rue|gos... con mis 
lágrimas ! 

¿ Cómo ha sabido usted que yo ? . . . 
¡Me hallaba oculta detrás de unos 

¿Cuando fui interrogado por su ga- 
dre? í , , 

i Sí! 

¿Y no; ha sentido repulsión al saber 
que se trataba de un espía ? 
Para eso he venido : para decirle que 
se defienda contra esa acusación^. 
Procure a toklo trance desvanecer las 
sospechas de mi padre... Si hubo o 
no íespjomaje, no me importa averi- 
guarlo. jLo que yo quiero, es que re- 
cobre usted la libertad! 
jLa libertad! ¡La libertad no podré 
pb tenerla, I 
¿Por qué? 

I Porque no hallo medios para desva- 
necer las spsp¡echa!s¡ que han recaído 
sobre mi! 



— 84 



AlUjaN. Aguce el entendimiento... Busque en 

sui memoiria cuantos Recuerdos pue- 
dan favorecerle... Niegue todo aque- 
llo qme le perjudique. 

Roberto Considero mi causa perdida... Huya 
usted de mí, Alejandra. Mi alma es 
una flor negra. ¡ Mi corazón un abis- 
mo!... Rayo que abrasa, la idea que 
llevo en el cerebro. Huya usted de mí. 

Alejan. ¿ Por qué detuvo los caballos de mi 

coche ? 

Roberto Por un sentimiento de humanidad. 

Alejan. Y de ese noble sentimiento, ¿ya no 

queda nada ? ¿Se agotó en aquel 
acto? ¿Brotó el raudal sólo para 
salvarme la vida ? 

Roberto ¡Oh! ¡Alejandra! 

Alejan. Usted dice que su alma es una flor 

negra y y¡o digo que es un alma 
biella. Yo encuentro' miel donde usted 
dice que hay veneno. 

Roberto ¡Déjeme contemplarla utn instante! 

Alejan. ¡ Haré que mi alma se asome al ros- 

tro para que usted la vea! ¡Mírela! 

Roberto Sí. ¡ Es un alma Hermosa ! 

Alejan. ¿ No ve en mi alma nada más ? 

Roberto Belleza y gratitud; juntas las veo. 

Alejan. Entonces mi alma no ha sabido aso- 

marse al rostro. 

Roberto No hay alma que no tenga su se- 
creto. 

Alejan. ¿ Por e^ué dijo usted al verme: «Creí 

que era una sombra, y es una luz » ? 

Roberto Porque vi que mi cárcel se llenaba 
de resplandor. 

Alejan. ¿ Su cárcel ? 

Roberto No; mi alma. 



85 



Alejan. 

Roberto 

Alejan. 



Roberto 

Alejan. 

Roberto 

Alejan. 

Roberto 

Alejan. 

Roberto 
Alejan. 

Roberto 

Alejan. 

Roberto 

Alejan. 

Roberto 

Alejan. 

Roberto 

Alejan. 

Roberto 

Alejan, 

Roberto 



Alejan. 
Roberto 

Alejan. 
Roberto 



¿ Ha píensado usted en mí desde aque- 
lla tarde? 

Sí. ¿Para qué negarlo ? Su imagen 
acude a mi mente muchas veces. 
Yo. no hb podido olvidarle... A mí 
también me pareció usted una luz 
que penetró en mi alma cuando le vi 
al bajar del coche. 
Olvidémoslo'. 

¿Es usted ladrón... asesino;? 
No. . ¡ 

Entonce^,.. 
¿ Y si lo fueírá ? 

A ver... (Mirándole.) No imporíta... Esta 
¡efe mi manoi. 

¡Alejandra I (Atrayéndola hacia sí.) 
No se detenga... Revéleme su pensa- 
miento. Deje que estalle su corazón. 
¿ Es verdad que su pensamiento ? . . . 
Ya no es mío, 

¿Es verdad que en su memoria?... 
Vive una imagen. 
¿Ppr gratitud? 

Por un sentimiento que es más hondo 
todavía.^ 

¿ Por un sentlmíetnto de piedad ? 
No. Por amor;. 

¿Muy grande? : 

Infinito. 

(Separándose de Alejandra J J Oh!, Dios I 
I Allí,! ¡Allí! (Acercándose al foro como 
para escuchar.) [ 

¿Qué pasa? 

Ha llegado hasta mis oídos una voz 
lastimera. Un quejido doloroso. 
¿Dónde? 
Dentro de aquella sala. 



86 — 



Alejan. 
Roberto 
Alejan. 
Roberto 

Alejan. 

Roberto 

Alejan. 



Roberto 



Nafta Se oye. 

(Beatriz. Te había olvidado ) 
Delirios de la imaginación. 
No... No son delirios... Suplico a us- 
ted que me deje. 
¿Me despide? 
Sí. ~ 

Setene sui espíritu... Calme su zozo- 
bra... Volveré mañana con la orden 
de libertad... Adiós. 
Adiós. (Vase Alejandra.) 



ESCENA IV; 

ROBERTO 

| Me has traicionado, corazón ! Esa es 
la hija de Gurben asesino de mi her- 
mana. ¿Qué ibla'a hacer? Ya se con- 
fundía mi aliento con el suyo. Mis 
ojos en sus ojos. Mis labios en sus la- 
bios... Juntas las almas... Unidos los 
corazones... (Perdón, Beatriz, per- 
dón! 



ESCENA V 

Dicho y CALABOCERO y otro (los dos muy altos y por la 
derdcha) 



Roberto ¿ Por qué vienen ? 
Calab. Acaba de recibirse un aviso para que 

le atemos ppr la muñeca con ^ste 



87 



candado a la argolla que se ve em- 
potrada allí en el muro. 

Roberto ¿ Qué están diciendo ? 

Calab. Lo que oye. 

Roberto (Olas de fuego. que tratáis de subir a 
mi cerebro, no me quitéis la calma.) 
¿ No basta con la completa incomuni- 
cación en que se me tiene ? ¿ No son 
recios estos murjois? ¿No ofrece se- 
guridad esta carjCel? 

Calab. A nosotros se nos Ha dicho solamen- 

te que usted es un reo de muchloj 
peligro y que tiene que permanecer 
atado hasta que declare su nombre 
verdadera. 

Roberto (Es inútil toda resistencia.) Aquí está 

mi brazo;. (Los Calaboceros le atan con el 
candado a la argolla que se indica.) 

Caláb. Ya quedó bien sujeto. No hay más 

mcomo$idad que no podrá dormin 
como no duerma de pie. (Vanse los dos 
Calaboceros,) 



escens: yi 

ROBERTO 



Olas de fuego, convertios en olas de 
sangre y ap¡a¿ad la luz de mi espí- 
ritu... ¿Pueden los hombres llegar a 
tales refinamientos ? Bien que los fu- 
ciles destrocen mi cuerpo; gero atari- 
me así como a una fiera dentrjo de 
ist» jaula?... i Olí! ! Qué idea tan es- 
p^nto,sía acude a mi mente. ¿Habjrá' 



88 



esta misma argolla atado el cuerpo- 
de Beatriz? Mi alma gira espanta- 
da. Vuelve a mi mente la horrible 
^lesiadilla. Otra vez allí, allí en la 
sala del tormento... Ua pálida ímügen^ 
Sí. Ella es¡. Pide socorro con acen;- 
tp moribundo... ¿Esto efe sueño o 
realidad. (En el fondo de la sala del foro, 
abriéndose las puertas de par en par, aparece 
Beatriz vestida de blanco y con la cabellera 
suelta, atada a la rueda. Ilumina el cuadro 

una luz pálida.) Allá 1 voy hermana;.., 
1 ¡ Ohl 1 1 Me hian atado. Me han ata- 
do.,. ¡Destrózate muñeca I Rómpete 
argolla... j Hermana mía I Allá voy... 
(Muerte. ¡Desesperación! El híerrjo 
no cede. ., ¡ Beatriz ! j Beatriz ! ¡ Bea- 
triz ! ! (El actor debe hacer esta escena sin 
dirigirse al fondo donde aparece la imagen. 
Por el contrario, debe extender los brazos 
hacia el público, demostrando así que el es- 
pectro flota en su mente como un desvarío 
del cerebro,) 



FIN DEL 1 ACTO TERCERO 






ACTO CUARTO 



cuadro vm ; 

Decoración del cuadro V.-^Sala espléndida 

ESCENA PRIMERA 

JULIA (entrando por el foro con elegante traje de amazona 
como si acabara de dar un paseo a caballo 

Julia i Estefanía f (Llamando.) 



ESCEINA II 

Dicha y ESTEFANÍA (por la segunda derecha) 

Estefanía ¡Ahll Dispense la señorita. No he 

visto cuando ha entrado. 
Julia ÍToma el látigo... El sombrero. (Le 

entrega las prendas por el orden que indica.) 

Estefanía Qué hermosa la encuentra, señorita, 

Julia ¿Cpn este traje? 

Estefanía Lie sienta a Jais, mil maravillas. \ 



— 90 — 

Julia Acabo (ie dar un paseo a caballo, 

Estefanía ¿Sola? 

Julia Hoy, sí. 

Estefanía ¿No se quita ©1 vestido? 

Julia Luego, ya te llafriaré. 

ESTEFANÍA Está bien. (Vase por la primera izquierda.) 



ESCElNA III 

JULIA 

Decididamente hay que tener osadía 
para imppnerfre al gran mundo. Osa-! 
día y montar bie¡n a caballo. Esto, 
es lo que más les ha llamado ¡La] 
atención. Es una «ecuyére», dicen. 
Una amazona que no tiene rival. La| 
vanidad elegante ha caído a mis 
pies rendida... Veo en todos los ojos 
una mirada de agrado y en todos) 
los labios una sonrisa lisonjera.., pero 
mi primefc golpee ha! fracasado. (Lla- 
mando con un timbre.) 



' ! ¡ ESCEÍNA m 

UJIER (por el foro) 

Ujier ¿ Qué me ordena la señorita? 

Julia ;¿ El príncipe no ha mandado hoy ? . . . 

Ujier En este mismo momento acaba de 

llegar el aviso. (Le entrega una tarjeta.) 



91 



¡Venga-í.. ¡Sigue' mejor... Puedes ir¡te. 

(Vase el ujier por él foro.) 



ESCENA Yj 

JULIA | 

Es un libertino: como todos los jóve- 
nes adulados por la fortuna, gero en 
el fondo es un buen muchlactio... 
Pienso eín, él algunas veces... Jugando 
con fuego me h|a saltado una chispilla 
al corazón. ¿Me interesa el príncipe? 
Un poco. ¿Y qué impjorta que me 
Jhlaya interésalo? Gurben le atía ve- 
so un hombro... Pues a la revancha, 
Mi corazón sólo vive para el recuer- 
do de mi padre fusilado... De mi ma- 
dre muerta. De Emma y Beatriz sa- 
crificadas.' 



ESCENA Mí ; : 

Dicha, UJIER (por el foro) 

¿ Visita? ¡Npi recibo. 
Eso he dictío yo también p^ro me 
rogó que ptasase el recado. 
¿Quién es? 

La señorita Alejandra, hija del Ge- 
neral Gurbíeti. 

¿Ella en mi casa? E^ bien extraño. 
Que piase. (Vase el Ujier por el foro.) 



- 92 — , j ! ¡ ; ; 

. ESCENA VII 

JULIA 

¡Me Han dicKo que es muy inteligente 
y Hermosa. Acaso pueda darlme algún 
indicio del p!arader|o de Roberto. Mi 
hermano le salvó la vida... Sepamos 
el motivo' quie la trae. 



ESCENA VIII 

Dicha y ALEJANDRA (por el foro) 

Alejan. ¡Ya veo que es usted la Raquel fa- 
mosa. 

Julia Acabo de llegar. Aun me encuentra 

vestida de amazona. 

Alejan. | Qué importunidad la mia ! 

Julia No. No. Llega en buena Hora. Tome 

asiento 1 . (Se sientan.) 

Alejan* (Me. He permitido venir a verla pion- 
que creo* que ha de tener usted b'ugn 
corazón^ 

Julia Eso dicen mis amigos. 

Alejan. Entonces $e compadecerá de un 
amor desdichado. 

Julia La encuentro muy agitada. Expli- 

qúese sin temor alguno, como si yo 
fuera su amiga. 

Alejan. No sé que dulce encanto encuentro 



93 



en su pérsioha., Me he equivocado al 
juzgarla.^ 

Julia Me había juzgado mal sin duda. 

Alejan. Reconozco mi falta. 

Julia Vamos al asunto'. Dígame. 

Alejan. Usted ejerce una influencia decisiva 

en él ánimo de mi padre. 

Julia ¿ Eso le han dicho ? 

Alejan. Puedo atestiguarlo por lo que obser- 

vo en su conducta. 

Julia ¿Y qué desea? 

Alejan. Que influya en su corazón para que 

fponga en libertad a un prisionero. 

Julia ¿Y cómo usted siendo su hija...? 

Alejan. Mi padre es duro como una roca. Se 

ha empeñado en que su deber le im- 
pide conlpllacerme y no puedo con- 
vencerle de lo contrario... Hemos te- 
nido escenas muy violentas. 

Julia Se ha excitado mi curiosidad... ¿Ese 

prisionero? 

Alejan. ¿ Para qué ocultarlo ? . . . j Es mi 
amor! Es mi vida. 

Julia Ya comprendo, el general se oppne 

a esos amores. 

Alejan. No. No es eso. Se trata de un joven 

arrojado y valiente, que me salvó la 
vida. 

Julia ¿Cómo? 

Alejan. Gracias a su esfuerzo generoso no caí 

dentro* de mi coche a un precipicio. 

Julia (¡Dios mío! Es Roberto.~Es mi Her- 

mano !) 

Alejan. ¿ Por qué se conmueve de ese modo ? 

¿ Se ha puesto p[álida ? Qué agitación, 
de nervios. ¿Demando auxilio? 

Julia Los nerviojs, sí, Soy muy ñeriviosa. 



' ; : — 94 — í 

Exdesivamente nerviosa 4 . Se tfeproídu- 
; i jo la escena en mi mente. Creí ver el 

coch'e cayendo p[or; la vertiente aba- 
jOw.. Prosiga. 

Alejan. Los caballoís le arrastraron algún tre- 
cho pero detuvo sus ímpetus... Yo 
blajé del cochfe con la emoción que es 
de suponer. Le tencií la mano. En- 
tonces vi que se trataba de un joven 
de simpática figura, varonil,- gallar- 
do... Le invité a que viniera a verme. 

Julia ¿Yno acudió a sus deseoN? 

Alejan. Le esperé inútilmente. Entonces hice 

que la policía le buscase hasta que 
la casualidad vino en mi auxilio. Supe 
que se hlallabá recluido en las cárce- 
les militares. 

Julia ¿ Y por qué causa le prendieron ? 

Alejan. Por espía. 

Julia ¿Por espía? 

Alejan. Le sorprendieron unios agentes secre- 
tos tomando un croquis del Palacio 
Imperial... ¿Vuelve el malestar de 
los nervios? 

Julia Espere... efspere un goco. (Llamando 

con el timbre:) 



ESCENA IX 



Dichas y ESTEFANÍA (por la izquierda) 



Julia Estefanía. Tráeme el frasco del éter. 

Estefanía ¿Se Ha puesto mala la señorita? 
Julia No es nada. Corree. (Vase Estefanía 

por la izquierda.) 





ESlCEiNA X 




JULIA, ALEJANDRA 


AXEJAN. 

Julia 


Siento quie mi relato... 
De ningún modo... Son acHIaques de 
estos malditos nervioisj... Vahídos... 
, Nada, en suma... ¿Cómo se lla- 


ALEJAN. 


ma ? . . . 

Ernesto Laríriviere. Profesor de ma- 
temáticas. Daba lecciones en la calle 
de San Pedro-. 



ESCENA XI 

Dichas y ESTEFANÍA (con el frasco del éter) 

Estefanía Aquí está. 

fuLiA Ya no Hace falta. Déjalo encima de 

la mesita. * 

Estefanía i Cuánto me alegro, señorita ! 
[ULIA [Vete. (Vase Estefanía.) 



Julia 
Alejan. 



ESCENA XII : 

JULIA, ALEJANDRA 

¿ Y cómo es que el General no accede 

a los deseos de ulsted ? 

L Ya lo hb dichío. Se endasilla en que 



96 



Julia 
Alejan. 



ese prisionero es un reo de estado 
muy sospechoso. Aquí entra el ob- 
jeto de mi visita. Antes de venir he 
vacilado mucho; piero al fin, viendo 
que se estrellaban mis ruegos» en el 
carácter dé hierro de mi padre, he| 
vencido todos mis escrúpulos y hé| 
fijado 1 mi esperanza en la mujer que 
de tal moidoi ha sabido interesar su 
corazón. En usted confío, Raquel. In- 
terceda, por pjiedad, en. favor de ese 
prisionero!. 

Tranquilícese, Alejandra. Le .pon- 
dremos en libertad, a toda costa. 
Se lo prometo. 
¡Oh- 1 (Gracias, Gracias! 



ESCENA XIII 

Dichas, UJIER (por el foro) 



Ujier Su Excelencia. 

Julia ¡ El General ! 

Alejan. ¡Mi padre! 
Julia Vengia a la habitación inmediata. Es- 

pere en, ella el ríesultádo. (Alejandra, 

acompañada hasta la puerta por Julia, entra 
en el cuarto derecha. Luego Julia le dice al 
Ujier.) Hazle entrar!. 



— 97 — 



ESCEjNA XIV, 

JULIA' 



I OH! Casualidad eres madre de Ja 
fortuna. Es prjeciso arrancarle a Gur- 
ben la ordeft de libertad, 



ESCENA XY¡ 

Dicha y GURBEN (por el foro) 

JULIA (Adelantándose para recibirle,) | Oh^ mi ge- 

neral ! Yo le cr;eía muerto. 

Gurben No, bella Raquel. Tengo la piel muy 

dura, empjleando una fese de sol- 
dado. 

Julia j Pobre Pr¿ncip¡el 

Gurben Yo también le compadezco. 

Julia Hay que ser generoso con el vencido. 

Gurben Afortunadamente no fué moítal la 
herida como se creyó en un principio. 
No tardará usted en verle de nuevo 
¡pjocr aquí. 

Julia ¿Arriesgaron la vida poir aquel tifo* 

teo de frases? 

Gurben Estuvo muy incobvenieíLte y agre- 
sivo. 

Julia Lo estuvo. Rindo culto a la verdad,. 

Gurben Me complace sobremanera que usted 
lo reconozca. Sentiría pasar a sus 
\ - . !-: ' 7 



— 98 



Julia 



Gurben 

Julia 

Gurben 
Julia 

Gurben 

Julia 

Gurben 

Julia 

Gurben 

Julia 

Gurben 
Julia 



Gurben 
Julia 
Gurben 
Julia 



Gurben 

Julia 
Gurben 



Julia 



ojos como un espadachín de oficio... 
Como un carácter débil, tampoco. 
¡Oh! No- Débil jamás. Ya sé que 
Carlos. Gurjben es un hombre serio y 
un General que no necesita ir a la 
Manchuria, piara acreditar su valor. 
Preciosa Raquel. Sabe usted hala- 
garme. 

Hoy la justicia que le hago/' es inte- 
resada, no me lo agradezca. 
I Hpla ! 

Prepjárese .parque voy a ponerle 
a prueba. 

¿ Tan grajnde es su interés ? 
Muchlo., 

Ya espeiroi la acometida. 
¿Al asalto? 
Al asalto. 

Atención. Si esj cierto que siente por 
mí alguna simpatía... 
Pasión; pasióin, ardielnte. 
Pondrá dn. liber^aíd sin pérdida ide 
tiempp al prisionero Ernesto Larri- 
viere, pr¡o¡fesof de matemáticajs. 
¿Al esipía? 
Justo; al esjp^a. 
¡ Diablo ! ¡ Qué andanada ! 
Allí sobre la, mesa... Puede usted to- 
mar un pliego de pagel y extender 
la orden;. 

Poco a poco, Raquel... Se trata de 
un reo; de mucha entidad. 
Mayor ser¡á mi agradecimiento. 
Pero ese interés que demuestra por 
el prisionero, ¿a qué móviles obe- 
dece? 
Lo gab]r¡á luego. 



— 99 



rURBEN Me pone usted en un gravísimo ap|U- 

roi, amigta mía. 
¿No vale mi súplica? 
Envuelta en la mirada de esos ojos 
no tiene precio... Sin embargo... Sin 
embargo... 

¿ Sabe usted de lo que es capaz una 
mujer agradecida? 
Vamos a saberlo. Yo la amo a usted, 
Raquel, con delirio. A mi edad esto 
parece muy extraño, pero es así. La 
mirada de esos ojos me... me enlo- 
quece... Pues bien; favor por favor. 
A cambio de la libertad de ese prisio- 
nero, exijo que desde hoy ni el Prín- 
cipe ni nadie que venga por galan- 
teos ponga los pies en este Hotel... 
Exijo» además que el corazón de usted 
me pertenezca, por completo; en una 
palabra, que sea usted mía, exclu- 
sivamente mía. 
j Qué desencanto ! 

Le sobra talento para comprender 
que un hombre de mis condiciones 
no podrá venir a esta casa, sólo para 
tiaper el cadete. 

Pero, ¿sitiarme así... con tal pre- 
mura? 

A estilo de soldado. 
Lo siento por el pobre prisionero. 
¿Luego* no acepta? 
En esa forma tan crítica no es pa- 
sible 1 . 

i Bien está, Raquel 1 (Levantándose.) 
¿Cómo?, ¿se va usted? 
Sí. Porque acabo de sufrir un des- 
calabro; espantoso* Si a cambio ¡de 



— 100 — 



una merce'd que envuelve j^aira mí 
um gra|n sacrificio no consigo reali- 
zar mis anhelos, ¿qué esperanzas 
puedo prometerme no mediando nin- 
gún interés de su parte ? 

JULIA I No se vaya... ! (Acercándose a la mesa 

donde habrá recado de escribir.) Pajpel y 
pluma. Extienda la ordeii de libertad. 

GURBEN ¡Ahí ¡Raquel! (Apoderándose de una, 

mano de JuliaJ) 

Julia Exijo um plazo. 

GuRBEN ¿Qué plajea? 

Julia Ya lo fijaremos así que obtenga su 

liblertad el prisionero. 

Gurben Hoy mismo. 

Julia ¡No. 

Gurben Entonces... 

Julia Transijamos... Mariana. 

Gurben No quiero que me trate de exigente. 

Sea mañana. (Toma asiento en la mesa 
y extiende la orden de libertad.) 

Julia ¿ Será válida efca orden extendida con 

el papjel sin timbre, despiojada del 
carácter oficial? 

Gurben Válida por camgleto. El carácter ofi- 
cial se lo da una clave: una contra- 
seña que va indicada al pie del es- 
crito. Así es como se entiende con- 
migo el Coronel Alcaide. Tome us- 
ted. 

Julia Gracias. 



— 101 



ESCENA XVI 

Dichos y ALEJANDRA (por la derecha) 

¡ Alejandra I (Estupefacto.) 

La órdejn de libertad. (Entregándole a 

Alejandra el escrito.), 

j Gracias Raquel ! \ Gracias paga 1 
(Vase por el foro.) 



ESCEiNA XVII 

JULIA, GURBEN 

No salgo de mi sorpriesa. ¿Qué sig- 
nifica esto? 

Que 1 ha caído en una emboscada. A 
eistilo de soldado, mi general. 
¿ Cómo' Alejandra se h!a permitido 
venir a esta casa ? 

Me há visitado para obtener por este 
medio la libertad de ese Ernesto La- 
rriviefrie. 

Castigaré s'ui audacia. 
(Acercándose mucho.) Sea más razonable, 
amigo mío. 

Me encajntari sus ojos. Me fascinan 
sus mirajdais. Supongo* que nuestro 
pacto ha quedado en pie. 
¿ Qué pacto' ? 

¿ Lo' ha olvidado ? Traición. Revocaré 
por teléfono la orden. 



— 102 — ¡ 

Julia - jAh'I No, no, |Pori píd&ád! 

Gurben Prenda p)o!r pfrenda. 

Julia Mi querido Gurbeh. Usted no revo- 

cará esa orden. 

Gurben Me fascina de ¡nuevo. Esmeraré a 

mañana. 

Julia Bueino; mapaína. 

Gurben Sellemds nuestro pacto «con un beso. 

Julia Aquí está mi mano. 

Gurben No; ha, de ser en lojs labios. Se ha 

de ¿stampiar en cofrlal y no en marfil. 

Julia ¿Én los labios? ¡Oh! I No. 

Gurben ¿ Qué desapego es éste, Raquel ? 

Julia Hoy nada. Mañana todo. 

Gurben Mucho; le duele la prenda que le 

exijo. Me hace recordar el excesivo 
interés que se toma por la libertad 
del prisionero. En Alejandra se com- 
prende; ¡pleito en usted no lo hallo 
justificado.,. ¿Le ama usted también? 

Julia No GeneraL Se equivoca de medio a 

medio. Mi corazón es libre. Ningún 
interés me une a ese Roberto. 

Gurben j Roberto! ¿Ha dichb Roberto? 

Julia Ernesto quise decir. 

Gurben ¿Quién es Roberto'? 

Julia ¿Qué sé yo? 

Gurben jAn 1 ! Sí./ Ya caigo. 

Julia ¿ Quién es ? 

Gurben ¿No lo recuerda? 

Julia No, por cierto. 

GuRBEN ¿No hicieron aquí comidilla de sa- 

lón?... ¿No hablaron de un Rober- 
to Padewski ? 

Julia Sí. Sí. Efectivamente. 

Gurben ¿Por qué se turba usted? 

Julia ¿ Yo ? ¿ Yo; ? Por nada. 



— 103 — 

Gurben Hasta mañana Raquel. 

Julia ¿Así tan de súbito? 

Gurben Mi misión ha terminado. 

Julia ¿Se despide sin darme el beso? 

Gurben He mudadoi de progósito. Hoy nada. 

Mañana tO|dO'. (Vase el General por el 

foro.) 



ESCENA XVIII 

JULIA J 

Gurben, hía descubierto la verdad. 
¡Desventurada ¡de mí! ¿Cómo salió 
de mis labios el nombre de Roberi: 
to? Hay que ataijar a esa fiera. Pero 
¿ cómo ?. ¿ Cómo ! ¡Matándolo! 
(Va al foro y llama.) j Gabriel ! ¡ Gabriel ! 



Ujier 
Julia 

Ujier 



ESCENA XIX | 

Dicha, UJIER (por el foro) J 

¿ Qué manda la señorita ? 
Alcanza al General y dile que venga ; 
que aquí le esmero. 
Al punto.* (VaseJ 



104 — 



ESCEiNA XX ; ; 

JULIA. (Sacando de una cómoda un puñal) 

Coto este pHiñaU. No hay otro reme- 
dio. Es preciso! matarle. Se anticipjó 
la hora del castigo. | Muera el asesi- 
no de mi hermana ! j Caiga el tirano 
del pueblo 1 | Perezca el sanguina- 
rio enemigo de la libertad! 



ESCENA" XÍXI 

Dicha, UJIER (por el foro) ;.' 

Julia <j No le alcanzante ? 

Ujier El General me ha dicho que no pue- 

de complacerla. Que esjjefie a ma- 
ñana. 

JULIA Vete. (Vase el Ujier.) 



ESCENA XXII 

JULIA ' ; 

I Oh, <ids¡esj)er^clón! iOH, fatalidad 1 
j Roberto! (Hermano de mi alma! 
¡ Yo te hb perdido ! (Se deja caer áes**- 
peradamente en un sofá?) 

MUTACIÓN. 



— 105 — 



cuadro ix _;;_-' 

Telón corto de calle. A la izquierda una fachada como de un 
pequeño cuartel de policía 



ESCENA PRIMERA 

POLICÍAS i.o y 2.a (saliendo del cuartelillo) 



Policía 2.Q 
Policía i.Q 

Policía 2.Q 
Policía i.Q 
Policía- 2...° 

Policía i.q 
Policía 2.Q 

Policía i.q 



Policía 2 Q 
Policía i.q 
Policía 2.Q 



Nada, Patrik, aquí no ocurre nada. 
San Petersbu^goy parece una balsa de 
aceite. 

Y el Teniejnte... 

Hoy tiene um humor de los diablos. 
Esoí iba a decirte. Se fué con una 
cara de vinagre, que metía miedo. 
Y01 quise hablarle y no quiso oirme. 
Algún mal biclío le escarabajea por 
dentro. 

Lo malo que él tiene es que no en- 
cuentr;a a su hijo Roberto, como él 
dice. Ayer tarde advertí, que decía 
entre dientes : «Meterse a pplicía para 
esto, j Cuernos de Satanás! » 
Esto me huele a catástrofe. 

Y a mí, también. 

La pitra noche le transmití el aviso 
de que el General querva hablarle, 
y también dijo entre dientes: «EÍ 
General. ,¡E1 General I Ya me van 
entrando ¡galnag de agarrarle por ej. 



' — 106 — 

5ple|s cuezo.» Y se fué a tomar ordene: 
echando pestes. 
Policía í> Ahí viéhe. * 



ESCENA II 

Dichos y KUROK (por la derecha) 

Kurok ¿Qué ocurreí? 

Policía i .a Sin novejdad, mi teniente. 

KüROK ¡ Mal rayo nos parta a todos ! E 

pueblo se divierte, ¿ no es verdad ? 

Policía 2.a "Sí, señor. ¡I 

Policía i.Q No se ven más que bailes y Music- 
Halls por toldas partes. 

Kurok Esoi es ignominioso. Un pueblo opri- 

mido, sólo debiera bailar con música 
de cañón y fusilería. ¡ Rayos de Dios ! 

Policía 2. q A mí se me cae el alma, y paso de 
largo> por no ver tales espectáculos. 

KUROK Y tú, Patrik, ¿has cumplido mi en- 

cargo? 

Policía i .a Sí, señor. 

Kurok ¿ Cuántos cartuchos de dinamita hay 

disponibles ? 

Policía i .a Catorce. Los mismos que dejamos 
Ocultos, en la cueva. 

Policía 2. q Habrá, sarao, mi teniente. 

Kurok Prepárate por si acaso tienes que vo- 

lar tú también. 

Policía 2. q Ya estoy prepjarado. 

Kurok [Volaremos toldos probablemente Des- 

!de que h!a desaparecido Roberto, 
para mí la vida es un andrajo y ya 
teingo £anas de sacudirlo. 



107 — 



Policía 2. q 
Kurok 



Policía 2.a 
Kurok 



Policía i .o 
Policía 2. q 
Kurok 

Policía 2. q 

Kurok 



Se ha sabido quie... 
El gusano que llevo* aquí dentro se 
está comiendo todas mis esperanzas. 
Pensamientos buenos ya no tengo 
ninguno. 

¿ No se habrá Roberto ausentado de 
San Petersburgo? 

¿ Sin despedirse de su padre ? No sé 
cómo no te propino una paliza... A 
Roberto le han matado, pero de mala 
manera. En la sombra y el misterio. 
Como se hace con los bandidos de la 
peor catadura. Con valentía por su 
parte. Eso sí. Le conozco muy bien. 
i Qué centellas me suben a la cabeza 
pensando' en los esbirros que le ha- 
brán matado ! ¡ Con qué gusto me 
hubiera presentado* de súbito para 
agarrarles del cuello! ¡Alto misera- 
bles ! (Maquinalmente con cada mano coge 
a ¡os dos policías del cuello.) 
Suelte. 

I Qué me ahoga ! 

Esto no es nada. Sois más blandos 
que la manteca. 

Por allí viene el Ayudante del Ge- 
neral. 

Idos con viento fresco, pero al al- 
cance de mi voz, por si acaso. (Vaos* 
los dos policías por (a izquierda*) 



108 — 



ESCENA III - ; 

Dicho, AYUDANTE (por la derecha) ; 

Ayudante Me alegro de hallarle. 

KUROK Aquí me tiene. 

Ayudante Este pliego de su Excelencia. 

Kurok ,Veamos. 

Ayudante El general me encarga que le reco- 
miende a usted de viva voz la máis 
completa reserVa en el cum^limiejn,- 
to de las; órdenes que le transmite. Se 
trata de urna comisión del servicio 
que debe ser ejecutada sin pérdida 
de momento. 

Kurok Enterado. 

Ayudante Quedo ***ted con Dios. (Vase por la 

derecha¿) 



ESCENA IV 



KUROK (leyendo) 

«Así que llegue este pliego a sus ma- 
nos y se entere de su contenido, to- 
mará un odchle y con lo» individuos 
a sus órdenes que considere necesa- 
rios se dirigirá a las afueras de San 
Petersburgo. A un kilómetro del ex- 
tremo de la calle de San Pedro, ha- 
llará un hotel aislado en medio de cor- 
pulentos arboléis donde: hkbita Raquel 



— 109— ! 

de Schumann. Apodérese de su jper- 
siona y coindúzcala a las prisiones 
como reo dé estado. Luego ven- 
ga a recibif nuevais. instrucciones.»; 
¿ Quién será ésta Raquel ? La orden 
tno puede ser más urgente. Heme 
aquí convertido en instrumento de 
ese Désjpoita.i ¿Y pjajqa esto me he 
cortado yo la barba ? ¡ Cuerjnos de 
Lucifer! (Se aproxima a la izquierda y 
hace serias a los policías J,Q y 2.Q.) 



ESCEíNA V ¡ 

Dicho, POLICÍAS i. o y 2.Q (por la izquierda) * 

Kurok Venid, ¡amigos. Vamo¡s a tomar uln¡ 

cochee. 
Policía i. q ¿Qué hay, mi teniente? 
KUROK Cartuchos de dinamita. (Vanse lo» tres 

por la derecha.) 



MUTACIÓN 



— 110 — 



CUADRO X 



Decoración del Cuadro Octavo en el hotel de JULIA 



ESCENA PRIMEpRA 



JULIA, GUILLERMO 



Julia Se reunieron muchais cosas a la vez. 

La emoción que experimenté al sa- 
ber que nuestrp' hermaíno se hallaba 
prisión er|o. ¡La resistencia que tuve 
• que oponer a los deseos de Gurjben. 

Demostré demajsiado interés para ob!- 
tener la libertad del prisionero. Es- 
taba tan nerviosa que no> era dueña 
de mli Por último la equivocación 
fatal... Salir de mis labios el nombre 
de Roberto y sospechar Gurben, la 
verdald, fué obra de un instante... 
Estañaos perdidos. Guillermo, esta- 
mos perdidos. 

•GuiLL. Moidera tu exaltación, hermana. Aca- 

so exageras. 

Julia No, Guillermo. Coirremos uno de los 

más graves peligros de nuestra vida. 

GuiLL. Serenidad, Julia, serenidad. ¿Crees 

tú que Alejandra, no... ? v ;.' 

Julia No logrará su objeto. El" General 

revocará la orden. 

GuiLL Esto es más graye. 



— 111 — 

¿Qué [haioeímos? ¿Qué hora es? 
Las seis. (Consultando su reloj.) 
¿No sale a \a¡s siete el rápido para 
Alemania? Aun hay tiempo. 
¿ Dejando a nuestro; lierjmano en la 
cárcel a merced de ese monstruo? 
Tienes razón. Estoy loca. No sé lo 
que digo. Me había olvidado de Ro- 
berto. 

En estos caspis debe dirigir el juicio 
más serenpi. 

Bien, dirige,, Dispon lo que te parezca 
mejor. 

¿ Dijiste que Alejandra se ha enamo- 
rado de Roberto? 
¡Sí, 

Por este lado ya tenemos un gran ele- 
mento de defensa. Potr desnaturaliza- 
do que sea Gurben... 
Ese hambre no siente cariño por 
nadie. 

Se trata de su hija. 
Es un monstruo'. 

Pero, es su padrie... Además, Roberto 
es el salvador de Alejandra. 
Sí. Sí. Tienes razón. 
Debemos tomar apoyo en esa cir- 
cunstancia favorable. Lo más grave 
sería que... 
Acaba. 

Que Gurben haya sospechado que tú 
no eres Raquel de Schumann, sino 
Julia Padewski. 

¿Qué sé yo ? Las ideas oscilan en 
mi mente; no tengo ningún pensa- 
miento fijo. 
tjill. Si es as£ procura averiguarlo!. 



112 — 



Julia 
Guill. 
Julia 
Guill. 

Julia 



Guill. 
Julia 



Guill. 
Julia 



Guill. 

Julia 

Guill. 

Julia 

Guill. 
Julia 

Guill. 
Julia 
Guill. 
Julia 



¿Y cómo? 

Este es el peligro. 

¿En qué te fundas? 

En que Gurben obria; 'despóticamente 

merced a las fuerzas de que dispone; 

Vienes; a pjarairí a lo mismo. Eso es le 

que yoi temo, precisamente. Que dic 

te contra mí uin autoi de prisión. 

¿ No pudiste fascinarle ? 

Me repugna,. Quería poner sus labios 

en Ipis míqs... Se lo hubiera coiísen 

tido al hombre más bajo; más ruiíj 

y miserable... A él no... pero así | 

todo, cuando comprendí que la sosi 

^iecha fluctuaba en su mente, me dé 

cidí... Ya era tarde... No! aceptó.. 1 

Le llamé... ¡ 

¿Le llamaste? 

;Sí; noi para depositar el beso en mi: 

labios. Le llamé para matarle. Le es 

¡pieré armada la diestra con un puñal 

Pero no vino..., no vino. 

Huir... Ocultarhois sin salir de Sal 

Petersbnr J go... Esto fueraj lo mejor 

Creo lo mismo. 

Paradjo e[L primea golpe... 

Eso- E|so. Vayamos a hoisjpeílarnos 

un; hotel? 

Seríamos descubiertos. 

jAh! I Qué idea tan luminosa! 

Nos hemos salvado. 

Se Ha iluminado tu rostro. 

A tí na^ie, te conoce. 

Na 

;Contra tí no ; se pondrá en movimiér 
to la ptolicía 1 ^ El pjeligro soy yo. Vet 
tú solo a un hfotel. L 



Guill. Pero, ¿y tú? 

Julia Con el Principie Fernando. 

Guill. ¡Ahí! SI Ésta es la solución. Manos 

a la obra. (Toca un timbre.) 



ESCENA II 

Dichos ESTEFANÍA (por la izquierda) 

Estefanía ¿Llama? ¡ 

Guill. Listo el cochlé. 

Julia Al plinto. 

Guill. Ven luego con Gabriel. A la cabrera, 

(Vase Estefanía por el foro.) 



ESCENA III j 

GUILLERMO, JULIA 

Guill. Toma todas las ama jas de valor. 

Julia Sí. Sí. En uln bolso de mano. (Abre m 

secreter, todo con gran precipitación y ejecu- 
ta lo indicado.) 

Guill : Sólo las joyas. Deja lo demás. 

Julia ¿Y el dinero? 

Guill. Lo llevo en mi cartera. 

Julia ¿Cheques? ¿Billetes? 

Guill. Todo; todo. No te ptfeocuries. 

Julia ¿Has oído? Ruido de un cocjíe, 

Guill. Ha parado' aquí. 

Julia ¿Quién puede visitarnos a estas ho- 
ras ? 

Guill. Casi al obscurece*. Es extraño. 



— 114 — 
ESCElNA IV 

Dichos, ESTEFANÍA (muy agitada por el foro) 



Estefanía 


La [policía,, señor. La policía. 


Guill. 


i ¡ Maldición ! ! 


Julia 


Todo se h ! a p|erdido. 


Guill. 


¿ Cuántos viejtien ? 


Estefanía 


Uno que parece el jefe y otros dos. 


Guill. 


Corrie,. Dótenles todo el tiempo que 




¡seia posible. 


Estefanía 


¡ Ay, Dios mí[0¡ ! (Vase por el foro.) 




ESCEiNA V 




GUILLERMO, JULIA 



Julia Viendn a prendernos. 

Guill. El hotel está aislado... Vienen tres 

¡nombréis solamente. Saca tus pistolas!. 
JULIA Te coimprendo. (Precipitadamente aire 

una cómoda, y saca dos pistolas de una caja.) 
Guill. Cerráremos esta puerta. Yo tengo ya 

mi revólver. (Sacando su revólver.) 

Julia ¡A morir, Guillermo! 

Guill. Alguien irá por delante. 

Julia Si ves que no hay otro remedio, má- 

tame, antes de que me Hagan pri- 
sionera. 

Guill. Ya loi veremos eso. Calma y buena 

puntería. Resucita en mí el capitán 
de Granaderos. (& e °y en dos grandes 



-115- 



KUROK 
GUILL. 



KUROK 



GUILL. 

Julia 
Guill. 



golpes dados a la puerta del foro, desdi den- 
tro.) ¿ Quién va? 
Paso a la policía. (Dentro.) 
A ver si hacemos carne al través de 
la puerta^ ¡Fuegoií (Julia y Guillermo 
disparan contra la puerta, de espaldas ai 
público.) 

(Dentro, en alta voz.) No viertan sangre 
inútilmente. Ríndanse a prisión si 
quieren conservar la vida. 
¿Oyes Julia? Esa vp£... 
Esa voz... 

i Qué rayo de esperanza ! (Vase al foro 
y abre la puerta diciendo:) Adelante. 



ESCENA FINAL 

Aparecen en el foro KUROKi y POLICÍAS i.° y 2.° armados de 
• revólveres y apuntando con ellos 



KUROK 

Julia 
-Kurok 



¿Qué mirp? ¡Julia! ¡Guillermo! 
¡ Kurpk ! 
¡A mis brazos! (Se abrazan.) 



FIN DEL ACTO CUARTO 



ACTO QUINTO 



CUADRO XI 

La cárcel de ROBERTO 

ESCENA PRIMERA 

Aparece ROBERTO (atado a la argolla) ' ; 

No importa que el dolor vaya exte- 
nuando mis fuerzas. Otro es el dolor 
que llevo en el alma... Acude a ella 
el recuerdo: de tantos mártires como 
ha'ttón sufrido iguales tormentos. 
Que haya uno más... Nada importa. 
El caso' fuera que con mi martirio se 
cerrase la lista.,. Que la razón del 
hombre (se hiciería superior a estas 
vergüenzas. Menester fuera que se 
sublevase la conciencia de la Huma- 
nidad. Ya -els preciso que ésta vibre 
y que se descargue de sus obscur¡a$ 
crueldaldejs y negrlos despptis'mo^. No 
importa que yo muéria con las angusr 



Alejan. 



— 118 — 

tías ¡del alma y los de f smay¡qs de la 
carne... Amanezca la Aurora feliz que 
lia de alumabrair, al venturoso día... 
Confúndale la gran familia humana 
en un abrazo fraternal... Terminen 
sus odios... Acábentele las guerras... 
Conviértase ¡el mundo- en el hogar 
de todos, con una sola aspiración... 
El almor y la cieticia. ¡ La paz y el 
trabajo I 



ESCEiNA II 

Dicho, ALEJANDRA y CALABOCEROS 

I Qué horror ! Atado como una ñera. 
Soltadle. Soltadle al punto. (Los Cala- 
boceros cumplen el mandato.^) Idos de mi 
presencia. (Vanse los Calaboceros:) 



ESCENA III 

ALEJANDRA, ROBERTO 



Alejan. Perdona a tus; verdugos. 

Roberto ¿ Vienejs colmo' sbmbra o como luz ? 

Alejan. Como rosada aurora... Ya eres libre. 
Roberto ' ¿Yo libre? .No ejs posible. 

Alejan. Aquí e¡stá la ordejn de liberitad. Mira. 

Roberto Debe engañarte el deseo. 

Alejan. Cejrcióriate pjojr tí mismo'. 

ROBERTO A ver,; (Lee aproximando h linterna,) Cierj- 



119 



tú ds¡. Aquí se da la orden al Alcaide. 
¿Quién firma? ¡Gurbeln. GurEen! 

Alejan. ¡Mi padre; ! 

Roberto ¡Tu piajdre:! ¿Enejs la hija del Gene- 
ral Gurbietn? 

Alejan. ¿ Acásoí defsvaría^ ? ¿ No me lías reco- 
nocido? iTieíneiS el rostr¡o pálido. ¡Te 
h!a]n hefchb sufrir|... ¡ Miserables ! ¡Mi- 
serables! 

Roberto Los perdono Alejandría. 

Alejan. Regocíjate Piensa sólo en la nueva 

feliz que traiga. ¡ Pielnsa sólo en tu 
lib ertad ! 

Roberto Ya velo que eres tú... Mi án£el bjuenp. 
¡Mi Alejandría! 

Alejan. No ¡perdarnos tiemg|o. Sígjueme. Eíi 

la puerta de la cárcel espera mi pa- 
chte. Vampis a respirjar el aire pjuro 
I de la calle L ; ¡el ambiente sano cíe la 

libertad! 

Roberto ¡Libertad! ¡ Oberjíad I ¡Mágica pa- 
labra I... Sí. Sí... Rómpase el pesado 
imán que me tiene atado a estas som- 
bras. Vamos* Alejajndra, vamos. 



; EISCEiNA IVi 

AJ ir a hafcer mutis por la derecha ALEJANDRA* y ROBERTO, 
aparece interponiéndose el CORONEL ALCAIDE 



Alcaide 

Alejan. 
Alcaide 



¡Alto l No puiedeix salir. Siento mu- 
cho loi que otíurrje, señorita. 
¿Qt«é ocurre? 

Acabo de; recibirj pbr: teléfono uln 
aviso de sui pjaídre el Gener|al. Me 



120 



dice que vidrie al punto y que le es- 
pere usted. 

Alejan. No importa. Salgamos de aquí. 

ALCAIDE No, señorita. He recibido contraor- 
den. El prisionera queda retenido en 
su cárcel. Lo siento much!o. 



ESCENA y 

ROBERTO, ALEJANDRA 



ROBERTO (Dejándose caer en un banco prorrumpiendo 
i _'1 en una prolongada y estridente carcajada,) 
Jal ¡Jal i Jal 

Alejan. ¡Dios mío I 

Roberto (Sarcásticamente.) Vamos, Alejandra, 
vamos a respirar el aire puro de la 
calle. El ambieínte sano de la liber r 
tad. Ja... ja... ja. 

Alejan. ¡Ernesto! ¡Ernesto! ¡Amoii de mi 
alma I 

Roberto No digas amor de tu alma. Debes 
decir, veneno de tu vida. Muerte de 
tu felicidad. 

Alejan* Jamás pronunciaré esas palabras jor- 
que nunca daré abrigo a tales pensa- 
mientos. Cuanto más desgraciado te 
contemplo más grande se hace mi ca- 
rino. Si tus ojos me han de dar la 
muerte..., \ mírame I Si el beso de tus 
labios ha de envenenarme..., ¡bésa- 
me! (Roberto levántase cogiendo de la mano 
a Alejandra y atrayéndola hacia sí, en un 
arranque.) Así... 

ROBERTO (Reaccionando, separándose de Alejandra.) 



121 



\LEJAN. 



Roberto 

Alejan. 

Roberto 

Alejan. 

Roberto 



Alejan. 
Roberto 



Alejan. 



Pobrecilla... Sálvate tú... SepáfcSrno- 
nos. 

No. No saldré de ésta cárcel. Mi pa- 
dre tendrá que sacarme de ella ape- 
lando a la fuerza de sus soldados. 
Quisiera odiarle... pero no puedo... 
Quisiera maldecirle; pero recuerdo! 
al punto que es mi padre. 
Te admiro Alejandra. 
Corre su sangre por mis venas;. 
¡Ahí Sí. íTú me haces memoria^ 
¡ Maldición I 

Ha salido un rayo obscuro de tus 
ojos. Tú sí que le odias. 
Es el Tirajno del pueblo. Su corazón 
está seco cotmo rama abrasada porj 
el calor del estío. Hasta él no llegan 
las fuentes de la ternura. No esperes 
(misericordia de tu padre. Y si tú que 
eres la luz de su negro corazón no la 
obtienes... 2 cómo quieres, desdicha- 
da, que; la obtenga yo que soy su 
encono y su pesadilla? Vete... Aban- 
donadme al destino. Troncha la florj 
de tus; ilusiones. 

¡ Ay, de mí i (Déjase caer en el banco que 
antes ocupara Roberto.) 
¡ Nuevos sollozos ! | Cárcel maldita ! 
¡ Cómo te nutres con los dolores del 
alma! (Pausa. Acercándose a Alejandrad) 
Por no verte sufrir.,. Si ahora me ha- 
llase al borde del precipicio y viese 
llegar en desenfrenada carrera los 
caballos de tu coche... 
(Levantándose y abrazándose a Roberto.) 
¿ Qué vas a decir ? ¿ Me dejarías ror 
dar al fondo del blanco ? No lo efe 



122 — 



gais en alta voz. Dfrnelo al oído. Má- 
tame p;erp! eín, voiz baja. Muy quedo. 
¡Muy quedo. 
Roberto No. . ¡ 

Alejan. ¿Me salivarías de nuevo? 
Roberto Sí. Volvería a sier, tu salvador. (Se 

separa de nuevo.) 

Alejan. ¿Sep¡a^ájndote de mí? ¿Quién te| 
amanea de mis brazos? 

ROBERTO (Cogiéndola de la mano y conduciéndola al 
foroj Vetó. Mirai al fondo de aquella, 
sala. w . ¿Qué ves? 

Alejan. Una rueda y unos garfios. 

Roberto Esos son los que me arrancan de tus I 
tirados,. 

Alejan. ¡Hprr¡ofir¡! ¿Te Ü¡a|n dado tormento ?¡ 

Roberto Otro fué el cuerpo despedazado... pe- 1 
ro yo» siento* ej. dolor de las heridas^ 

Alejan. ISí efetás dpl : orido> ¿por qué no te 
confías a tu Alejandra? ¿Por qué 
trio me hlacejsi mirar, también al fondo 
de tu ajina'? 

Roberto Porque verías cómo se mueve aque- 
lla rueda despedazando el cuerpo de 
una imagiejn.,. Ya lo sabes toído. 

Alejan. ¡Sólpí s|é qué eres un misterio'. 

Roberto OE^piera a que! venga tu padre... Pue- 
de ser; que él k> descubra. 

Alejan. ¿Dices que mi p¡ajdre?... 

Roberto Basta-t Pprigarnojs término a estas agi- 
taciones del espíritu. Recugera tu 
asiento. 

Alejan. Como /quieras. (Tomando asiento J ¡No 
(hlay espe-ranza ! (Oran pausa.) 

Roberto (Es hermosa como un ángel. Le dio 
la Venus sus perfiles de estatua. 

;: ' ¡ i_A.rid.ei en, sp\$ ojote la, llama del amorj 



123 — 



\lejan. 
Roberto 

\LEJAN, 

Roberto 



alejan, 
Roberto 

Alejan. 
Roberto 
Alejan. 
Roberto 



Alej A N.: 

Roberto 

Alejan. 
Roberto 



Alejan. 



DíejBejri tener sus labios la frescura 
de la rosa. Esa mujer; es la primera 
ilusión, ¡de mi vida. Acaso es ya la úl- 
tima. Acaso me ejspera la muerte y, 
viene Alejandra papa pfrecerme la 
dicha postrera. (Acercándose a ella.) 
\ Alejandra ! 

¿Qué? i 

i Te amo! 

¡Ahí! ¡Por fijn;! (Levantándose. Se abra- 
zan muy intimamente!) 

Tu cuerpp! mei patfece el de una azu- 
cena. Xus cabellos me acarician. JSe 
engarza mi alma en tus hebras de 
seda.:.. 

¿Qué quiere^ de tu Alejandra? 
La dicha tiene su altar, perfo es de flo- 
res. Aquí no hay más que sombras. 
[Manantiales de luz ya son tus ojos, 
¿ No te asusta esta cárcel sombría ? 
:No. 

¿Quieres que se junten nuestras al- 
mas? ¿Que palpiten unidos nues- 
tros corazones ? 
¡Sí, 

Ya e$ tarde... Ya llegan- (Acercándose 
para escuchad a la puerta!) 

No. No vienejn todavía. 

Sí, Alejajndra.,.. Oijgjo ruido de pasos. 

De sables 'que se desnudan. Crujido 

de espuelas. Es tu pjadre que viene a 

desgarrar; con ella;s nuestras horas 

de amor. Nuejstra's h r ora;s de felicidad. 

Triste. 



— 124 — 



¡ ESCENA yi 

Dichos, GURBEN seguido de KUROK y POLICÍAS i .o y 2.a 
(por la derecha) 



(El General viene de capote blanco. Kurolc y 
los policías llevan cada cual el suyo con las 
vueltas del cuello levantadas cubriéndoles la 
mitad del rostro* Traen los sables desenvai- 
nados. Toman posición junto a la puerta y 
permanecen inmóviles y rígidos como estatuas 
contemplando la escena.) 

Roberto Gurben. •■• ■* \ 

Alejan. Padre: Has faltado a tu palabra. 

Gurben Alejandra. ¡Vengo en persona p^ra 

arranca^ la venda que el amor ha 

• puesto en tus ojos. (Pausa.) Ernesto 

Larriviere : voy a dirigirle una acusa!- 

ción, pero e;s de tal índole que no 

' .{■ '■'' ¿, admite más disyuntiva que la libér- 

1 / tad o la muerte.' Me bastará mirarle 

al rostro para saber a qué atener- 
' ! me... Si me equivoco fácil le será 

desvanecer mis sois'pecháSi.. 

Roberto Basta de preámbulos. Venga esa acu- 
sación. 

GuRBEN Usted no es Ernesto Larriviere. Us- 
ted es Roberto Padewski. 

Alejan. Defiéndete... ¡Desvanece las sospe- 

chas de mi padre! 

Roberto Ya me he cansado de fingir... Ya 
np podría hácerjo. Sí. Yo soy Ro- 
berto Padewski. 



— 125 — 



¡ Jesús ! 

Np rae he equivocado. Avergüén^ 
zate hija raía, por haber puesto los 
ojos en un hombre que e!s indigno 
de tí. 

Alejandra, \¿ qué dices tú a eso ? ¿ Soy 
yo ta!n indigno como tu padre afirr 
ma? Denígrame tú también. Haced- 
me entre todos vil y miserable. Cu- 
bridme de ignominia. Arrojadme al 
cieno co¡mo un harapo de hombre. 
Tratad de obscurecer hasta el res- 
plandor que arde en mi cerebro... 
Todos ¡contra mí. No importa. Yo 
contra tojdos. 

No. No me avergüenzo padre... An- 
tes le amaba como Ernesto Larrivie- 
re. Ahora resulta que efe Roberto 
Padewski... Pues bien; ahora le quie- 
ro más todavía. A tus brazos voy 
Roberto. 

¿Así manchas tu noble alcurnia? 
Arroja al cieno lo que es tuyo. Lo 
ique no puedo arrebatarte; juventud 
*y hermOsuria, perfo no manches el 
apellido que llevas, porque no te 
pertenece. 

Para tí> el aipellido. Para mí, Ro- 
berto. 

Teniente Trepoff. Arranque; a mi 
liijla, de los brazois de ese hombre. 
(Pausa,)) 

Me amanearéis la vida, peno no el 
alma. Atreveos a tocar; mi cuerpo. 
¡Miserajbles. (Kurók y los policías perma- 
necen inmóviles sin obedecer la orden.) 

¿Permanecen inmóviles? ¿No obb- 



? — 126 — 

¡decetn mí pji'den? ¿Tan moostrúosía 
es la acción que mando ejecuta 1 ?,, 
¿que rompe hasta lojs lazos! de la dis- 
ciplina ? ¡Ah! Ya comprendo. Al 
cabo, soy su padre. Revoco el man- 
dato. Alejandra, sepárate de los bra- 
zos de ese infame. 
Roberto ¡ Ira de Dios ! Aparta, Alejandra, pe- 
ro escucha. Vas a saber dónde está 
la infamia.. Nada dije hasta ahora, 
por mo herir tus sentimientos filiales, 
i Ese h'oimbre a quien no odiáis: porique 

¡ te ha dado; el ser. Esle hombre a 

quien no maldices porque es tu pa- 
• i dre... Ese déspota cr¡uel y sanguina- 

! rio, ha sido el verdugo de mi herma- 
na Beatriz. 
ALEJAN. ¡ J Oh' ! ! (Cubriéndose el rostro con las ma- 

nos.) ■■ 

Roberto Era joven y hermosa como tú. Tier- 
na como un capullo de rosa... Pura 
'como una azucena. Allí mismo, en 
el interior de aquella sala, fué (su 

; ; • • ; cuerppi despedazado. Esa era la ima- 

gen acusadora que se interponía en- 
tre tu amor, y el mío*. 

Alejan. ¡Qué horrar l I 

GuRBEN (¡Mal rayo!) 

Roberto El infame eres tú, Gurben. El noble 
soy yo... Yo llevo la cruz a cuestas... 
Para tí, el prestigio del déspota.;.. 
Para mí, la gloria del libertador. Yo 
soy luz, tú eres, sombría. Yo llevo 
una idea humana en el cerebro. Tú 
llevas una horca en la conciencia. 

Gurben Basta. Basta. 

Roberto La única luz de tu negro corazón, 



127 — 



era tu hija, y mira sii eres infame 
que támaras también a tu hija. 

Teniente fjreppff. 

Basta. Sí, Padre. Cierto es: que me 

matas. jMirja. (Saca un puñal que lleva 
oculto, y rápidamente se lo clava en el 
pecho. Cae muerta al pie de la puerta de la 
sala del foro.) 

j Alejalndria ! ¡Hija mía! (Se acerca a. 
su hija.) | j Se hía matado ! ! • 

Libertad, me has arrebatado a los 
serles: más queridos. Ahora cae Alep 
j'andra sacrificada al pie de tus al- 
tares... Arráncame también el cora- 
zón. ¡Acaba tu obra, Libertad!' 
Roberto^ Padewski. Por tí se ha ma- 
tado mi hija. Me has inferido el más 
grande de los dolores 1 ... Vas a ser 
castigadoi Como mereces. Tíenieiite 
CTiieppf í . Llévelo donde le tengo reco- 
mendadoi; y - cumpla rigorosamente! 
mis ordenéis. 

Ya sé que voy a la muerte. Lo indica: 
la satisfacción satánica que notoi en 
tu semblante. No importa, Roberr 
to Padewski, sab'$ morir. Adiós', Ale- 
jandra... Adiós, amor de mi vida. 
Gurben. Asesino de Beatriz... ¡Ver- 
dugo de mi raza! Te desprecio. Va- 
mos. (Extendiendo el brazo vigorosamente 
indicando la puerta de salida. Race mutis 
y le siguen KuroJc y los dos policías*) 



128 



ESCENA VII 

GURBEN 



¡Alejandra! j Alejandra I Ese malva- 
do se apoderó de tu voluntad. La 
ceguera del amor te ha conducido 
a la muerde. ¿ Será esto una expia- 
ción? ¿ Será un castigo? Has matado 
a la madre; noi mates también a la 
hija... Eso me dijo Alejandra... Y 
ahora me dice Roberto que llevo una 
horca en la conciencia. No. No. Esto 
koln debilidades del espíritu... Preo- 
cupaciones indignas de mi carácter... 
La Autoridad debe imponerse en to- 
dos los actos de la vida. Ya he ven- 
cido. Ya he dominado mis ruines 
flaquezas. Vo¡y a dar; órdenes. (Al 
salir observa que la puerta está cerrada.) 
¿ Cómo ? ¿ Cerrada la puerta ? ¡ Te- 
niente Trepoff! ¡Teniente Tre^off! 
No me oye... Me dejó encerrado... 
Aquí. Aquí coln el cadáver de mi 
hija. ¡Maldición! Esta es; mi horca. 
¡ Quiero! huir de estas sombras! ¡ Por 
aquí!... j Horror! La sala del tor- 
mento. No hay salida. Ábrete, puer- 
ta. (Golpea la puerta derecha,) Necesito) 
respirar el aire libre... Aquí me ahb^ 
go. ¡Libertad! ¡Libertad I 

MUTACIÓN í 



— 129 — 



CUADRO XII 

Telón corto de selva. Es de noche 



ESCENA PRIMERA 

Aparece por la izquierda KUROK;. A éste, sigue ROBERTO atado 
por la espalda con una cuerda que coge pojr. el extremo 
el POLICÍA i. a acompañado del 2.0. 

KUROK Alto. (Al llegar al medio de la escena.) 

Roberto Por lo visto ya hemos llegado al lu- 
gar de la ejecución. Quitadme la 
vida con golpe certero. No me hagáis] 
padecer 1 . (Acercándose a los policías en 
voz laja.) 

KuROK Idos en seguida a cumplimentar! mis 

órdenes. 

POLICÍA I.Q A escape. (Vanse los dos policías por la 
izquierda.) 



ESCENA II 

ROBERTO, KUROK 



ROBERTO (Que quedó sin moverse cara a la derecha 

esperando la muerte.) \ Madre I ¡ Guiller- 
mo! ¡Julia! ¡Adiós para siempre! 
(Kurolc sin decir palabra desata la cuerda.) 

9 



130 — 



KUROK 

Roberto 

Kurok 

Roberto 

Kurok 

Roberto 

Kurok 

Roberto 

Kurok 



Roberto 
Kurok 
Roberto 
Kurok 



Roberto 
Kurok 



Roberto 
Kurok 
Roberto 
Kurok 



¿Desata mis ligaduras? ¿Y los otro£ 
han desapaftecidq? ¿Me deja liBreí? 
¿Quiere explicarme k> que esto sig- 
nifica? ¿Se ha vueltqi mudo? ¿Qué 
le pasa a usted? 

¿ No¡ me ijecoíioees ? (Bajando las vueltas 
del cuello del capote.) 
¿Cómo? ¿Esa voz?... 
Mírame bien. 

I Bondad divina ! No>. No me atrevo a 
dar, crédito a lo que ven mis ojos'. 
A mis brazols^ hombre, a mis brazos. 
¡ KurO'k I (Se abrazan.) 
¡ Gracias a Diofs I 
¿ Qué es eisto^ Kurok r* 
Esto es, que ya te tengo en mi poder 
y np te suelto pjejsle a tre|s regimiento^ 
de qosacofs. 
¿Y este uniforme? 
iTeniehte rqal y efectivo. 
¿Tú, Kurok, tú? 

No te asombres talnto. Deja alguna 
sorpresa piara luego. Vas' a ver a tus 
hermanos Julia y Guillerjmo, en este 
taismoi (sitio, 
¿Es pasible? 

Y taja posible; perio antes de que ven- 
gajn, atrás voívamojs. Conviene sepas 
algo' de lo que ha ocurrido para no 
perder luego' el tiempo en explicacio- 
nes. Si ínterin vienen Julia y Guiller- 
mo', que esperten un p|oeo. 
¿ No es esto» un sueño ? 
¿Así estamos todavía? 

¡ Kurok ! .(Abrazándole de nuevo.) 
Aprieta cuanto' quieras. A veri si tie- 
nes fuerza para hacer 1 de dois! corazo- 



— 131 — 

lies uno |splo< (Medio abrazados vanse 
por la izquierda,) 

Centinela (Dentro a distancia.) \ Centinela alerta l 
(Más lejos.) Alerta. Alerta. 



ESCEiNA III 

Aparecen por la derecha JULIA y GUILLERMO 



jtUILL. 

¡ULIA 

GUILL. 



("ULIA 
GUILL. 

[ULIA 

GUILL. 

[ULIA 

GUILL. 

Julia 
Guill. 



Julia 

Guill. 

Julia 

Guill. 



Ya hemos llegado. \ \ 

¿Es aquí, donde dijo Kurok? 
Aquí es. Conozco el sitio. Fíjate en 
aquellas luces que flameah al través 
de lois árboles. 
Ya me fijo. 

Y en aquel torreón qué se alza en la 
¡sombra coimo un fantasma. 
¿ Aquélla de la cárcel ? 
Sí. 

¿ Tardará Kurok en; venir con nuestro 
hermano ? 

Dependerá de las circunstancias., 
¿ Najda te ha dicho? ¿ No conoces su 
jplari ? 

Esta será nuestra noche gloriosa, me 
dijo... Haremds copo redohdo. Rotter- 
to será libertado y Gurben ocupará 
su puesto... Des;p;ués la expiación. El 
castigo que el déspota merece. 
Calla. Fíjate. Viene hacia aquí una 
sombra. 

Debe ser Kurok. 
La sombra avanza, 
j Kurok ! 

(Adelantándose hacia la izquierda.) 



— 132 — 



KUROK 

Julia 

Guill. 
Kurok 



Guill. 
Kurok 



Julia 

Guill. 

Kurok 



Guill. 
Julia. 
Guill. 
Julia 



ESCENA IV 

Dichos y KUROK (por la izquierda) 

Aquí estoy, 

¿Nuestro hermano? (Con mucha ansie- 
dad.) 

¿Y Roberto? 

No hablen alto. Bajen la voz; que 
pudieran oir los centinelas avanza- 
dos. 

¿ Qué ha ocurrido;, Kurok ? 
Calma en su afán. Todo> ha salido a 
pedir de boca. Roberto está muy cej - - 
ca. Yo me he adelantado para reco- 
mendarles la prudencia.. Cuando 
venga a sus brazofe nada de gritos y 
exclamaciones... Que sólo* s¡e oigan los 
latidos que da el corazón. 
Sí. Sí. Perp que venga pronto. 
Pronto, Kurok. 
Esperen un momento'. (Vase por la iz- 



ESCENA V 

JULIA, GUILLERMO 

Vamos a verle* Julia... 
Un sueñoi me parece tanta dicha. 
Ciertoi que parece un sueño. 
¡ Si pudiera verle nuestra madre ! 



133 



GUILL. 

Julia 



¡Pobre madre 
Ahí viene. 



ESCEiNA VI 

Dichos, ROBERTO (por la izquierda, seguido de KUROK) 



KUROK 



Julia 

Guill. 

Kurok 

Roberto 
Julia 



Roberto 

Julia 
Roberto 



Julia 

Roberto 

Guill. 



Roberto 
Kurok 
Roberto 
Kurok 



(Roberto se abraza a su hermano sin decir 
palabra.. Estos le reciben en la misma forma.) 
(Estas son las escenas que ablandan 
el corlazón. Aquí quiero ven yo a los 
hblmbrles.) 
¡ Rob erto) ! 
¡ H er}mano> ! 

Así a media voz. Desahogúense cuan- 
to quieraln. 

Ya sé que ha muertoi nuestra madre* 
Murió con los ojos puestos en el ca- 
mina por donde esperaba que viniqse 
su hijo. 

¡Madre de mi vida! Alejarídra tam- 
bién ha muerto. 
¡ Cómo! 

En presencia de sti padree... sacó un 
puñal que llevaba ocultoy y se lo< cla- 
vó en el pjechoí., 
¡ Infeliz ! 

Mi corazón está destrozado. 
Reliquias ¡sjoimdsi' de la familia Padews- 
ki., Endulzaremos tus penas, hermano 
mío*. 

Kurok, ¿ qué hacemos ? \ 

Falta lo* principal. 
I A quiéfn esp er¡amos ? 
A nuestros compañeros Patrik y Rol- 



— 134 



Roberto 

Kurok 

Guill. 
Julia 



Kurok 

Julia 

Kurok 



Julia 

Roberto 

Julia 

Roberto 

Julia 

Kurok 

Roberto 
Guill* 
Roberto 
Julia 



cloff.,. No deben tardail muchb, Te- 
ned fe en mi justicia. 
¿ Y luego dónde vamos ? ¿ Donde nos 
esconderemos ? 

A nuestras antiguáis! m adriguerlaisy 
¿Nos sepultaremos en vida. 
Julia;... .Comunícanos tu proyecto. 
Dinois, Kurpk. ¿ Las órdenes que reci- 
biste pair^ prelridernOs, fueron sieere- 
tas? 
Sí. 

¿Naídie las conoce? 
Gurbén no ha comunicado a nírigúfr 
otr¡o su penlsajmiento. Ya le dije que al 
ir al hotel habíain ya desaparecido 
sus mor&dores... Entonces me mandó 
que si se confirmaban sus sospecha^ 
matase secretamente a Roberto y le 
enterrase en un campo desierto... 
Sólo Gurben y yo conocemos estos 
^iniestrjos planes. 
Siendo así, nojs bemo^ salvado, 
¿ Qué ¡dices Julia ? 
Ya tenemols refugio. 
¿Dónde? 

En mi propio hotel. 
(Dándose una palmada en la frente.) Es 

verdad. Cada vez me hagí> más torpe, 
¿Podemos allí ocultarnos? 
Con toda impunidad. 
¿Y la servidumbre? 
Estefajnía, una muchacha que daría 
su vida ppi) mí,, y sus! dos hermanojs! 
Luis y Gabriel, Han venido; de Ale- 
mania con nolsotrpis. Respondo de su 
lealtad. 



■"'''•; ( -. 135 — 

Guill. Es un hotel aislado completamente^ 

eh las afuerjajsi de San Petersburgot. 

Roberto Reanimáis mi espíritu., Allí podemos 
estableced nuestro cuartel general. 

Kurok Naturalmente. ¡ 

Roberto Y seguir, nuestra camparía. 

Julia. Es elarjo. i 

Guill. El lugar es a propósito. 

Kurok Lo foftificaremos ppr dentro. Sos: ar- 

maremos hasta los dientes. 

Roberto Lo coíriverjtiremos en baluarte de la 
libertad., 

J. y G. i Viva I 

KUROK Soberbio;.. (Lejos, un gran estruendo como 

el que produjera la voladura de un torreón por 
medio de la dinamita.) 

Roberto ¿ Qué estruendo es ese í 

Guill. ¿ Qué habrá sido) eso?, 

Kurok Ya se ha consumado la justicia. Si- 

guiendo mis instrucciones Patrik y 
Roldof f han volado el torreón maldin 
to... La piedra cayó sobre la piedra. 
El déspota habrá píerecido entre loS 
escombrp¡si fl 

Julia ¡Justicia! ¡ i 

Kurok ¡Justicial 

Guill. Aquí vienen nuestras; comppnfetog. 



ESCENA FlríAE 

Dichos, POLICÍAS i .o y 2.a (por la izquierda) 



Roberto Salidles al encuentra Un abrazo amik 
gos. (Se abrazan,) Ya hte Sacudido la 1 
inepcia que se háhía apjQldetado; de 



— 136 — 

miocwria2Ótti.(..Kui1ok. Compañeros. IJa 
Libertad es la luz de nuestro espíritu. 
¡Al baluarte de la Libertad! 
Todos ¡Al baluarte de la Libertad I (Vanse 

todos por la derecha,) 



MUTACIÓN 



CUADRO XIII 



El interior de la cárcel convertido en ruinas por la formidable ex- 
plosión. Sobre un montón de escombros, donde se ven en 
confusa mezcla las ruedas y garfios que pertenecían a la sala 
del frormbnto, japalrjece el cadáver de Gurben. El humo y Jas lla- 
mas campean entre las ruinas. La luna ilumina el cuadro ca- 
yendo sobre el cadáver de Alejandra. A lo lejos vista pano- 
rámica de San Petersburgo con iluminación nocturna. 



FIN DEL DRAMA 



'.TEATRO AdtUIVr)!^^ 



o Juan Tenorio.— Drama en siete actos, y en verso, original de tíotí 
José Zorrilla, con el retrato del autor en la cubierta, 1'50 pesetas. 

alcázar de las perlas.— Comedia en cuatro actos y en verso, de Fran- 
cisco Villaespesa, una peseta. i 

¡surrección (draima), de Tolstoy, 150 pesetas. , 

A 75 céntimos el ejemplar 

La princesa del dollar. — Opereta en tres actos, de Leo Fall. Libro, 

traducción de Bruno, Güell. 
La ola gigante.— Drama en siete actos y en prosa, original de José 

Fola Igúrbide. 
El señor conde de Luxemburgo.—Opereta en tres actos, de Franz 

Leñar. Traducción de José Zaldívar. 
La captura de Raffles, o el triunfo de Sherlock Holmes.— Melodrama 

en seis actos y en prosa, por Luis Mifiá y Guillermo X. Roure. 
El Sol de la Humanidad.— Drama en siete actos y en prosa, original 

de José Fola Igúrbide. 
Zaza. — Comedia en cinco actos y en prosa, de Pierre Berton y Char- 
les Simón, traducción de C. Costa y J. M. Jordá. 
Mujeres vienesas.— Opereta en tres actos, de Franz Lehar. Libro, tra- 
ducción de Pablo Parellada (Melitón González). 
Hamlet. — Tragedia en cinco actos y en prosa, de William Shakes. 

peare; adaptación española de L. Fernández Moratín. 
Giordano Bruno. — Drama en cinco actos y quince cuadros, en prosa, 

original de José Fola Igúrbide. 
El nido ajeno. — Comedia en tres actos y en prosa, original de Jacinto 

Benavente. 
El Rey. — Comedia en cuatro actos y en prosa, de G. A. de Caijlavet, 

Robert de Flers* y Emmanuel Arene, adaptación de Enrique Henriquez, 
Prisionero de Estado, o la Corte de Luis XIV.— Drama histórico »en 

siete actos y en prosa, de A. Mundet Alvarez y José M.» Pous. 
Fantina, o los miserables. — Drama en seis actos y en prosa, de Victo* 

Hugo, adaptado a la escena española por A. Mundet Alvarez. 
La ladrona de niños. — Melodrama en un prólogo, cinco actos y ocho 

cuadros, en prosa, arreglado a la escena castellana por Francisco 

Tressols. 
Los dioses de la mentira. — Drama en tres actos y en prosa, de José 

Fola Igúrbide. 
Cristo contra Mahoma.— Drama trágico en cinco actos, divididos en 

once cuadros, en prosa, de José Fola Igúrbide. 
Juventud de principe. — Comedia en cinco actos y en prosa, de G. Meye» 

Forster, traducción de C. Costa y José M.» Jordá. 
Juan José. — Drama en tres actos y en prosa, original do Joaquín Dicenta, 
La sociedad ideal.— Poema escénico en cinco actos, divididos en trece 

cuadros, en prosa, original de José Fola. 



CATÁLOQO DE LA CASA EDITORIAL MAÜCCI 



20 La cizaña.-— Comedia en dos actos y en prosa, original de Manuel Líe 

res Rivas. 

21 Entre ruinas. — Drama en tres actos y en prosa, original de R. Cam 

many y C. Giralt. 

22 La vida es sueño. — Drama en cinco jornadas y en verso, de don Ped 

Calderón de la Barca. (Refundición escénica por José Brissa). 

23 Sabotage.— Drama en un acto y en prosa, original de Hellen, Valcl 

y Pol d'Estoc. Traducción de Enrique Arroyo y Carlos Dotesio 
Pasa la ronda.— Drama en dos cuadros y en prosa, escrito en franc 
por Robert Francheville. Traducción de Francisco Llano. 

24 Magda. — Drama *en cuatro actos y en prosa, original de Hermann S 

dermann, vertido al español por Carlos Costa y José María Jordá. 

25 El papá del regimiento.— Comedia en tres actos y en prosa, original < 

MM. Monéry Eon y Durieux, arreglado a la escena española p 
Felipe Pérez Capo. 

26 Er alcalde de Zalamea.— Drama escrito en verso por el inmortal de 

Pedro Calderón de la Barca. Refundición en tres actos por Jo 
Brissa. 

27 Loa dos pilletes. — Melodrama en dos partes y ocho cuadros, en pros 

escrito en francés por M. Pierre Decourcelle. Adaptación española p< 
Juan B. Enseñat. 

28 Don Juan de Serrallonga.— Drama en cinco actos, en prosa y en vers 

original de don Víctor Balaguer. 

29 El Rey Lear.— Drama en cinco actos y nueve cuadros, en prosa. Refu: 

dición de la obra de William Shakespeare, por Juan B. Ensefiat. 

30 Espectros. — Drama en tres acto£ y en prosa, de Enrique Ibsen. Versió 

española de Agustín Mundet Alvarez. 

31 Las cigarras hormigas.— Juguete cómico en tres actos y en prosa, oí 

ginal de Jacinto Benavente. 

32 El registro de la policía.— Drama en ocho actos y en prosa, acomodac 

a la escena española por don Eduardo Vidal y Valenciano. 

33 El vergonzoso en palacio.— Comedia en tres actos y en verso, origin 

de Tirso de Molina. Refundición de Luis Suñer Casademunt. 

34 La fuerza de la conciencia.— Drama en cuatro actos y en prosa, trad 

cido por Joaquín García Parreño. 

35 Aurora. — Drama en tres actos y en prosa, original de Joaquín Dicenti 

36 Eva.— Opereta en tres actos, música del maestro Franz Lear y Ubi 

de G. Jover y J. Zaldívar. 

37 El bufón.— Tragedia en tres actos y en verso, original de Joaqu: 

Dicenta (hijo). 

38 El cuchillo de plata.— Drama en cinco actos y un prólogo, en pros 

arreglado a la escena española por E. Vidal y Valenciano y 
Roca y Roca. 

39 Nick Cárter.— Melodrama en cinco actos y ocho cuadros, en prosa, tr¡: 

ducción española de Enrique Henríquez. 

40 La cena de los cardenales.— Un acto, en prosa, por Julio Dantas, tr¡ 

ducción de Francisco Villaespesa. 
¡Justicia humana!— Cuadro dramático en un acto y en verso, origin 
de José Pablo Rivas. 

41 El señor feudal,— Drama en fres actos, original de Joaquín Dicenta; 



CATÁLOGO DE LA CASA EDITORIAL MAUCCI 



El veranillo de San Martín.— Idilio dramático en tres actos y en prosa, 

original de Apeles Mestres, traducción de Ramón de Saavedra. 
El desdén con el desdén. — Comedia en verso, de Agustín Moreto, 

refundida en tres actos por Luis Suñer. 

tín Moreto, refundida en tres actos por Luis Suñer. 
Amor de amar.— Comedia en dos actos y en prosa, original de Agus- 
Cuento inmoral.— Monólogo en prosa, de Jacinto Benavente. 
La dama de las camelias.— Drama en cinco actos y en verso, original 

de Alejandro Dumas (hijo). Traducción de Magnolio Juárez. 
La domadora de leones. — Drama en seis actos y en prosa, escrito por 

José Fola Igúrbide. 
El capitán cajero, o los dos sargentos franceses.— Drama militar en 

seis actos, escrito en prosa por Luis Mülá. 
El místico.— Drama en cuatro actos y en prosa, de Santiago RusiñoJ, 

traducido al castellano por Joaquín Dicenta. 
García del Castañar, o del Rey abajo ninguno. — Comedia en tres actos 

y en verso, de F. Rojas Zorrilla. Refundición de José Vico. 
La fierecilla domada.— Comedia lírica en tres actos y en prosa, J de 

Shakespeare. Refundición de J. M.* Jordá y Luis Zulueta. 
El honor. — Comedia dramática en cuatro actos y en prosa, original de 

Hermann Sudermann, arreglada a nuestra escena por Luis Recofll. 
El sí de tes niñas. — Comedia en tres actos y en prosa, de Leandro* 

Fernández Moratín. 
María Antonieta.— Drama histórico, en seis actos y en prosa, de P. 

Giacometíi, traducción de J. C. y de E. V. V. 
La viuda alegre.— Opereta en tres actos, versión española de A. Roger 

Junoi, música de Franz Lehar. 
El abate Faria y Edmundo Dantés, o el conde de Montecristo.— Drama 

en un prólogo y cinco actos, de Alejandro Dumas (padre), arreglado* 

a la escena española por José Nieto y J. Guardia. 
Ótelo.— Tragedia en cinco actos de Williams Shakespeare, traducción 

y en verso por A. Carrión y José M. Jordá. 
El barbero de Sevilla.— Comedia en cuatro actos de Pedro A. de 

Beaumarchais, arreglo en verso castellano por Agustín Mundet Alvares 
Daniel. — Drama en cuatro actos y en prosa, original de Joaquín Dicenta. 
Pecado de juventud.— Drama en siete actos, escrito por José Artís. 
Nadie más fuerte que Sherlock Holmes.— (2». parte de la captura de 

Raffles). Drama en seis actos, original de L. Milla y G. X. Roure^ 
La muerte civil.— Drama en tres actos, de Pablo Giacometti. Refundido 

y arreglado por Salvador Suñer. 
La apuesta de don Juan Tenorio.— Drama en seis actos, original y en 

verso, de G. Jover, arreglo de Juárez. 
Sor Teresa, o el claustro y el mundo. — Drama en cinco actos y en 

prosa, de E. Vidal y Valenciano. 
La niña boba, o buen maestro es amor. — Comedia en tres actos, escrita 

en verso, original del inmortal poeta Fray Lope Félix de Vega Carpió. 

Refundida al teatro moderno por Luis Suñer Casademunt. 
El pan de piedra (el carbón). — Drama en cinco actos y en prosa, escrito 

por José Fola Igúrbide. , ¡. ■■'./;.'- ,'i 



CATÁLOGO DE LA CASA EDITORIAL MAUCCI 



Romeo y Julieta.— Tragedia en cinco actos, de Williams Shakespeare 
arreglada a la escena española por J. Roviralta Borrell. 

67 Los reyes ante la Inquisición.— Drama en cinco actos, adaptado a I; 

escena española por J. B. Baró, E. Salvat y S. Sala. 

68 Felipe Derblay.— Comedia en cuatro actos, de Georges Ohnet. 

69 Los malos pastores. — Drama trágico en cinco actos por Octavio Mirbeau 

traducción de Felipe Cortiella 

70 Huyendo del nido.— Juguete cómico en tres actos y en prosa, origina^ 

de Francisco X. Godo. Traducción de C. y E. Arroyo 

71 Claudio Frollo, o Nuestra Señora de París — Drama en ocho actos, 

ai reglado a la escena española por Emilio Boix Serra 

72 Pasión fatal, o Ana Karenine. — Drama en seis actos, adaptación escénica 

de la novela de León Tolstoi por E. Guiraud. Versión española de 
José Zaldívar. 

73 Margarita de Borgoña.— Drama en ocho actos, de F. Gai^ardet j 
A. Dumas. Arreglada del francés por Luis Suñer Casademunt. 

74 El héroe vencido, o el soldado de chocolate.— -Opereta en tres actos; 
adaptación de José Zaldívar. 

75 La máquina humana. — Drama en cinco actos divididos en diez y seis 

cuadros, original de José Fola Igúrbide. 

76 El ladrón.— Comedia en tres actos, original de Henry Bernstein. Tradu- 

cida al castellano por Manuel Bueno y Ricardo J. Catarineu. 

77 El judío errante.— Drama en ocho actos y doce cuadros, de Eugenic 

Sué. Adaptación de Alfredo Pallardó. 

78 La nazarena.— Drama romántico en tres actos, original de Ricardo Es-> 

trada y Estrada.» 

79 Las máscaras.— Comedia en cuatro actos, original de Henry Arthuí 

Jones. Traducción directamente del inglés por A. P. Maristany y J.| 
Fabré Oliver. 
88 El difunto Toupinel.— Comedia en tres actos, en prosa, escrita ün francés 
por Bisson, y arreglada a la escena española por Julián Romea. 

81 El hijo del milagro.— Vaudeville en tres actos y en prosa, de Paul 

Gavault y Robert Charvay. Versión castellana de Ricardo Estrada 
y Estrada. 

82 Entre bobos anda el juego.— Comedia escrita en verso, por el inmortal 

Francisco de Rojas Zorrilla. Arreglada en cuatro actos por Luis 
Suñer Casademunt. 

83 lEll— Drama en un acto y en prosa, original de Osear Metenier. Arregle 

a la escena española por José López y Gilve y Fabio Pellicer. 
En flagrante delito. — Comedia en un acto, de Andrés Borde. Traduc-: 
ción de Luis MüJá. 
84i Fualdés.— Drama en siete actos y nueve cuadros. Traducido y arre-; 
glado a nuestra escena por Luis Suñer. 

85 El adversario. — Comedia en cuatro actos y en prosa, de los señores AlfJ 

Capus. y Emm. Arene. Arreglada al castellano por Alfonso Danvilai 

86 La portera de la fábrica. — Melodrama en siete actos, inspirado en ei 

pensamiento de una obra de M. Montepin, por Alfredo Moreno G%¡ 

87 Bernardo del Carpió.— Drama caballeresco en cuatro actos y en versa, 

original de Ambrosio Carrión. 
"88 La verdad sospechosa.— Comedia en tres actos, escrita, en verso poi 



CATÁLOOO DE LA CASA EDITORIAL MAUCCI 



Juan Ruiz de Alarcón, refundición de Luis Suñer Casademúnt. 

El primo Teodoro.— Comjedia en tres aptos y en prosa, por Juan 
B. Enseñat. 

El lobo.— Drama en tres actos y en prosa, original de Joaquín Dicenta 
(padre). i 

Carceleras y Rejas y votos.— Zarzuelas en un acto, de Ricardo R. Flo- 
res y maestro Peydró. 
92 Amor de madre. — Drama en dos actos, arreglado al teatro españoí per 
Ventura de la Vega. 

Guerra a la guerra. — Dolora dramática, escrita por R. de Campoamoi». 

La nena. — Drama en tres actos, en prosa, original de F. OJiver. 

Doña María de Padilla.— Drama histórico en tres actos y en verso, ori- 
ginal de Francisco Villaespesa. 

La doncella de mi mujer. — Comedia en tres actos y en prosa, escrita 
sobre el pensamiento de una obra francesa, por Tornas Luceño y 
Federico Reparaz. 

Sobrevivírse. — Drama en tres actos y un prólogo, en prosa, original 
de Joaquín Dicenta. 

Bruno el tejedor.— Comedia en dos actos, arreglada al teatro español 
por Ventura de la Vega. 

Sinibaldo Campánula. — Monólogo disparatado, en prosa, con amagos de 
verso y ía interpretación de un guardia, original de Felipe Pérez Capo. 

El asistente del coronel. — Juguete en un acto y en prosa, original da 
González Cantó. 

La huelga de los herreros.— Monólogo en verso, de Ricardo J. Catarineu, 
traducción del célebre poema de Coppée. 

El día de reyes.— Apropósito en un acto dividido en tres cuadros, ori- 
ginal de Manuel Moncayo, música del maestro Penella. 

La noche de reyes.— Zarzuela en un acto, de Carlos Arniches, con 
música del maestro Serrano. 

El zapatero y el Rey. — (Primera parte — . Drama en cuatro actos y en 
verso, original de José Zorrilla. 

Gente de fábrica.— Drama en cinco actos y en prosa, original de Jaime 
Firmat Noguera. 

El zapatero y el Rey.— (Segunda parte). Drama en cuatro actos y en 
verso, original de José Zorrilla. 

La moza del Cántaro. — Comedia en tres actos y en verso, de Lope de 
Vega, refundida por Tomás Luceño. 

Aben-Humeya. — Tragedia morisca en cuatro actos y en verso, ori- 
ginal de Francisco Villaespesa. 

Comedias cortas. — Diálogos y entremeses originales de Luis Esteso. 

Amor de artistas. — Comedia en cuatro actos, original de Joaquín Dicenta. 

Bodas de plata.— Comedia en dos actos, original de M. Linares Rivas. 

La muerte del torero.— Drama andaáuz en tres actos, original <dtf 
Felipe Pérez Capo. 

El redentor del pueblo.— Sátira en un acto, original de A. Marsillach. 

Napoleón. — Drama histórico en cinco actos, en prosa, original de José 
Pablo Rivas. 

El nudo gordiano.— Drama (en tres actos y en verso, original de Euge- 
nio Selles. 






6 CATÁLOGO DÉ LA CASA EDITORIAL MAUCCI ,¿* 

3 t 

111 La Verbena de la Paloma, o el boticario y las chulapas y celos m; 

reprimidos.— Saínete lírico en un acto y en prosa, original de Ricard 4 j 
de la Vega; música del maestro Tomás Bretón. 
Los traperos.— Sainete melodramático en un acto, dividido en tres cua . ¡ 
dros, en prosa, original de Isidro Soler. 

112 La virgen loca. — Drama en cuatro actos y en prosa, de Henry Bataijlkjn 

Traducido al castellano por J. López Barbadillp y E. Tusquet 

113 A secreto agravio, secreta venganza. — Tragedia en tres actos y en verse 

de don Pedro Calderón de la Barca. Refundida por Tomás Luceñc 

114 El capitán Tormenta, o la toma de la Bastilla.— Drama en seis acto 

y un prólogo, escrito con documentos originales de los preludios d<L 
la República francesa, por Po)mpeyo Gener. 

115 La cara de Dios* — Drama de costumbres populares, en tres actos, divi- 

didos en once cuadros, original de Carlos Arfriches, con música de 
maestro Ruperto Chapí. i ' I 

116 Santa Inquisición— Obra en cuatro actos y un epílogo, original di] 

Julio Dantas. Versión castellana de I. Ribera y Rovira. 

117 Las pecadoras» — Comedia en tres actos, Original de Ángel Torres de) 

Álamo y Anjtonio Asenjo. 

118 La Gioconda'. — Tragedia en cuatro actos, de Gabriel d'Annunzio. Tras 

ducción de Francisco Villaespesa. 

119 La cena de las burlas.— Poema en cuatro actos, original de Sem BeneUi, 

trafducido en verso por Ricardo J. Catar ineu. 

120 Quisquillas.— Comedia en dos actos de Francisco Flores García y Ju- 

lian Romea. '< 

El contrabatido. — Sainete en un acto de Sebastián Alonso Gómez y 
Pedro Muñoz Seca. 

121 Lanuza. — Drama en tres actos y en verso, de Luis Mariano de Larra. 

122 Los irresponsables. — Drama en tres actos y en verso, original de 

Joaquíp Dicenta. 

123 Los hijos artificiales. — Juguete en tres actos de Joaquín Abati y Fe-, 

derico Reparaz. 

125 Los misterios de Barcelona. — Drama en siete actos y en prosa, escrito 

por Alfredo Pallardó y Emilio Boix. 

126 La alondra y el milano. — Melodrama en ocho actos, escrito en prosa 

por Augusto Fochs Arbós.- 

127 Judit.— Tragedia bíblica en tres actos y en verso, original de Fran 

cisco Villaespesa. 

128 Los tres mosqueteros. — Drama en ocho actos, basado en la célebre' 

novela de Alejandro Dumas (padre), escrito en prosa por L. Racoll. 

129 El amor que pasa.— Comedia en dos actos y en prosa, original de S« 

y J. Alvarez Quintero. 

130 La tragedia de Baskerville.— Drama policíaco en cinco actos, escrito 

en prosa por G. Jover y E. Arroyo. 

131 Veinte años después (Segunda parte de «Los tres Mosquiteros»).— Dra- 

ma en seis actos, basado en la novela de Dumas, escrito en prosa por 

A. Mundet Alvarez. 

13* Solico en el mundo.— Entremés, original de S. y J. Alvarez Quintero. 

La puerta se abre. — Drama en dos actos y en prosa (gran guignol), 

de Francheville, arreglado al castellano por E. Arroyo y C. Dotesio, 



CATÁLOOO DE LA CASA EDITORIAL MAUCCI 



El crimen de ayer,— Drama en tres actos y en prosa, original de Joaf- 

quín Dicenta. 
La llamarada* — Drama en tres actos de Enrique Kistemaeckers, adap-' 

tación a la escena española por Federico Reparaz. 
Edipo rey. — Tragedia en cinco actos, de Sófocles, verso de Martínez 

ide la Rosa. 
El vizconde de Bragelone (Tercera parte de «Los tres Mosqueteros»), 

Drama en siete actos, basa/do en la famosa novela de Dumas, escrito 

en prosa por Emilio Graells Soler. 
El mayor monstruo, los celos. — Tragedia en tres actos y en verso, 

Ide Calderón de la Barca, refundida en cuatro por Tomás Luceño. 
La leyenda del yermo.— Poema dramático en un acto y en prosa, origi- 
nal de Joaquín Dicenta (hijo). 
iDichoso Tenorio !— Juguete cómico en un acto y en prosa, original de 

Luis Milla y Carlos de Arroyo. 
El rey Galaor. — Tragedia en tres actos y en verso, inspirada en |in 

poema de Eugenio de Castro, por Francisco Villaespesa. 
Cabecita loca. — Comedia en tres actos y en prosa, original de Alberto 

Insúa y Alfonso Hernández Cata. 
El burlador de Sevilla, o el convidado de piedra.— Drama fantástico 

en tres jornadas, en verso, de Fray Gabriel Tellez (Tirso de Molina), 

refundición de Agustín Mundet Alvarez. 
El cacique, o la justicia del pueblo.— Drama en cuatro actos y diez, 

cuadros, en prosa, original de J. Fola. 
El mercader de Venecia.— Drama en cinco actos y en prosa, de Wil- 
liams Shakespeare, traducción y arreglo escénico de Luis Milla. 
Germinal.— Drama en siete actos y once cuadros, inspirado en la fa- 
mosa novela del mismo nombre de Emilio Zola, escrito por José 

Pablo Rivas. , 

La conversión de Manara,— Drama en tres actos y en verso, original 

de Joaquín Dicenta. 
El enemigo de las mujeres.— Comedia en tres actos, basada en la obra 

«Place aux Jemmes» de Albin Valebregue y Mauricio Hennequin. 

Adaptación española de Federico Reparaz. 
La tía de Carlos.— Comedia en tres actos y en prosa, traducción de 

Pedro Gil. 
La cortina verde.— Drama en cuatro actos de Julio Dantas, traducción 

castellana de I. Ribera Rovira. 
El avaro. — Comedia en cinco actos y en prosa, original de Moliere. 

Traducción íntegra de O. O. 
La duquesa fantasma.— Drama en cuatro actos y seis cuadros de J. Fola, 
El debut de Robinet. — Vaudevül en tres actos de Henri Keroul y 

Albert Barrí. Adaptación de Carlos de Larra y Francisco Lozano. 
Lucette o la cruz de fuego.— Drama policíaco en cinco actos y en prosa, 

de Ricardo R. Flores y B. Guzrhán. < 

Las dos sendas.— Comedia en tres actos y en prosa, original de Adolfo 

Marsilüach. i 

La Tosca.— Drama trágico en cuatro actos, original de V. Sardou, tra- 
ducido y adaptado por Félix G. Liaría y J. Francos Rodríguez, 



CATÁLOGO DE LA CASA EDITORIAL MAUCCI 

156 Joaquín Costa o el espíritu fuerte.— Drama simbólico en tres actos 

prosa, original de Jc«é Fola. 

157 El vendedor de cadáveres o el timo a «La Gresham».— Melodrama 

licíaco en s iete actos y en prosa, de M. J. Sucarrats. 

158 La lámpara maravillosa.— Vaudevill en tres actos, de Gavaul y B« 

arreglo al castellano de Enrique Arroyo y Carlos Dotesio 

159 El suicidio de Werther.— Drama en tres actos y en verso, original 

Joaquín Dicenta (padre). 

160 Los calzones de Bandilac— Vaudevill en tres actos, original de 

señores Gabás y Cea. 

161 AI fin solos.— Opereta en tres actos de Franz Lehar. Libro de Willi 

y Bodanski. Adaptación al castellano de Emilio G. del Castillo. 

162 La culpa ajena.— Comedia en dos actos y en prosa, de Alberto Iní 

y A. Hernández Cata. 
16Í Sy bilí.— Opereta en tres actos, de Max Brody y Franz Martos, adap 
ción al castellano de Emilio G. del Castillo y Pablo Luna. 

164 Don Quijote de la Mancha.— Comedia en tres actos y en verso, basa 

en la obra de Cervantes, por Guillen de Castro 

165 Era él.— Poema en un acto y en verso, por Francisco Villaespesa. 
Una partida de ajedrez.— Leyenda dramática en un acto, de G. G 

cosa, puesto en verso castellano por Francisco Villaespesa. 

166 El guitarrico.— Zarzuela en un acto y tres cuadros, en prosa y ver 

original de M. Fernández de la Puente y Luis Pascual Frutos. 

167 Jimmy Samson.— Comedia en tres actos, de P. Armstrong, adaptaci 

de la novela de O. Henry, traducción de José Ignacio de Alberti. 

168 Tartufo.— Famosa obra de Moliere. Traducción y arreglo en cual 

actos y en verso de Tomás Luceño y L. R. Cortés. 

169 El Cristo moderno. — Drama en cinco actos y once cuadros, original 

José Fola Igúrbide. 

170 El lego de San Pablo.— Zarzuela en tres actos y siete cuadros, en vei 

y prosa, de M. Fernández de la Puente. 

171 El Monstruo de Oro. — Drama en cinco actos y doce cuadros, o 

ginal de José Fola Igúrbide. 

172 La Libertad Caída (segunda parte de El Sol de la Humanidái 

Drama en cinco actos y quince cuadros, original de J. Fola Igúrbic 

173 El Arte de enamorar.— Zarzuela cómico-lírica, en un acto y « 

verso, original de José Fola Igúrbide. 

174 La Pilarica. — Drama en tres actos y cuatro cuadros, original y t 

verso, de José Fola Igúrbide. 

175 Ilusión y realidad. — Drama en tres actos y en verso, original ( 

José Fola Igúrbide. 

176 La muerte del tirano. — Drama en cinco actos y trece cuadros, t'erce.' 

de la trilogía El Sol de la Humanidad y segunda parte c 
La Libertad Caída, original de José Fola Igúrbide. 

177 El mundo que nace. — Comedia en tres actos y en verso, origin 

de José Fola Igúrbide. 

178 Teresa. — Drama en tres actos y en verso, original de José Fo 

Igúrbide. 

179 El Clown.— Drama en tres actos y en prosa, original de José Fo 

Igúrbide. 



OBRAS TEATRALES DEL EMINENTE AUTOR 

JOSÉ FOLA IGURBIDE 

DE VENTA EN ESTA CASA EDITORIAL 

El Sol de la Humanidad 

El Cristo Moderno 

Joaquín Costa o El Espíritu Fuerte 

Los Diofces de la Mentira 

Ilusión y Realidad 

La Máquina Humana 

El Pan de Piedra (El Carbón) 

El Monstruo de Oro 

La Libertad Caída 

Emilio Zola o El Poder del Genio 

La Pilarica 

La Domadora de Leones 

La Ola Gigante 

El Arte de Enamorar 

Giordano Bruno 

El Cacique, o La Justicia del Pueblo 

La Muerte del Tirano 

La Sociedad Ideal